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Entrevista a MANUEL
GARCÍA RUBIO
para Anika Entre
Libros
Por Joseph B. Macgregor |
"Sal" es apasionante porque conforma
diversas tramas argumentales que se tejen y encajan perfectamente en su desenlace,
porque la escritura de esta novela no ha sido azarosa. Los temas, la estructura,
los personajes y su narración, el argumento están meticulosamente presentadas, ágilmente
narrada. Así pues, la novela va solidificándose conforme se lee y se vuelve consistente
como una roca.
"Sal" es honesta con el lector,
inteligente, comprometida, apasionante en su lectura porque otra vez
Manuel García Rubio
ha hecho uso de su maravilloso dominio del lenguaje, riquísimo y sencillo. Con un
final redondo, triste, necesario y original.
Fermina Daza
El cine y la metaliteratura
como fondo para ofrecer una mirada tierna sobre el ser humano.
Manuel García Rubio nos lleva a hacer ejercicio de reflexión sobre la búsqueda
de la felicidad y de nuestro yo desde un punto de vista filosófico.
Urbano Expósito un guionista inédito, quisiera estar seguro de querer lo que quiere.
Tino, en cambio, tiene claro que quiere lo que quiere. Selmo, en fin, quiere que
lo quieran. Vidas diferentes, cada una apunta un recorrido propio, que Urbano, ahora
aprendiz de novelista, pretende contar, aunque con un estilo propio y poco experto,
apoyándose en recursos propios del cine. En la historia aparece la señora Gladstone
y la novela , se transforma, se convierte en algo nuevo, inesperado y, misterioso;
pero también terrible.
...Sal está compuesta de múltiples materiales:
hay relato corto, hay intriga política, hay ensayo… pero todo está hilvanado por
un tono homogéneo de ternura y un cierto humor...
ENTREVISTA
Manuel,
para ti escribir una novela, aparte de ser una actividad absolutamente adictiva,
es un forma de autoconocimiento.
M. García Rubio:
Sin duda, escribir es una forma de conocer el mundo, incluido uno mismo. Conocemos
el mundo gracias al lenguaje. Aquello que no tiene nombre no existe para nosotros.
Por eso, debemos ser imaginativos con las palabras para arrancar de la inexistencia
aquellas realidades que nos afectan y que están ocultas en el mundo de lo innombrado,
y, además, tenemos que ser muy precisos con ellas, para que no nos confundan. La
escritura de una novela es como un magnífico campo de entrenamiento para todo ello,
en el que yo habitualmente trabajo, estudio, experimento, avanzo entre pruebas y
errores que me iluminan.
Me llama poderosamente la atención que defiendas la lectura del diccionario como
si de una novela se tratara: secuencialmente, comenzando por la primera palabra
hasta llegar a la última.
M. García Rubio:
Es una experiencia fascinante. Enlazo con lo anterior: aquello que no tiene nombre
para nosotros, no existe. Leer el diccionario secuencialmente es como entrar en
un gigantesco palacio e ir encendiendo lámparas por todos partes. Poco a poco, descubriremos
salas y objetos fascinantes, de cuya existencia no teníamos ni idea.
Sal aborda muchos temas y además
muy interesantes, uno de ellos tiene que ver las dificultades de un individuo, en
este caso Urbano Expósito, construya su
autobiografía con libertad en la sociedad
actual.
M. García Rubio:
Así es, ese es el tema fundamental, que recorre casi todas las historias que hay
en la novela. Desde luego, para la gran mayoría de los seres de este planeta, la
posibilidad de construir su propia biografía es inexistente, por mucho que se nos
diga lo contrario desde la propaganda del sistema. Pero
Sal acota
aún más el terreno y se pregunta si, al menos en las sociedades opulentas como la
nuestra, el individuo corriente tiene margen para conseguirlo. Yo creo que sí, pero
las fuerzas que nos confunden para que no nos empeñemos en buscar ese fin son muy
poderosas.
