ENTREVISTA
...Yo no tengo partido ni Iglesia, ni tengo
ley ni rey, ni dios, ni patria, ni bandera...
Fernando Sánchez Dragó:
Fernando, ¿la idea de escribir
Muertes paralelas
surge cuando le piden que escriba un libro sobre Primo de Rivera?
Fernando Sánchez Dragó:
Sí y no. La idea de escribir la novela sobre la muerte de mi padre, como cuento
en el libro, aparece en mí en 1956, cuando yo tenía 19 años y fui detenido por el
Director General de Seguridad. Ahí me entero por primera vez, cuando el comisario
me está interrogando, de que a mi padre no lo habían matado quienes yo creía, sino
el otro bando. Es entonces cuando yo concibo ese libro, que se va fraguando dentro
de mí lentamente, con mil vueltas, a lo largo de medio siglo.
Luego sucede que en
un determinado momento me proponen escribir sobre José Antonio. Yo acepto el reto
y empiezo a escribir, pero me doy cuenta de que no puedo escribir un libro sobre
José Antonio, pero sí ha llegado el momento de escribir sobre mi padre. Es cuando
descubro el paralelismo entre la muerte de mi padre, la de
Primo de Rivera, la de
Lorca, la de
Miguel Hernández, la de Durruti y la de tantos otros, de uno y otro
bando, que murieron en la retaguardia. Es decir, que fueron asesinados, porque quien
en una guerra muere en la retaguardia, es asesinado. Entonces se me funden los dos
libros en uno.

¿Ha sido duro escribir e investigar sobre el fusilamiento de su padre?
Fernando Sánchez Dragó:
Claro, para mí ha sido un verdadero descenso a los infiernos, he hecho lo mismo
que hace Eneas en la Eneida cuando baja a
la tierra de los muertos a buscar a su
padre. Ha sido una experiencia tan dura, que yo mismo estuve a punto de morir en
ella, porque se cruzó mi operación de corazón. Estuve a punto de morir porque estaba
escribiendo el libro, pero salvé el pellejo precisamente porque lo estaba escribiendo.
Es muy complejo de escribirlo, pero en el libro está todo.
Dijo alguna vez que “el perdón honra a quien lo da y a quien lo recibe”.
En la novela
dice usted que ya ha perdonado a los asesinos de su padre. ¿Ha sido difícil perdonar?
Fernando Sánchez Dragó:
Bueno, yo tengo, como todo el mundo, virtudes y defectos, pero no soy rencoroso.
A mí se me olvida todo a los cinco minutos, tengo una disposición innata a perdonar
siempre todo. Por otro lado, una persona que no perdona, demuestra muy poca inteligencia,
porque si te hacen algo malo y llevas el rencor, el rescoldo, y no perdonas, resulta
que eso malo que te han hecho, te sigue haciendo daño. Por lo tanto, perdonar es
algo que cura a uno mismo, se perdona, no solo por altruismo, sino también por egoísmo,
en defensa propia.
Pero supongo que algún perdón cuesta más que otro. Por ejemplo, con Juan Pujol le
ha costado especialmente.
Fernando Sánchez Dragó:
Claro. Hay dos responsables de la muerte de mi padre, uno es el primo político de
mi madre, que se fue de la lengua por un error y, sin duda alguna, se arrepintió
luego de lo que hizo. Fue una estupidez y ya está, qué vas a hacer con un tonto,
es un eximente.
Pero, claro, lo de Juan Pujol tiene delito, porque era compañero
de mi padre, un colega del periodismo, se conocían, sabía perfectamente que mi padre
no era una persona de izquierdas. Sí lo era el resto de su familia, eran socialistas,
pero mi padre era del partido de Maura, que era un partido republicano, pero conservador
y Pujol lo sabía perfectamente. Pero por
envidia, porque mi padre era el periodista
más brillante, y para quedarse con el proyecto de la Vuelta Ciclista a España, que
en aquel momento mi padre estaba preparando desde la agencia que dirigía. Claro,
eso es incalificable, y encima luego el señor Pujol se convierte en el gran jerarca,
el gran preboste, de la prensa del
régimen franquista. Él es el malo de la novela.
Muertes paralelas es un
libro en el que nada es mentira, no es una novela de ficción, sino de no ficción,
pero una novela a fin de cuentas. Y en una novela están los malos, los antagonistas,
y Pujol es todo lo contrario de lo que representaba mi padre.
