ENTREVISTA
¿Podríamos
definir
La sombra del faraón más
como una novela de aventuras ambientada en un escenario histórico que una novela
histórica en sí?
Santiago Morata:
A mí me gusta definirla como historia real en clave de aventuras. Sus hechos son
ciertos, con licencias novelescas como en todas las novelas sin excepción, pero
con la honestidad de aclarar cuáles son esas licencias. No en vano, lleva un exhaustivo
estudio histórico de un año detrás.
¿Por qué mezclas
personajes ficticios con otros que sí
existieron en la realidad?
Santiago Morata:
Porque los personajes ficticios a veces son necesarios para unir las tramas reales
sin desvirtuarlas y mantener esa trama general rápida. Es como cuadrar un balance.
Si quisiera hacer la novela sólo con los personajes reales, no cuadrarían bien o
sus hechos dejarían de ser reales, sencillamente porque sus caminos no se cruzarían
cuando le conviniera a mi trama, como sí puede ocurrir con un personaje ficticio.
Eso me permite mantener la veracidad de los hechos y la trama y estilo rápidos que
resulten amenos. Aunque repito que para mí es clave la honestidad de decir lo que
es real y lo que es ficticio.
¿Y qué libros o autores te han servido como referencia para escribir esta novela?
Santiago Morata:
De ensayo, estudios históricos, arqueológicos, historiadores, citas y referencias
te puedo dar una lista tremenda. Novelas nunca leo cuando voy a escribir sobre un
tema. Temo que mi subconsciente retenga alguna idea que no sea mía. Es una disciplina
que me impongo. Sí he leído ensayos históricos de
Christian Jacq o
Zahi Hawass, por ejemplo, pero nada
suyo en novela.
¿Qué crees que aporta
La sombra del faraón
de novedoso con respecto a otras obras de otros autores, como
Mika Waltari o
Christian Jacq, centradas también
en el Antiguo Egipcio?
Santiago Morata:
Mis novelas en general pretenden romper tópicos, o pequeñas cosas que no me han
gustado de las novelas egipcias de toda la vida, si es que se le pueden encontrar
fallos.
Por ejemplo, sé que quiero evitar la excesiva épica de
Maguib Mahfouz, los diálogos y personajes
planos de
Jacq, el poco tratamiento erótico en general (salvo
Terenci Moix).
Por otro lado, quiero
aportar la profundidad en la psicología de los personajes y su disección (normalmente
se obvia en favor de novelas más de corte aventura), el poco aporte de información
sobre la vida cotidiana del egipcio de la calle sin centrarse en un solo personaje…
Todo sin renunciar a una novela rápida y amena. Si lo consigo, los lectores lo juzgarán.

A lo largo de la novela aparecen diversas narraciones a modo de
leyendas con moraleja,
que no sé si pertenecen a la tradición egipcia o son meros recursos literarios sin
más…
Santiago Morata:
En absoluto. Son ciertas y tomadas literalmente. Las encontré tan encantadoras que
no pude dejar de incluirlas. Incluso una de ellas tiene una pequeña trampa que me
descubrió una historiadora, por tomarla tal y como estaba.
Las narraciones que describen las historias de
dioses y
faraones sí están tomadas
de una profunda labor de documentación…
Santiago Morata:
Así es, aunque diseccionar la historia de las cosmogonías (o familias de dioses
y sus relaciones) es complicadísimo, pues cambian con la historia de cada ciudad.
Una “biblia egipcia” sería una novela fantástica.
Trato de comunicar al lector una
idea general sin profundizar demasiado para no confundir, pero abordando el tema.
Es complicado. Es una línea muy fina. Antes de sacar la novela la someto a un estudio
entre lectores expertos en Egipto y absolutamente desconocedores, para comprobar
que satisface a ambos.
La excusa que forma la base argumental de la novela es el
conflicto religioso entre
los seguidores de ATÓN y los creyentes en AMÓN ¿Cuáles eran las principales diferencias
entre ambas creencias?
Santiago Morata:
Atón forma parte de la cosmogonía de la ciudad de Heliópolis, la ciudad y los dioses
del sol. Es el sol mismo (como Akhenatón lo reinventa), aunque en su origen era
la concepción del sol sólo en el momento del amanecer. Akh lo concibe como un dios
bondadoso, humanista, que responde al amor que siente por su esposa y su familia.
En cambio Amón es un dios oscuro (de ahí su apodo, opuesto a la luz), es un dios
guerrero, cuyo auge se basó en que los administradores o sumos sacerdotes de los
faraones guerreros siempre adquieren mucho poder por la razón simple de que el faraón
pasa grandes temporadas fuera de su corte y ellos lo aprovechan para amasar poder.