Tu
tesis es que para que podamos conseguir construir nuestra propia
biografía es necesario hacernos conscientes de cuáles son nuestros orígenes, el
autoconocimiento unido al un ejercicio de memoria, de reinterpretación de nuestro
pasado. ¿De qué modo consigue Urbano tal cosa, si es que lo consigue?
M. García Rubio:
La condición necesaria para modelar nuestro yo es que nos conozcamos íntimamente.
En el templo de Delfos alguien escribió: conócete a ti mismo. Obviamente,
se trata de un deseo imposible de cumplir. ¿Cuándo sabríamos que habíamos llegado
al conocimiento perfecto de lo que somos?
Pero que sea imposible
no quiere decir que no debamos perseguirlo. Para ello, tenemos que aceptar que todo
lo que nos ha precedido nos condiciona. Es posible recordar incluso aquello que
ignoramos de nosotros mismos. Urbano lo consigue, y no por casualidad, como alguien
podría pensar, sino por una fuerza interior que lo había llevado a darse una oportunidad
en la vida.

¿Qué hechos del pasado de Urbano le impiden elegir?
M. García Rubio:
No es que Urbano no pueda elegir; de hecho, acaba decidiendo ir a Madrid para intentar
hacer cine. En las sociedades opulentas, los individuos no están determinados por
fuerzas externas a ellos (salvo casos dramáticos), pero sí están muy condicionados
por su origen, que establece jerarquías injustas, a veces casi insalvables.
Urbano es un tipo
corriente, que nació en un pueblo pequeño y en el seno de una familia humilde, y
su formación es autodidacta. Como ves, tiene pocos triunfos en la mano para conseguir
lo que pretende.
Uno de los acontecimientos que más marcan a Urbano tiene que ver con la visita a
una exposición de
arte contemporáneo en compañía de su
padre. El crío rompe con una especie de navaja un cuadro que no entiende y no le
gusta, lo cual le trae funestas consecuencias para su padre. ¿Se identifica con
ese cabreo de Urbano-niño?
M. García Rubio:
El niño Urbano destroza el cuadro no más que por jugar, seguramente. Luego, vendrán
las consecuencias graves para su padre. Cuando Urbano, ya joven, las comprende en
toda su crueldad, elabora un discurso contra el arte impostor, que yo suscribo plenamente.
La máxima “Polvo somos y en polvo nos convertiremos” aquí es sustituida por Avellaneda
por la de “Sal somos, y en sal habremos de convertirnos”.
M. García Rubio:
La novela incorpora un texto de Julián Avellaneda en el que el profesor sostiene
que todo está hecho de sal y de agua, elementos complementarios y en permanente
equilibrio inestable. Si la sal no se protege de la humedad ambiental, se disuelve
en ella, se suicida. Avellaneda es un poco apocalíptico y viene a decirnos que vamos
por el camino de disolvernos como especie, pero, a la postre, la sal regresará en
nuevas formas de vida, esta vez inteligentes de verdad.
Urbano se define a sí mismo como “un hatajo de pasiones sin apesebrar” y asegura
que no le resulta fácil reconocer sus sentimientos, distinguir el amor del cariño,
la pena del recelo… esto es otra traba que debe superar también para construir su
historia con libertad, de vivir su propia vida.
M. García Rubio:
Naturalmente, conocernos a nosotros mismos es la condición indispensable para construir
nuestro yo con autonomía y en libertad. Sin embargo, lo más fácil es dejarnos llevar
por el palo y la zanahoria, escoger entre opciones que se nos ofrecen en un catálogo
cerrado de profesiones, de ideas, de aficiones, de amistades…
¿De veras piensas que el amor no es más que tres partes de atracción hormonal y
noventa y siete de gimnasia o es una opinión exclusiva de Urbano?
M. García Rubio:
Eso lo dice Urbano, y él sabrá. Quizá difiera en cuanto a la proporción, pero no
me cabe duda de que, si te entrenas, acabas enamorándote de la persona por la que
te empeñes.