En la novela dice que había dos Españas simétricas. ¿Por qué se escribe tanto y
se hacen tantas películas sobre los malos que había en el bando nacional, pero no
hay tanto sobre los malos del otro bando?
Fernando Sánchez Dragó:
Debo advertirte que esto que estás diciendo es verdad, pero también es verdad lo
contrario. Cada uno escribe sobre lo buenos que eran los de su bando, sin darse
cuenta de que en su bando también había muchos malos. Una
guerra civil siempre inicia
una polarización de las personas fanáticas de uno y otro bando. Yo creo que eso
está en todas partes, pero en España el pecado capital es la envidia y es, precisamente,
la envidia el sustrato psicológico en el que hunde sus raíces el hecho de que España
sea el país del mundo donde ha habido más guerras civiles. Hasta que no nos liberemos
de ese monstruo, de ese fantasma nacional que es la envidia, seguiremos actuando
de ese modo que tú estás diciendo.
...en España
el pecado capital es la envidia y es, precisamente, la envidia el sustrato psicológico
en el que hunde sus raíces el hecho de que España sea el país del mundo donde ha
habido más guerras civiles...
Quizá justifique eso lo que ha dicho en
televisión, y que ha repetido en
Muertes paralelas,
de sentirse avergonzado de ser español.
Fernando Sánchez Dragó:
(Risas) Mira, me pillas dándole los últimos toques a un libro que está ya prácticamente
escrito, le quedan pocas páginas, es sobre España y se publicará en el mes de enero.
Es un libro muy difícil de titular, porque se ha escrito tanto sobre España, que
prácticamente todos los títulos están ya dichos, “La España invertebrada”,
“La España rota”, “La España inteligible”, “España, un enigma histórico”, “La realidad histórica de España”.
El libro lleva en su primera página un verso de
Bartrina, un poeta del
siglo XIX, que dijo “Oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar dónde vio la luz
del sol; si os alaba Inglaterra, será inglés, si os habla mal de Prusia, es un francés,
y si habla mal de España, es español”.
Yo en este libro hablo muy mal de España
y seguramente por eso soy muy español. De hecho, cuando yo digo que soy apátrida,
que no soy español, mis amigos se ríen y me dicen “pero venga, Fernando, si tú eres
más español que nadie”. Es curioso y posiblemente voy a llamar el libro así “Y si habla mal de España, es español”.
Es una ambivalencia extraña la que yo siento por
este país.
Desde luego tiene una visión muy
pesimista de España. En la novela pude leer una
afirmación muy tajante: “España no será nunca grande y libre”.
Fernando Sánchez Dragó:
Yo, como tantos otros, soy un escritor en marcha.
Muertes paralelas
es lo que los ingleses llaman working progress, una novela que se va haciendo al
mismo tiempo que se escribe y a la vez que el escritor va descubriendo cosas. Es
decir, en lugar de quitar las cosas que he descubierto y que son falsas, pero que
en un determinado momento creí ciertas, prefiero ponerlas y decir “no, me he equivocado,
no era así, porque ahora descubro que es de otra manera”. Yo creo que eso es aplicable
a la vida o, al menos, a mi vida; constantemente rectifico, lo único fijo que hay
en el cosmos es el cambio. Todo está cambiando en la naturaleza, en el universo
y también dentro del alma humana. Por lo tanto, muchas de esas cosas rotundas y
tajantes que digo en un determinado momento y en un determinado estado de ánimo,
resulta que a los cinco minutos se me ha pasado ese estado y digo lo contrario.
El principio de comprensión es el que nos hace movernos. Si no hubiera contradicciones,
estaríamos siempre quietos, plantados en el mismo sitio como una secuoya.
En ese caso, voy a citar otra frase tuya, a ver si ha cambiado de opinión o sigue
igual: “Zapatero tiene una culpabilidad histórica por la que la Historia le pasará
factura. Ha sacado a la calle el espíritu de la guerra civil, además de romper la
idea de España”.
Fernando Sánchez Dragó:
Sí, es cierto. Te confieso que Zapatero me descompone. He vivido en muchos países,
he estado sometido a muchos regímenes políticos, democráticos, no democráticos,
monarquías, repúblicas, imperios, dictaduras, de todo, y jamás he visto a un jefe
de gobierno tan malo como Zapatero.
