ENTREVISTA
Hola, Carlos. Hoy vamos a comentar tu novela
“Puentes
volados”, pero antes de entrar de lleno en tu faceta de
escritor, cabe reseñar que también trabajas como cómico, director y guionista de
cine y televisión. Tu hermano
Víctor es actor... Esa afición al mundo
de la interpretación ¿os viene de familia?
Carlos Clavijo:
Sí, mi padre es muy
aficionado. Yo era el típico idiota que estaba metido en todos los fregados del
instituto y que suspendía mucho. (Ahora creo que los institutos son distintos, porque
la gente lleva navajas al cole y si el profesor te suspende, le haces una marca
en la cara que le sirve de recordatorio para que no lo vuelva a hacer…) Pero entonces,
formaba parte del grupo de teatro del insti y mi hermano decidió apuntarse y le
cogió afición. Hacíamos sketches, y con 17 años tuvimos un programa de
humor en una tele local. Pero vamos, lo hacía más por diversión y por escaquearme
de las clases que por un afán de ser como "Martes y Trece" o así.
Lo que pasa es que
luego me fui a estudiar políticas y eso del teatro se me hizo de pronto demasiado
frívolo. Más tarde, cuando terminé la carrera, y después de haber currado en temas
de producción de cine, Paramount se cruzó en mi camino y empecé a hacer monólogos
por presión de los directivos del canal: dos tipos visionarios que han creado una
cantera increíble. Así que volví a hacer humor. Pero era algo que jamás había pensado.
De hecho, al principio, cuando empezamos a llenar teatros con los compañeros de
Paramount, yo lo flipaba. Decía: ¿cómo pagan por venir a vernos? Les estamos timando.
Si no somos actores y ni hemos estudiado en la RESAD… :) Así que ha sido
una mezcla de accidente y tradición.
Estudiaste Ciencias Políticas y Sociología.
¿Has ejercido alguna vez en esos terrenos?
Carlos Clavijo:
No, pero estuve tentado
de prepararme unas oposiciones para la OTAN. En fin, curro seguro, bombardeas gente,
luego te vas a comer… En serio. Aún tengo por casa el temario. Por fortuna, me rajé.
Pero se me pasó por la cabeza. Cuando acabas una carrera como esa, piensas en agarrarte
como un clavo ardiendo a cualquier curro de funcionario. En Bruselas, en Sevilla,
donde sea… Y la OTAN ofrecía un curro así…
Tengo un amigo en
el Tribunal de Derechos Humanos y tenía pesadillas después de leer las denuncias
de lo ocurrido en la antigua Yugoslavia…
Pero volviendo al
tema Políticas, hubo un momento en que pensé ejercer. Pronto me di cuenta de que
leer los informes de la ONU, comprarme Le Monde Diplomatique, y eso me deprimía.
A pesar de eso, me hice un montón de cursos y de seminarios. Recuerdo que en 1992
un ministro argelino nos contaba que los integristas del FIS querían quitar las
fábricas y sembrar trigo. O a un experto del CNI que el mismo día del golpe de Estado
en Argelia nos dijo: va a haber una guerra civil y según nuestras previsiones morirán
unas 150.000 personas. El tío acertó. ¡Pero tenía los datos el mismo día! Por no
hablarte de los estudios sobre las olas de inmigración de países del Tercer Mundo
que podría originar un posible cambio climático, o una guerra del agua. Te hablo
de 1992.
¿En qué momento te planteas escribir novela
y por qué?
Carlos Clavijo:
No sé si es algo muy
premeditado o algo que te sale. Imagino que porque te apetece contar una historia.
Para mí, las historias son lo importante. A veces, es el tema. La cobardía a dirigir
tu propio destino en "Puentes Volados". En "Alas
de Pollo", por ejemplo, me apetecía hablar del mundo del espectáculo.
Y para eso elegí la historia de un decano de provincias que se convierte en ídolo
de masas tras pasar por una tertulia. Quería hablar de la muerte de la cultura de
la Transición o de la llamada “intelligentsia”. Ver cómo los adalides del pensamiento
más profundo acababan convertidos en showmans. Y todo ello con humor.
Tu primera obra, “Alas
de pollo”, la tuviste seis años en un altillo, sin decidirte a buscar editor.
¿Cómo fue eso?
Carlos Clavijo:
Imagino que por inseguridad.
Pero también por realismo. Había escrito la novela para mí, para divertirme yo,
y viendo lo que se publicaba, no pensaba que pudiera interesarle a nadie más. Y
menos a una editorial.