De igual modo piensas que nuestra historia aparte de por lo que hayamos vivido está
marcada por las personas con las que hemos compartido nuestra existencia; es decir
que la construcción de nuestro Yo posee también un alto componente social. ¿Qué
personajes le ayudan a Urbano en la construcción de su Yo y cuáles
paralizan su proceso de autoconocimiento?
M. García Rubio:
Su origen, la familia y sus primeras amistades condicionan o marcan el futuro de
Urbano. Tino Costales insistirá para que se dé una oportunidad, y él le hará caso.
Luego, hay gente como Avellaneda que, por mantenerse en posiciones de privilegio,
falsean la historia e, incluso, la realidad.
Sin embargo, esta construcción personal, Urbano afirma que la hace desde la soledad.
M. García Rubio:
Es que no hay contradicción entre ser solo y ser social. Nosotros somos individuos,
pero nuestra individualidad sería imposible sin la sociedad que nos acoge, nos educa,
nos forma e, incluso, acaba enterrándonos. De aquí que no conciba la felicidad del
individuo en una sociedad infeliz. Es más: sostengo algo que ya escribió Bakunin:
la existencia de un solo esclavo nos hace esclavos a los demás.
Cuando mistress Gladstone le pide a Anselmo que le cuente como es, éste responde:
“— Supongo que soy bastante normal. Me gusta vivir bien, como a todo el mundo: BMW
antes que Audi, Play Station y no Nintendo, champán en lugar de cava, la cocina
exótica, algo de gimnasio para estar en forma, liberal en el sexo pero la mujer,
mujer, y el hombre, hombre. Y soy madridista, aunque no ejerzo. ¿Qué le parece?”
pero en realidad lo que hace es una lista de filias y fobias, no contesta realmente
a su pregunta. ¿De qué modo la sociedad actual crea personalidades tan estandarizadas:
somos lo que consumimos?
M. García Rubio:
Sin duda, cuando nos planteamos en serio nuestra vida, allá por la primera juventud,
no somos conscientes de que sólo hay dos caminos: el de elegir opciones cerradas
que se nos ofrecen como en un menú de restaurante, o el de autoexplorarnos en libertad.
¿Y de qué modo la entelequia que se nos vende sobre que podemos construir nuestro
yo está beneficiando a los más poderosos?
M. García Rubio:
Porque, en la medida en que nos conformamos con el menú del restaurante, no miramos
más allá, nos olvidamos de que las cosas podrían ser de otra manera.
Otro tema que resulta esencial en tu novela es que es una historia de
supervivientes, gente normal y corriente
que buscan sobrevivir pero a la vez ser felices.
M. García Rubio:
Creo que eso es lo que buscamos todos: ser felices. Es un derecho, además. Eso de
que aquí venimos a sufrir funcionó como discurso durante demasiados siglos. El problema
está en que el poder ha sabido interiorizar el cambio de actitud del individuo,
y ahora utiliza nuestro deseo de felicidad para vendernos coches, y chalets, incluso
drogas.

¿No es la felicidad otra entelequia?
M. García Rubio:
Sí, sin duda, es como el horizonte: nunca llegamos a alcanzarlo. Pero al menos nos
señala el camino.
¿Por qué piensa que el tema de la búsqueda de la felicidad tiene tan mala prensa,
novelísticamente hablando?
M. García Rubio:
Al poder no le interesa que descubramos su discurso, ése de que, para ser feliz,
hay que consumir a troche y moche. Por eso promueve la idea de que la búsqueda de
la felicidad es una ñoñería, algo para niños; precisamente porque el individuo de
hoy es inmaduro pero huye de reconocerlo.
Otro aspecto que también aborda
Sal es el
que tiene ver con la creación literaria: Urbano intenta escribir un
guión cinematográfico y él nos va describiendo
a lo largo de la narración los distintos avatares por los que va pasando. ¿Es ésta
quizá la parte más autobiográfica de la novela o a través de la cual mejor podemos
conocer a
Manuel García Rubio?