Entre otros muchos reproches que le dirijo,
está esa responsabilidad de haber vuelto a sacar el espíritu de la
Guerra Civil,
cuando era totalmente innecesario, con la Ley de la Memoria Histórica y todas estas
mandangas… Eso en un país como España es peligrosísimo y, efectivamente, la Historia
le pasará factura, porque si echas un vistazo alrededor, verás que las mismas líneas
de fuerza que provocaron la Guerra Civil están otra vez en la calle: los separatismos,
las autonomías, la
cuestión contra la Iglesia, la educación, la libertad de enseñanza,
el matrimonio de los homosexuales… Todo eso lo ha sacado Zapatero, cuando la ciudadanía
no lo demandaba, igual que nadie quería los dichosos estatutos.
Un político que
se dedica a crear problemas, en lugar de resolverlos, es el peor de los políticos
posibles. Y si uno de los problemas que ha creado, y que no existía, es la resurrección
del espíritu de la Guerra Civil y eso puede llevarnos a consecuencias muy graves,
entonces efectivamente ese político está incurriendo en una gran responsabilidad
histórica. Rara vez un político pasa a la historia, sólo duran un ratito y luego
se olvidan; si yo te pido que me nombres a algún ministro de hace veinte años, te
será muy difícil decirme alguno. En cambio, hay políticos que entran en la historia
para bien o para mal y Zapatero entrará por lo mal que lo está haciendo.
...Un político
que se dedica a crear problemas, en lugar de resolverlos, es el peor de los políticos
posibles...
¿Y no cree usted que hay otros partidos que, en lugar de dar soluciones, lo que
están haciendo es aprovechar estas polémicas para avivar el fuego?
Fernando Sánchez Dragó:
Evidentemente, los partidos son el
cáncer de la democracia. Los partidos han secuestrado
la democracia, hay que recuperarla para la gente. Toda la vida política de un país
se encauza a través de los partidos y los partidos piensan, fundamentalmente, en
su propio interés, no en el interés de la gente. Entonces, lo que tú estás diciendo
va a misa. Yo no tengo partido ni Iglesia, ni tengo ley ni rey, ni dios, ni patria,
ni bandera.
...Toda la
vida política de un país se encauza a través de los partidos y los partidos piensan,
fundamentalmente, en su propio interés, no en el interés de la gente...
Solamente es esperanzista, eso sí.
Fernando Sánchez Dragó:
Bueno, dentro de lo que los partidos nos proponen, hay gente que me parece mejor
y otros que me parecen peor. Esperanza y yo tenemos una
relación de amistad muy
antigua, entre otras cosas, porque vivimos pared con pared. Yo conocí a Esperanza,
cuando era jovencita y se echaba a andar por el camino de la política, en una conferencia
que di yo en el año 83 aproximadamente en el Club Liberal que dirigía Pedro Schwartz.
Ella vino a aquella conferencia y, entre charlas, descubrimos que vivíamos el uno
al lado del otro. Cogimos el mismo taxi y llegamos allí. Hay una relación que es
personal, yo la he visto crecer como política. Me parece una política muy firme,
muy vigorosa, creo además que a España ya le toca que haya una mujer como jefe de
gobierno, y en el panorama político actual no hay ninguna mujer mejor situada para
eso que mi Esperanza Aguirre. Así que sí, soy bastante esperanzista, lo confieso.
Dicho queda, volvamos a la novela. En ella, afirma que si
García Lorca no hubiese
sido asesinado, seguramente hubiese sido un falangista más.
Fernando Sánchez Dragó:
No, yo no afirmo, solo me lo pregunto. A
García Lorca la política le importaba un
bledo, como a la mayor parte de la gente. A mí la gente me asigna un gran interés
por la política, pero a mí me aburre muchísimo, no me importa la política. Lo último
que yo sería en la vida sería político, a pesar de que me han tentado muchas veces
con cargos políticos, como el ministerio de cultura, pero siempre lo he evitado.
García Lorca no era
una persona política, en
su poesía, en su manera de ser, en
sus amistades, era amigo de Primo de Rivera, cabría ver al trasluz ciertas tendencias
que lo hubieran conducido hacia posturas muy parecidas a las de los
falangistas.