Sin embargo, José el judío afirma que ATÓN no es tan diferente al Dios en el que
ellos creen…
Santiago Morata:
Hubo estudios reales por parte de los judíos. Querían saber más de aquel dios, pero
no por analogías en sí con el suyo, sino por el tremendo contraste con el tratamiento
que les dio el antiguo régimen de Amón, que les trató como a
esclavos. Era una cuestión
política más que religiosa. Apoyaban al dios que les trataba mejor.
Lo que sí queda claro es que los sacerdotes tenían más poder político que los faraones
que en ocasiones eran meras marionetas a sus manos…
Santiago Morata:
Esto no es una constante. Tal y como lo dices suena muy extremo. Los faraones mandaban.
Era un régimen absolutista. Pero el faraón se apoya en un visir que aglutina el
poder político, y un sumo sacerdote que controla la religión, con lo que está sujeto
a las personas que ostentan estos cargos. Y cada faraón es un mundo. Los hubo que
controlaron todo sin resquicios, y los hubo que delegaron todo para dedicarse a
la vida cortesana regalada y las ceremonias (como Akh en la última época de su vida).
No podemos generalizar. Ten en cuenta que estamos hablando de un margen de treinta
y tantas dinastías de faraones. Hubo de todo, como en botica.
En algunos momentos se describen una serie de rituales de alto contenido sexual
como el ritual de apareamiento en Tebas o el “ejercicio” onanista que realiza Nefertiti
para estimular su fecundidad ¿Realidad o ficción?
Santiago Morata:
Realidad absoluta. Me encanta que la realidad supere a la ficción. Por eso escribo
novela histórica. En mi segunda novela sobre el
antiguo Egipto he vuelto a encontrar
estas maravillas en el estudio histórico. Son curiosidades no muy conocidas, pero
absolutamente preciosas.
El protagonista es Pi, la sombra del faraón, un personaje complejo que sufre una
profunda transformación personal a lo largo de la novela, me gustaría que explicaras
a nuestros lectores en qué consiste esta transformación...
Santiago Morata:
La transformación del que se cree agraciado por los dioses, con una vida fácil y
regalada, incluso a pesar de su responsabilidad, que tiene una fe irrompible, que
crece en un ambiente exclusivo de una sinceridad tan desgarradora que amenaza su
fe y sus convicciones más extremas, que crece con la arrogancia de la juventud para
descubrir que no es sino
un peón de un juego que le supera, decepcionado por cuantos
ha confiado.
Parece que poco a poco va perdiendo una cierta dulzura de carácter y se va haciendo
más duro…
Santiago Morata:
Ha de hacerlo para sobrevivir, aunque no deja de creer incondicionalmente en la
bondad del rey como persona y no como dios. Ese simple concepto es tan raro en la
época que le hace un personaje muy rico.
Tut, sin embargo, es un personaje que al principio tiene bastante importancia pero
después aparece poco, es más una presencia que está ahí pero pierde peso como personaje…
Santiago Morata:
Tut nunca deja de estar ahí, como una amenaza velada. Es un personaje maravilloso
y real. Una víctima. Creo que su perfil psicológico es el más acertado de todos,
puesto que es un niño con el peso de la responsabilidad, ambiciones y deseos de
un adulto, y es una carga muy pesada para ser asumida con naturalidad. Ningún carácter
aguantaría una vida tan complicada como la suya y sin embargo no deja de luchar
a su manera. Me encanta.
Las escenas épicas o de acción tienen mucha fuerza…
Santiago Morata:
Trato de reflejar la lucha tal y como era, con mucha crudeza pero sin excesiva épica,
con la información histórica sobre el estilo de
batallas, el armamento, los carros,
la lucha, los ejércitos, los comportamientos, etc, pero también con los sentimientos
que implica. La guerra no debe ser tratada jamás como un aspecto romántico, por
mucho que responda al interés de una trama, sino con toda su crudeza.
Santiago
Morata con Antonio Garrido, que presentó su libro en Valencia

Bueno, pues eso es todo Santiago… si deseas añadir alguna otra cosa más…
Santiago Morata:
Sólo que todos los propósitos que cito en la entrevista son secundarios ante el
principal. Una novela debe entretener. Ser amena, leerse con rapidez y dejar un
buen sabor de boca, habiendo evadido un poquito al lector. Ese es el principal cometido.
Y espero cumplirlo. Es una gran responsabilidad ante
el lector que ha pagado por
un libro en los tiempos que corren.
Gracias y hasta cuando quieras.
Santiago Morata:
Gracias a ti (a vosotros). A vuestra disposición. Un abrazo.
Joseph B. Macgregor ©
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