M. García Rubio:
Quise escribir una novela total, con muchos materiales y que, además, reflexionara
sobre ella misma.
Sal podría
tomarse como manual de escritura de una novela, en la medida en la que, a medida
que avanza, explica por dónde va, incluso avisando al lector cuando, por ejemplo,
describe una anticipación. Más que
autobiografía, hay un intento de hacer
una poética de mi propia escritura.
De todos modos, una cosa que me gusta es que no utilizas a un solo personaje para
exponer tus teorías o inquietudes sino que éstas las vas expresando de forma coral.
M. García Rubio:
Sí, para mí todas las piezas de una novela deben remar en el mismo sentido, sin
excepción. Y entre esas piezas está todo el catálogo de
personajes.
Tenía la sensación mientras leía algunos pasajes de la novela que viene con su protección
acorazada contra-críticos exigentes incorporada. Me refiero al personaje
de La Simondebovuá. Por un lado, Urbano defiende a lo largo de la narración las
razones por las cuales decide escribir su guión de una manera u otra y por otro
lado las opiniones demoledoras de la mujer que imparte el taller depende de su estado
de ánimo o de cómo vaya el proceso de ascenso laboral en la Universidad.
M. García Rubio:
El personaje de la Simondebovuá es, en realidad, mi super yo, con el que he ido
reflexionando a lo largo de la escritura de la novela. No lo concebí para protegerme
de la crítica, sino para hablar conmigo mismo. Por eso lo aprecio mucho, pero también
le doy caña, lo fustigo. Con mi mala conciencia practico el mismo juego.
La cinefilia es un recurso que utiliza constantemente.
M. García Rubio:
No sé quién sería yo si no hubiera sido por las películas que vi, más bien que mamé,
porque desde muy pequeño fui al cine regularmente. De niño, cuando vivía en Montevideo,
iba a una sesión cuádruple. Luego me interesé por el lenguaje cinematográfico. Leo
y releo constantemente libros de escritura del guión y libros sobre cine, además
de estar suscrito a revistas especializadas.
Para ti es muy importante el escenario en el cual transcurre la acción que aunque
está basado en lugares reales (Muros de Nalón y Madrid) adquiere rasgos ficticios.
M. García Rubio:
Sí, Muros de Nalón y Madrid son espacios literarios que se parecen mucho a sus homólogos
reales, pero que se encuentran a mi entera disposición, al servicio de la historia
que cuento.
Sal es la historia
de un viaje desde un pueblo pequeño y tranquilo hacia la gran ciudad, cosmopolita
y prometedora, pero también es un viaje desde el mundo de la adscripción al mundo
del logro, que diría Bauman, y, aún más, un viaje desde lo condicionado hacia la
oportunidad. En realidad, hay un solo viaje hacia el autoconocimiento.
De igual modo, los nombres no están puestos de manera gratuita, por ejemplo Urbano
Expósito se llama así porque es un huérfano perdido en una ciudad o Avellaneda tiene
relación directa con el autor de la segunda parte de “El Quijote”.
M. García Rubio:
Ninguno de los nombres de los personajes de
Sal ha sido
escogido al azar. Me llevaría mucho tiempo explicar las razones que me llevaron
a ellos, pero, como criterio general, diré que los protagonistas que inician el
viaje hacia Madrid poseen nombres muy comunes en nuestra tradición católica. En
cambio, los que pueblan la capital tienen nombres exóticos. Centrándonos en los
dos a los que tú te refieres, parece claro que Urbano Expósito es un huérfano de
la ciudad, y que Avellaneda es un impostor.
Avellaneda le pregunta a Urbano sobre su guión: ¿Es un drama o una comedia? ¿Un
thriller, tal vez? y él le responde: Es la historia de un fracaso.
¿Es Sal la historia de un fracaso
también?
M. García Rubio:
Sin duda. Es la historia de un fracaso, individual y colectivo.