Piensa que en aquel momento se congelaron las posturas de los políticos por la Guerra
Civil y yo he escrito la novela dando cuenta que muchos políticos que han pasado
a la posteridad siendo rojos terribles o franquistas no menos terribles, fueron
rojos o franquistas según donde les pilló, para salvar el pellejo.
Sorprende, por
ejemplo, que Jorge Guillén, que se exilió, estaba al lado de Queipo de Llano el
12 de octubre de 1936, pronunció el discurso de la Hispanidad y estaba vestido de
falangista. Lo mismo pasó en el otro lado.
Yo creo y comprendo que muchos escritores
no tenían un ideal político definido, como García Lorca tampoco lo tenía. Pero hay
que recordar que García Lorca estaba en casa de falangistas, los Rosales. Ha corrido
la
leyenda de que estaba escribiendo un himno para la falange, no sé si es verdad,
pero forma parte de esa zona de penumbra que existe siempre entre la fábula y la
historia.

¿Y cree que la Guerra Civil hubiese sido diferente si Primo de Rivera no hubiese
sido asesinado?
Fernando Sánchez Dragó:
La Guerra Civil hubiese seguido su curso, pero los resultados hubiesen sido diferentes:
Franco no hubiese sido el jefe de gobierno a partir del 39. La guerra la hubiesen
ganado los mismos, pero al término de la guerra, las cosas hubiesen sido diferentes,
porque José Antonio era la figura más carismática, era el líder natural de la España
que se había sublevado y la Falange era un movimiento en aquel momento un movimiento
avasallador, que seducía a las masas.
Ese fue su problema,
hubo dos falanges: una
cosa es la falange de José Antonio, que pasó de tener 30.000 miembros a 700.000
en julio del 36. Claro, toda esa gente, que en realidad no era falangista, dio luz
a una segunda falange, que era la franquista, que también existió, que fue nefasta
y que desmiente por completo a la primera.
Y es ésta la que nos ha llegado, claro.
Fernando Sánchez Dragó:
Sí, quedan estos chicos realmente maravillosos de la Falange Auténtica, que yo suelo
decirles que son los más rojos del país, porque es verdad, todas las cosas que proponen
era el antiguo ideario de la izquierda. Es gente muy pura, de una gran categoría
humana. Muchos se quejan porque defiendo la Falange Auténtica, pero yo los defiendo
porque son honrados, inteligente, son gente que me gusta. Pero yo no tengo nada
con ellos porque a ellos les interesa mucho la política y a mí no; ellos tienen
una idea muy definida de España, que yo no tengo; ellos son cristianos y yo no…
Pero yo, para hacerme amigo de una persona, le exijo virtudes éticas y estéticas
y con eso me basta, no le pido el carné ideológico a nadie.
Recuerdo que cuando añadió la web de la Falange Auténtica a su página personal en
la sección de “webs amigas”, apareció en varios medios de prensa como si fuera una
noticia de especial relevancia.
Fernando Sánchez Dragó:
(Risas) Sí, los chicos de Falange Auténtica me pidieron que si podía poner un enlace
y yo les dije que encantado, igual que tengo el de
Arrabal, el de
Jodorowsky, o de personas muy de
izquierdas… Es que esta manía de encasillarme… ¡amigo de todos!
Volvamos a la novela. ¿Por qué ha preferido escribir a medida que investigaba en
lugar de hacer una cosa y luego otra?
Fernando Sánchez Dragó:
Porque no soy un historiador, soy novelista, por lo tanto yo cuento la vida, a diferencia
de lo que hace un historiador. Si yo fuera un investigador académico, hubiera desarrollado
mi investigación y hubiese publicado los resultados finales. Como yo no soy investigador,
sino novelista, y precisamente la tensión dramática de este libro estaba en la búsqueda,
opté por esta solución.
Ayer me decía un amigo que con
Muertes paralelas
había inventado un género nuevo porque nadie nunca había hecho esto en la literatura.
Yo no sé si nadie nunca lo había hecho, pero nueva o no, es la estructura que el
libro demandaba. Cuando empecé a escribir el libro creía tener las ideas muy claras,
pero empecé a descubrir un hilo y a tirar de él y me llevó a resultados distintos
a los que en esos momentos tenía en mi poder. Me di cuenta de que era precisamente
ese afán de búsqueda lo que se convertía en columna vertebral de la novela.
