Francisco, lo primero que aprecia el lector cuando ve la portada de su poemario
en las librerías, es que
Terraria ha ganado
el I Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere. Antes de nada, ¿qué supuso para
usted haber conseguido este premio?
Francisco León:
A parte de las buenas personas que he conocido, creo que los premios no aportan
nada al poeta; es decir, no aportan nada a su
poesía. Mejor dicho aún: no deberían
ni aportar ni sustraer nada a la poesía que debemos hacer. La poesía es un asunto
de la más pura necesidad puesta en las fuerzas de la más honrada destinación.
Lo segundo que hay que destacar y que veremos al abrir el libro, es que se tratan
de poemas en prosa, cosa que resulta valiente teniendo en cuenta que lo presenta
a un premio de poesía. ¿Por qué escoge este formato para escribir
Terraria?
Francisco León:
Si hablamos de lo estrictamente electivo, he de serle sincero y confesarle que es
el poema quien nos elige, ya sea en prosa o verso, y no al contrario. Nunca sé de
antemano si el poema que voy a escribir se coagulará finalmente en verso o alcanzará
la forma de la prosa. Sólo puedo decirle que siempre he escrito poemas en prosa,
desde que comencé a escribir, y tal vez tantos como poemas en verso. Son dos tipos
de configuración musical, por así decir, cuyo origen generador es el mismo, la pura
necesidad, como dije antes. Por eso presenté un libro de poemas en prosa a ese concurso:
porque para mí prosa y verso poseen idéntico valor creativo.
Francisco, ¿debe un poeta tratar de innovar constantemente para que lo publiquen?
Francisco León:
No. La publicación pertenece a los aparatos de la cultura. La innovación, si es
honrada y surge del instinto creador, pertenece a las fuerzas internas de la creación.
A mí me parece más adecuado hablar, en cualquier caso, de “exploración”.
J. V. Foix, un escritor que me interesa
mucho, solía decir de sí mismo que, más que un poeta, se consideraba un investigador
en poesía. El poeta debe explorar su mundo interior con un lenguaje determinado,
que pertenece también a su mundo interior, de manera que buscar ese mundo implica
también buscar ese lenguaje, y, aunque con exactitud no sean lo mismo, son experiencias
contiguas de un mismo hecho: la exploración. Ahora bien, estoy hablando de asuntos
que pertenecen a las profundidades del ser.
El poeta, en definitiva, debe explorar esas profundidades para alcanzar a percibir,
siquiera sea de manera imprecisa, su mundo, ese más allá del mundo que el poeta
deja al mundo como decía
Juan Ramón Jiménez. De resto, muchas
veces, publicar un libro me resulta un fenómeno quizá no extra poético, diría, pero
si algo que normalmente no me interesa demasiado. Aunque es verdad que la poesía
se cumple en su esencia en la lectura gracias a la publicación.
En el epílogo dice que cierra un arco donde “quedan atrás las obsesiones de ayer,
las que acompañaron el mero existir y su meditación”. ¿Qué nos depara pues el próximo
Francisco León?
Francisco León:
Sólo puedo hablarle de lo que he podido escribir hasta ahora: guardo entre mis papeles
dos libros de poesía, casi acabados. Uno de ellos tiene que ver con algunos viajes
que he realizado a
Grecia y Turquía. Dos experiencias muy
enriquecedoras que me llevaron a escribir como si hubiera caído en un hipnotismo
obsesivo. Por otro lado, continúo escribiendo diarios,
relatos y, claro, poemas en prosa.
En el poemario abunda mucho el tema de
la muerte, ¿es esta una de sus obsesiones?
Francisco León:
Sí. Aunque deseo matizar: no me inquieta en lo más mínimo la muerte como espacio
que se encuentra al otro lado, sino como experiencia propia de este lado. Me interesa
la vida en su interrelación con la muerte. Me interesan las hondas contracciones
entre el vivir y el morir. Entre el ir viviendo y el subsiguiente ir muriendo. De
la fricción entre esas dos experiencias surge casi todo lo que interesa a mi poesía.
Playas que ya no están, caminos que parece que se borran, personas que no se sabe
muy bien a qué mundo pertenecen, peces que abandonan el mar para morir en la tierra…
El surrealismo está muy presente en
Terraria, ¿es a través
del surrealismo como deforma una realidad vivida, como riza el rizo de
la experiencia diaria?
Francisco León:
No es posible considerarse, creo, a estas alturas de la historia, un surrealista
puro. Me parecería demasiado adánico. Yo no me considero surrealista al modo en
que lo fueron los grandes maestros. Si bien es del todo probable que en mi escritura
queden estratos y chispazos del surrealismo y, sobre todo, una suerte de fluencia
inconsciente que a veces me lleva espacios interiores que no siempre se refunden
en metáforas surreales.
En todo caso me considero, y lo digo sin vanidad alguna, un heredero de las vanguardias
históricas. De hecho, en Canarias, al borde del estallido de
Guerra Civil española, tuvimos una vanguardia
y un surrealismo muy activo y enriquecedor. Ahora bien: el remanente de surrealismo
que pueda palpitar en Terraria no está ahí ni a
posta ni para deformar realidad alguna. La realidad es deforme y esquiva
en sí misma, ¿no le parece? Por otra parte, siempre he considerado mi poesía como
un instrumento de ordenación, por extraño que le pueda parecer.
¿Qué tiene que ver su forma de ver las islas de Lanzarote y Fuerteventura con la
del pintor Alechinsky, que tanto le gusta?