Dices que “Alas
de pollo” es ácida y divertida. Tu segunda obra “La
adivina” es un thriller histórico y la que nos ocupa, “Puentes volados”, un monólogo dramático.
¿No te especializas en un género determinado?
Carlos Clavijo:
Me cansan mucho los
escritores que siempre hacen lo mismo. Los que tienen un único tono. No voy a dar
nombres, pero en España hay mucho escritor de letanías. Ya sabes, coges un artículo
de ellos en un dominical y con tres palabras leídas ya sabes de lo que van. Llevan
15 libros pero son todos iguales. Me transmiten algo así como VITALISMO CERO.
Me identifico más
con gente como Michael Winterbottom, un director de cine, que no hace más que cambiar
de género. No tiene miedo a que digan: ¡¡oh, no es un autor!! A mí me pasa
lo mismo. Me gusta asumir riesgos y crecer como escritor. Si soy capaz de hacer
reír en una novela, y en otra conmoverte o en otra hacer que pases miedo, ya me
doy por satisfecho. Uno escribe para atrapar al lector y llevarle de la mano por
un sendero de emociones. Y bueno, tampoco tengo culpa: lo siento, se me ocurren
historias de género diferentes… :)
En el momento de escribir ¿te haces un planteamiento
minucioso de la obra o vas tirando del hilo a medida que sale?
Carlos Clavijo:
Depende mucho del
caso. Casi siempre tiro de un personaje que me mola. En la primera novela, "Alas de Pollo", el prota es un
decano casi analfabeto y con mucha cara dura, un tío bullanguero, muy del Sur, que
vive a costa de sus alumnos. Un profe con jeta como hay en todas las facultades.
En ese caso, el personaje ya te va dictando claves y situaciones humorísticas…
En "La Adivina",
fue una mezcla de factores. Por un lado, un libro que leí sobre el cabaret de Berlín
durante la II Guerra Mundial me hizo interesarme por
la época desde otra perspectiva. Allí se contaba que el cabaret de entonces no tenía
nada que ver con el de principios de los 30, el de la peli de Bob Fosse. Era mucho
más decadente, lleno de números patrióticos, ejercicios de mentalismo. Habían desaparecido
los humoristas, la sátira, las alusiones al sexo… Por otro lado, acababa de leer
"El Hundimiento", un libro de un historiador
alemán. Y allí contaba el interés de
Hitler por el mundo esotérico: decía
que hablaba con sus estatuas, pedía consejo a los emperadores de sus cuadros, etc.
Me impresionó que el Poder de una nación estuviera en manos de alguien así. Sobre
todo porque estudiando Políticas, jamás nos habíamos parado en las creencias religiosas
o espirituales de los líderes, en cómo éstas determinan sus decisiones. El descubrimiento
me pareció terrorífico.
Así que decidí hacer
un thriller a medias con mi padre, sobre una niña que trabaja como mentalista
en un cabaret en el Berlín de 1939. La novela es muy cinematográfica. Ha gustado
y la editorial Diana de México ha comprado los derechos para distribuirla en Latinoamérica.
Ahora en "Puentes Volados", el caso es distinto. El personaje
de Antonio, un tipo amargado que quiere dejar su curro pero no se atreve, surge
de gente de mi entorno. Todos conocemos a alguien atrapado en esas dudas. Lo bueno
es que cada novela, al ser tan diferente, te ayuda a expandir tus capacidades y
tus conocimientos como escritor.
¿Qué te resulta más fácil, escribir un guión
o una novela? ¿Cuál de los dos géneros te “llena” más?
Carlos Clavijo:
Escribir me encanta,
pero hacerlo no es fácil. Ni siquiera es fácil encontrar el tiempo que requiere.
Y, para qué nos vamos a engañar, escribir tiene mucho de masoquismo. Sabes que,
a menos que ocurra un milagro, a menos que
Vargas Llosa o alguna autoridad se pare un segundo en tu novela, el público
te ignorará. Pero tú sigues adelante… Y eso que durante el proceso creativo pasas
por mil altibajos. Piensas que te atascas, que no tiene sentido, que has escrito
un ñordo. No encuentras el final, hay cosas que no funcionan. Luego te animas. Y
sigues adelante... Crees incluso que la gente va a dejar de ver a Bisbal en la tele
para ponerse con tu novela durante bastantes horas. Ideas de bombero torero… Pensamientos
bastante idiotas que tenemos la mayoría de los escritores. Creer que a la gente
le importa lo que hacemos y eso :). Y no te hablo ya de soñar con ser tan conocido
como Beckham, o, bajando el listón, como Belén Esteban…
Escribir puede apasionarte,
pero no es fácil. No sólo tienes que terminar algo que esté bien, sino conseguir
que te publiquen, que se distribuya bien, que la cosa tenga alguna resonancia. Pufff…
Y si tienes la suerte de escribir algo redondo, pongamos por caso "Cien Años de Soledad", nadie te garantiza
que vas a estar sacando textos iguales o mejores todos los años… Eso teniendo mucha
suerte. Si lo piensas mucho, es mejor tener un concesionario de coches. Es más rentable
y se sufre menos.