Muertes paralelas
es, a fin de cuentas, una novela policíaca, se busca al autor de un crimen, se quiere
desenmascarar un asesinato.
Fernando, en la novela no hay reparo en reconocer los méritos propios y los de sus
padres. Muchos opinan que es usted pedante, pero usted mismo dice que “la modestia
es una impostura”.
Fernando Sánchez Dragó:
(Risas) Sí,
Nietzsche decía que la modestia es hipocresía y
Terenci Moix que era
una horterada. ¿Por qué hay que ser modesto? De igual forma que uno puede reconocer
sus defectos, como yo reconozco los míos y me martirizo y me flagelo en el libro,
pues también reconozco mis virtudes si las tengo o creo que las tengo, pues las
digo con absoluta franqueza. Yo siempre digo que para querer al prójimo, primero
hay que quererse uno mismo, de tu propia estima, nace la estima a los demás. Claro,
si estimas a los demás, por qué no te vas a querer ti mismo. Yo tengo la conciencia
tranquila, soy una persona que jamás he hecho una putada a nadie, salvo en la esgrima
de la pareja, donde ya se sabe que a veces se hacen o dicen cosas que no se deberían
hacer ni decir. Pero, quitando ese paréntesis, que está justificado por esa dialéctica
de la guerra de los sexos entre hombres y mujeres (risas), yo nunca me he comportado
mal con nadie en mi vida, tengo la conciencia tranquila y eso quiere decir que tengo
buena opinión de mí.
Sí, tengo buena opinión de mí. ¿Eso es pedantería? Pues, bueno,
si es pedantería ¿qué? Ya en el colegio me decían que era pedante (risas), pero,
en definitiva, ¿qué es ser pedante? Ser pedante no es más que la definición que
una persona de cultura inferior hace de una persona de cultura superior, si tú tienes
un lenguaje rico, si estás en posesión de muchos datos culturales, históricos… la
persona que te escucha te acusa de ser un pedante por envidia. Pero, en cualquier
caso, la pedantería es un pecado menor.
Hablo bien de los míos porque tengo buena
opinión de ellos. He tenido la suerte de nacer en dos familias y las dos, tanto
desde el punto de vista de la inteligencia como desde la moral, son impecables.
Además, una es republicana, la otra no; una es de derechas, la otra es de izquierda,
o sea las dos Españas, pero las dos Españas salomónicas que se llevan bien entre
sí. Entonces, para mí haber nacido en el seno de esas dos familias me dio una gran
seguridad en la vida y esa seguridad es la que me ha permitido arrostrar toda suerte
de peligros, el antifranquismo, el exilio, las garras y los mil líos en los que
constantemente me he metido y salir indemne de todos ellos. Así que estoy muy agradecido
a las dos ramas de mi familia, efectivamente, estoy muy contento de ser Sánchez
y de ser Dragó, ¡bendita sea la rama que al tronco sale!
Cambiando de tercio, ¿qué resultado le ha dado Diario de la noche,
el informativo
que presenta en Telemadrid?
Fernando Sánchez Dragó:
(Risas) Resultado desde el punto de vista profesional, de la audiencia y de la repercusión
ha sido fantástico. Ahora se pone a la venta un libro, publicado por Planeta, donde
se recoge todos esos textos que han dado pie a tantos comentarios. Ha sido un triunfo
profesional absoluto, hasta el extremo que se ha recogido en este libro,
Diario de la noche, ha sido una revolución televisiva.
Pero yo no soy un presentador de
televisión, soy un escritor. Entonces, yo he hecho un diario de autor, de escritor,
en que mis opiniones y la de las personas a las que he invitado, pesaban tanto como
las informaciones. Lo he hecho casi durante un año y aguantaré hasta diciembre,
pero no hay ninguna posibilidad de que siga haciendo ese trabajo, porque el mío
es un trabajo de escritor y como escritor, y también por mi propia felicidad, requiero
viajar constantemente. Yo he pasado mucho más tiempo fuera de España que dentro
a lo largo de mi vida y desde hace un año, por culpa del Diario de
la noche, estoy
atado a la pata de la mesa y la verdad es que no lo resisto más. El balance es de
gran satisfacción profesional y muchos problemas personales.
En el libro que se publica sobre el informativo,
Diario de la noche, vienen incluidos
también textos que “por cuestión de tiempo” no han aparecido en pantalla.