Tengo una teoría sobre "Sal" y me gustaría exponértela
a ver que opinas: La novela experimental y de vanguardia tiene, en la mayoría de
los casos, un alto componente elitista, se escribe para que la lean una estirpe
de lectores muy cultivados o con alta dosis de erudición; un tipo de literatura
aristocrática. Este tipo de libros resultan inaccesibles o directamente aburridos
para la mayor parte de la población lectora. Tengo la impresión de que con
Sal consigues
todo lo contrario: hacer que
el lector común pueda leer una novela
diferente a lo habitual sin tener la sensación de que le están hablando en un lenguaje
incomprensible.
M. García Rubio:
Me encanta que hayas llegado a esa conclusión porque, precisamente, ese es, siempre,
en todas mis novelas, el objetivo fundamental que persigo. Yo escribo para entretener,
en primer lugar, pero también para inocular mis reflexiones al público medio, al
lector corriente y moliente. Quien quiera buscarlo, en todas mis novelas encontrará
un segundo nivel de lectura, relativo a las ideas, e incluso un tercero, basado
en juegos de intertextualidad, citas encubiertas de otras obras, y cosas así.
De igual modo, es una novela que exige la participación activa del lector.
M. García Rubio:
No busco al lector dócil, a ese que se le puede engañar con unos cuantos fuegos
artificiales. En
Sal, el narrador
se queja habitualmente de esos guionistas de Hollywood que basan todos sus recursos
en sacar conejos de la chistera. Por el contrario, intento que el texto emplace
a quien lo lee a que constantemente se haga preguntas sobre el propio texto y, también,
sobre su propia vida. Las buenas novelas son como espejos en los que
el lector debe mirarse y, sobre todo,
verse.
Es como un puzzle cuya última pieza o desenlace nos permite tener una visión de
conjunto y que todas las tramas adquieran un sentido dentro de la historia.
M. García Rubio:
Lo he hecho en
Sal, pero también
en El efecto devastador de la melancolía
y en La edad de las bacterias.
He intentado sacudir al lector para recordarle que no debe conformarse con dejarse
llevar por una escritura más o menos fácil. Es mi manera de advertirle sobre los
riesgos de la credulidad.
Lo único que no me gustó de la novela es el episodio de las monjas, no por lo que
cuenta – que pareció absolutamente genial- sino que pienso que el tono con el cual
está contada la anécdota, abiertamente explícito, no guarda consonancia con el del
resto de la historia.
M. García Rubio:
Sal está compuesta de múltiples
materiales: hay relato corto, hay intriga política, hay ensayo… pero todo está hilvanado
por un tono homogéneo de ternura y un cierto humor, con el propósito de que el espejo
del que hablé antes resulte amable para quien lea la novela.
El capítulo de la
monja responde a ese concepto de miscelánea, pero también cumple una función muy
importante en cuanto espejo.
Sal habla
de
la condición humana, y en este punto no puedo dejar de señalar los
dos grandes límites a nuestra vida, el alfa y el omega, el origen (el sexo) y la
muerte (en su expresión más arbitraria, la que convierte nuestra existencia en una
paradoja sin solución).
En nuestra cultura
católica, el tratamiento oficial de ambos aspectos es rigurosamente mentiroso, y
la obscenidad del capítulo de la monja es un juego de niños con relación al mucho
más obsceno de la exposición de fotografías de Tino, de la que, sin embargo, casi
nadie se escandaliza. (No es casualidad que, precisamente en este último punto,
se dé el gran giro de la novela, desde la comedia disparatada hacia la tragedia
sin paliativos. Este giro comienza con las siguientes palabras: “Si creíais que
esto iba de comedia, estabais equivocados”; he aquí un nuevo aviso; no
puedo ser más honrado).
Sal está llena
de avisos de lo que puede ocurrir más adelante, y el pornográfico al que te refieres
es una anticipación de otro más terrible, que nos desvelaremos ahora.
¿Estás trabajando actualmente en una nueva novela?
M. García Rubio:
Lo único que sé es que una nueva novela está trabajándome a mí, pero aún no sé de
qué va, ni lo que pretende.
Joseph B. Macgregor ©
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