Francisco León:
Cuando Alechinsky viaja a Canarias y contempla especialmente las islas orientales
de este archipiélago se produce un contacto mágico con el origen, con las fuerzas
perturbadoras y transformadoras del
origen. Se trataba de una visión hipertélica
y mítica de un hecho geográfico importantísimo. Eso sólo le pasa a muy pocos: Bretón,
a su paso por Tenerife en 1935 imaginó el volcán de El Teide como un hecho erótico.
Lo mismo le pasó al pintor italiano Ernesto Tatafiore, en los 80. Alechinsky tuvo
una gran suerte, porque tuvo una visión o contacto mágico con las Islas, y contemplar
la pintura que realizó en ese instante siempre me pareció un regalo
impagable para el ojo. ¿Quién que viva en estas islas no desearía verlas a través
de ese ojo mágico, el ojo que ve las invisibles huellas del origen?
Una pregunta necesaria para saciar nuestra curiosidad sería saber qué otros poetas
le han influido, pero me gustaría ir más allá y preguntarle a nivel general qué
otras formas artísticas o nombres artísticos han influido en usted. Uno ya lo sabemos:
Alechinsky.
Francisco León:
Desde luego, la pintura. Tal vez porque desde mi primera juventud siempre desee
ser pintor. De hecho comencé mis años universitarios en una facultad de pintura,
aunque finalmente dediqué mi tiempo a la escritura y los estudios literarios. Recientemente
he publicado un libro de poemas (en verso) titulado Dos
mundos (en la colección Signos de Huerga y Fierro). La presencia de referentes
pictóricos en ese libro va desde Velázquez hasta el ya por desgracia desaparecido
pintor catalán Joan Hernández-Pijuan, pasando por Tàpies, Edward Hopper, William
Turner o algunos clásicos antiguos como Giotto. No son poemas o comentarios poéticos
sobre unas pinturas determinadas, quede claro. Son el reflejo de esos mundos pictóricos
tan caros a mí iluminando algunos pasajes de ese libro.
Este libro lo ha publicado La Garúa, una editorial que se caracteriza por intentar
dar voz a los poetas, jóvenes y no tan jóvenes, que realmente viven la poesía. Si
leemos a algunos poetas ya famosos que publican en editoriales más grandes, uno
se acaba aburriendo de lo que dicen o incluso se les nota demasiado que buscan más
unos resultados económicos que saciar una necesidad de expresión. En cambio, ocurre
a veces que la verdadera sorpresa nos la llevamos cuando tomamos un poemario de
una editorial pequeña y de un poeta quizá no tan conocido. ¿De alguna manera se
está produciendo un cambio generacional en la poesía actual? Es decir, ¿los jóvenes
poetas están pidiendo a gritos que se les lea?
Francisco León:
La poesía siempre se está transformando y abismando en modos de expresión, no sé
si nuevos, pero sí al menos diferentes: los cambios son inevitables, si bien no
definitivos: mucho me temo que dentro de cincuenta o cien años,
Luis García Montero, por ejemplo, un
poeta hoy inevitable, no significará nada, o será un poeta muy menor, en el diagrama
de la poesía del mundo. Nada es definitivo, menos aún si lo inevitable va unido
a lo mediatizado o lo modal. En el prólogo de La otra joven
poesía española (publicada hace unos años en Igitur) dejé escrito que
en España existía una nueva promoción poética, menos atada a lo modal —o en absoluto
atada a las modas imperentes— cuyos intereses chocaban con los de la poesía triunfante
de la década de los años ochenta: la llamada poesía de la experiencia, si es que
esta escuela poética tiene alguna aspiración poética, claro. En esa antología señalaba
que existía en el ámbito de la lengua española otras formas de escribir y pensar
la poesía; otros caminos, en mi opinión, aunque apartados y silenciados, y por lo
tanto más excéntricos, mucho más centrales y duraderos.
Francisco, ¿cómo sabe un poeta, en este caso usted, la acogida que tiene su poemario?
Dicho de otro modo, ¿cómo han acogido
Terraria los lectores?
Francisco León:
Pues no lo sé con exactitud, la verdad. Sólo conozco la valoración de unos pocos
amigos muy cercanos que han sentido aprecio por ese libro. Lo han leído y me han
dicho: «No está mal». Para mí es suficiente. Del resto, sinceramente, no me interesa
—no me interesa ni me puede interesar, por principios— lo que digan los lectores
de mis escritos. Se debe tener mucho celo en esto. Por eso decía antes que una parte
de la publicación me resulta un hecho completamente al margen del fenómeno de la
creación verbal. Lo que escribo lo escribo únicamente pensando en mí y para mí,
en relación a mi exploración interior. Para mí la poesía es una forma del pensamiento
imaginario, un instrumento del conocimiento, del pensar que viene desde el fondo
del ser de cada uno, y no podemos desviar nuestra escritura de sus propios e intransferibles
exigencias de pendiendo de la acogida que hacen de nuestros escritos los lectores.
¿Usted se imagina a Kant escribiendo pasajes de su
filosofía teniendo en cuenta los
gustos o deseos de sus posibles lectores? El poeta debe olvidar que tal vez un día,
remoto e improbable, alguien lo va a leer. Le concierne la lectura de su poema,
pero no le conciernes sus lectores.
Pues muchas felicidades por este estupendo poemario y gracias por su tiempo, esperamos
hablar con usted otra vez muy pronto.