Fernando Sánchez Dragó:
Efectivamente, yo llego allí a media tarde y me pongo a escribir como un poseso
todo lo que quiero decir, pero luego según el aluvión de
noticias y su tiempo de
exposición, a veces me quedo sin tiempo para mis cosas y tengo que ir recortando
sobre la marcha.
Lo que recoge el libro no son los editoriales trasquilados, sino
los textos íntegros, tal como fueron volcados en el ordenador y a los que luego
tuve que quitar piezas. Desde ese punto de vista, los textos del libro son más interesantes
que los que aparecieron en televisión, claro.
Pero seguro que ha sido una cuestión de tiempo, nadie le ha recortado nada…
Fernando Sánchez Dragó:
Manel, si a mí alguien me
censura, presento inmediatamente mi dimisión. Cuando yo
digo mi dimisión, es que cojo mis cosas y salgo inmediatamente por la puerta. A
mí no me ha censurado nadie nunca. Yo no tolero censura. Puedo trabajar para cualquier
televisión de este país, pero con una condición, que me dejen decir a mí lo que
yo quiero decir. La gente me conoce, no iban a ser los directivos de Telemadrid
tan tontos, como para censurar a una persona que sabían que a la más mínima señal
de censura, montaría un alboroto. Nunca se me ha cortado nada.
...Yo no
tolero censura. Puedo trabajar para cualquier televisión de este país, pero con
una condición, que me dejen decir a mí lo que yo quiero decir...
¿Y cree que la censura está justificada en algún caso?
Fernando Sánchez Dragó:
Sí, está justificada en nombre del buen gusto. Si estuviera en mi poder, eso que
se llama telebasura, y que yo llamo telecaca o telemierda, lo prohibiría. Porque
eso es espeluznante, eso ofende a la dignidad, al respeto, a todos los valores habidos
y por haber. Y eso forma de tal manera a nuestros
niños y a adolescentes que, aunque
yo no lo veré, tiemblo al pensar lo que va a suceder en este país y en otros países
similares cuando los niños que han echado sus dientes viendo esas abominaciones
por televisión, empuñen las riendas del mando del país. Eso es un delito constante
y ahí habría que aplicar la censura.
Es más, yo en mi informativo no doy noticias
de malos tratos, porque creo que eso propaga los malos tratos, ahora la gente, por
salir en la tele, es capaz de asesinar a su vecino. No doy crónica de sucesos de
ningún tipo, no informo de muertos en las carreteras, ni de las pateras que llegan,
porque son cosas que se repiten todos los días. En cambio, no he suprimido, y lo
haría con sumo gusto, las noticias sobre el
terrorismo, sobre todo el de ETA, que
es el que nos afecta a los españoles. Yo creo que lo único que busca el terrorista
con su acción es publicidad, entonces todo lo que sean manifestaciones, dar noticias,
manos blancas… todo eso fomenta el terrorismo. El
terrorista se pone muy contento
cuando crea alarma social y cuando salen 500.000 personas a la calle y el telediario
informa de alguna bomba que han puesto. En
China hace muy pocos años, cuando había
terrorismo, se prohibió informar de él, y por eso ha desaparecido el terrorismo
al cien por cien. Así que yo censuraría todo lo que se refiere al terrorismo por
el bien común.
...El terrorista
se pone muy contento cuando crea alarma social y cuando salen 500.000 personas a
la calle y el telediario informa de alguna bomba que han puesto...
A propósito de la cultura basura, decía
Steiner que para que un gobierno fuera óptimo,
debía favorecer el acceso a la cultura de todos los ciudadanos, pero cuando esa
cultura era accesible en las sociedades desarrolladas, resultaba que la gente escogía
la cultura basura, en vez de la buena cultura.
Fernando Sánchez Dragó:
Yo en eso sí que soy radical, Manel. Yo creo que la cultura no forma parte de las
tareas del gobierno, para mí el gobierno lo que tiene que hacer es administrar y
muy poquito, no meterse en nada, dejar que la gente respire. Las
leyes, cuantas
menos, mejor, pero que se cumplan, eso sí. La cultura no es asunto político, la
cultura es asunto de la gente, de cada uno. Hay personas que tienen aficiones culturales,
hay que tienen vocación y hay quien no tiene nada. La cultura no debe ser obligada,
algo que hay que infundir en la gente a la fuerza. El niño que crezca y que pueda
adquirir lo que le interese de la cultura, pero que no sea obligatoria. Cuando la
cultura es obligatoria, se convierte en lo que tú estás diciendo, se convierte en
algo que se desincentiva según quien esté en el poder.
Yo suprimiría de arriba abajo
cualquier tipo de intervención cultural o ayuda y, por supuesto, el Ministerio de
Cultura. Lo único que mantendría es una dirección general, por así decirlo, de acción
cultural exterior, porque eso difícilmente lo va a organizar la gente, si no lo
organiza el estado. También debe ocuparse del patrimonio nacional, claro, porque
la gente no se va a encargar de los cuidados. Por lo tanto, el gobierno debe
ocuparse solamente de la acción cultural exterior y de la defensa del patrimonio.
Lo demás que lo haga la gente. Cuanto más se ocupa el gobierno, menos cultura hay.
...La cultura
no es asunto político, la cultura es asunto de la gente, de cada uno...
De todos modos, intervenga el gobierno o no, son los ciudadanos los que escogen
acceder a una cosa u otra.
Fernando Sánchez Dragó:
No, porque tú, por ejemplo, no puedes ir al Museo del Prado cuando ponen una exposición
de Tintoretto, porque hay unas colas monstruosas y porque hay 500.000 gilipollas
que van a ver algo que no les interesa, que les aburre, pero que les han metido
entre ceja y ceja que es lo que hay que hacer, están teledirigidos. Todo eso no
sirve para nada, yo tengo una nostalgia infinita de cuando la cultura era un terreno
reducido para todos, para aquellos que verdaderamente nos interesaba la cultura.
Cuando yo tenía doce, trece, catorce años y hacía novillos en el colegio y me iba
al Museo del Prado, tenía todo el museo para mí, era fantástico, yo podía apreciar,
profundizar, en los cuadros que veía. En cuanto leo en el periódico que ha habido
una bomba, un sunami, una invasión o una catástrofe natural, agarro un avión y me
voy a ese país, porque es el momento en el que se pueden visitar las cosas sin estar
rodeado por la chusma.
Volviendo a su profesión periodística, dijo que accedía a hacer el informativo para
“dignificar la profesión periodística”, pero también porque “muchos periodistas
están al servicio de intereses políticos o empresariales”.
Fernando Sánchez Dragó:
Eso es un secreto a voces, lo sabemos todos. El
periodismo que practicaba mi padre
y la gente de su generación y que yo mismo llegué a conocer, ha desaparecido por
completo. Hay una vinculación empresarial, los de los periódicos sirven a las conveniencias
de la empresa. Además, han desaparecido los periodistas por culpa de las facultades
de ciencias de la información, que es otra cosa que habría que suprimir instantáneamente.
Un periodista, si además de ser periodista, es licenciado en ciencias exactas o
filosofía, mejor.
Pero para ser periodista,
no hay que ser ni licenciado en ciencias ni
filósofo, hay que ser periodista; es decir, hay que entrar en un periódico de
botones y, poco a poco, ir aprendiendo cómo se hace un periódico, cómo se da una
noticia, salir a la calle a mezclarse con ella…
Ahora entras en una redacción y
aquello parece un cementerio, no hay botellas de whisky, no hay discusión, están
los periódicos fuera del centro de las ciudades, cuando deberían estar en el centro,
que el periodista baje a la calle, se tome una caña y tome el pulso directo de la
gente y la noticia. Todo eso ha desaparecido y las facultades de ciencias de la
información son una estupidez que inventaron los fascistas y que ahora utiliza también
la democracia.
¿Qué es eso de aprender a escribir noticias? Un periódico debe publicar
cualquier reportaje que sea interesante y que le traiga cualquier persona, independientemente
de si tiene o no tiene carné de la facultad de ciencias de la información, el carné
de periodista lo da el director del periódico, todo lo demás sobra.
...han desaparecido
los periodistas por culpa de las facultades de ciencias de la información, que es
otra cosa que habría que suprimir instantáneamente...
Vaya ánimos me da, Fernando, que yo estoy estudiando periodismo…
Fernando Sánchez Dragó:
Pues no aprenderás nada ahí. Los chicos que salen de la facultad de ciencias de
la información no saben ni redactar una noticia, algo tan sencillo como qué, quién,
cómo, dónde y cuándo o el orden de sujeto, verbo y predicado. No lo saben hacer,
ahí no se enseña nada, además de ser una fábrica de parados, como ya sabrás tú mejor
que yo. Tiene muy buena prensa eso de estudiar ciencias de la información y no hay
demanda para tanto periodista. Mira, ¿dónde hay una guerra ahora? ¿En Sudán? Coge
un avión y vete a Sudán y ahí aprenderás más periodismo que en cinco años en la
facultad de ciencias de la información. ¡A follar se aprende follando!
...las facultades de ciencias de la información son una estupidez que inventaron
los fascistas y que ahora utiliza también la democracia...
Hombre, pero no me diga tampoco eso, que a su padre lo mandaron al sur, al ojo del
huracán, cuando el Alzamiento y mire cómo acabó la cosa.
Fernando Sánchez Dragó:
Precisamente. Mi padre era el director de una agencia, estalló la noticia en el
sur y se fue él al sur. Ahora un niñito mimado que sale de la facultad no se va
al sur ni para atrás, ahora echa manos a Internet y se entera de lo que está pasando
en el sur. Lo que hacía mi padre era periodismo puro, periodismo de verdad.
Fernando, para ir acabando tengo una curiosidad, dice usted que la estancia favorita
de su casa, es “el saloncito pequeño, donde leo y veo películas mientras pedaleo
en una bici estática por las noches”.
Fernando Sánchez Dragó:
Es verdad, sí (risas). Eso sucede solamente desde que me operaron del corazón. Descubrí
entonces que hay que hacer ejercicio sistemáticamente y entonces tengo, por una
parte, un podómetro en el cinturón y cuando no pedaleo, procuro hacerme 10.000 ó
12.000 pasos todos los días, que ya es bastante. Y si no puedo, pues utilizo las
bicicletas estáticas que me he comprado, tanto en Soria como en Madrid, y me hago
30 quilómetros. Lo que pasa es que es muy aburrido pedalear, así que me coloco una
película de esas de los años 40, 50 y 60, que es cuando el cine era cine y no las
tonterías que se hacen ahora, y me lo paso muy bien a la vez que hago ejercicio.
Ahora que hago Diario de la noche, llego a casa a las dos de la mañana después del
palizón y me cepillo 30 quilómetros pedaleando.
La última, Fernando. Una de las frases de las que mejor recuerdo tengo de su etapa
como presentador de Negro sobre blanco, es “enhorabuena
por ser lector”.
Fernando Sánchez
Dragó:
Borges decía que estaba más orgulloso de los libros que había leído, que de los
que había escrito. Eso está bien, yo también estoy más orgulloso de lo que he leído,
que de lo que he escrito. Pero más orgulloso estoy todavía, en estos 31 años que
llevo haciendo programas de libros y dándoles la brasa a los españoles para que
lean, cuando alguien me dice que gracias a mí descubrió a
Dostoievski o que gracias
a usted, leyó algún libro.
El año pasado recibí un tarjetón de un chico de 17 años
de Málaga, que me decía que él veía los partidos de fútbol e iba a los conciertos
de rock, pero un día se enganchó a mis programas de libros y desde entonces decía
“¡¡¡leo!!!”, con tres signos de admiración y letras en mayúsculas inmensas. Eso
es lo que más satisfacción me produce en la vida. Si algún día hay algún
juicio final, en el platillo de la balanza de mi vida, pesará exclusivamente las personas
a las que he convencido para que leyeran. Seguramente es lo mejor por el prójimo
que he hecho a lo largo de mi vida.
Pues hasta aquí la entrevista, Fernando. Muchas gracias.
Fernando Sánchez Dragó:
Gracias a ti, Manel.
Manel Haro ©
www.ciberanika.com
Nota de Anika: Cuando Fernando y yo hablamos por teléfono, me dijo
que lo que le gustaba a los periodistas de él era la cantidad de titulares que daba.
Le dije que no iba a poner nada referente a nuestra conversación, sólo la entrevista
que Manel le haría, sin embargo... no puedo evitar decirlo: ¡Qué cantidad de titulares das,
Fernando! Tenías razón, me ha costado un esfuerzo tremendo no resaltar
más frases (y eso que, como sabes, no soy periodista).
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