En cuanto a qué me
llena más, si el guión o la novela, para mí son complementarios. El guión es más
esquemático, resulta más difícil ser barroco, o meterse en la cabeza del prota,
por poner un ejemplo. El
guión también exige más claridad, menos
tiempo, menos atención al lenguaje… La novela te permite mucha mayor libertad. Puedes
imaginar que estás con los
maquis en los montes de Cantabria, o
en el gabinete privado de
Eva Braun, y eso no cuesta un duro.
En el guión, cada palabra, por ejemplo la palabra “llueve”, puede significar mucha
pasta.
Entrando ya de lleno en tu último libro, “Puentes
volados”, háblame un poco de ella desde tu postura como
autor, un vistazo rápido.
Carlos Clavijo:
En lo formal, es una
novela que se lee muy bien, parece sencilla, actual, engancha, pero tiene mucho
curro detrás. Está muy pensada. Conseguir que sea tan plástica, tan visual… Pero
sobre todo, lograr que emocione… Es que antes había hecho comedia, así que dar el
salto, y atreverme con un monólogo dramático, era un reto bastante grande. Lo más
cómodo hubiera sido seguir haciendo comedia.
Antonio, el protagonista, tiene aparentemente
todo lo que puede desear desde el punto de vista de nuestra civilización. Desde
fuera, se le podría ver como un triunfador, pero no lo es...
Carlos Clavijo:
Antonio tiene el dilema
de muchos. Le gustaría ser otra cosa. Le gustaría llevar otra vida. La suya da asco.
Quiere hacer realidad sus sueños. Pero ¿puede? ¿A qué precio?
¿Crees que la mayoría de la gente es cobarde
cuando está en juego su bienestar material aunque no sea feliz?
Carlos Clavijo:
Bueno, tienes el caso
del cambio climático. Preferimos lo cómodo al cambio de hábitos: aunque lo cómodo
resulte aberrante, como ir montado en una tanqueta que pesa 1 tonelada y que contamina
seis veces más. Vivimos en una sociedad maximalista. Se quiere todo sin perder nada.
Y en esa trampa, está atrapado el personaje de Antonio. También es un personaje
sin disciplina, como le ocurre a mucha gente. Antonio es alguien distraído por cientos
de cosas atractivas y que producen una satisfacción inmediata. ¿Para qué va a hacerse
músico si puede darse una hostia? ¿Para qué va a ensayar cuando puede quedarse jugando
a la Play? Lo que ocurre es que ese ocio fácil tampoco le satisface.
...Quería que fuera un monólogo fragmentado, a
veces lírico, a veces soez, sensible y cabrón, pero sobre todo imperfecto...
¿Por qué un hombre joven, atractivo y rico acepta
una relación de pareja tan ligth?
Carlos Clavijo:
Antonio está enamorado
de alguien light. Son muy diferentes, pero él la quiere. Y admira su forma
light de ver las cosas. De todas formas, hoy lo light es la norma.
Cuando Antonio se enamora de la
ecologista y antes de saber que ella tiene
pareja, desaprovecha la oportunidad de estar con ella ¿Es temor a enamorarse de
verdad y acabar en el campo lo que lo frena?
Carlos Clavijo:
Antonio cree que en
el campo encontrará la felicidad. Sublima a la ecologista, tiene una ensoñación
con ella. Pero se da cuenta de que es imposible. Es un tipo enamoradizo, algo infantil,
alguien que sigue soñando con diferentes formas de paraíso (la música, el mundo
ecologista, su propia prima)… Se cree muy duro, pero se deshace de nervios esperando
a que su novia le mande un SMS.
Todavía coexisten en España los que vivieron
la
guerra civil y las generaciones que sólo han oído hablar de ella.
Todas las vivencias que explicas relativas a aquella época son muy similares a las
que refiere mi madre, por ejemplo. Tus fuentes de información ¿han partido de ese
conocimiento oral en tu Málaga natal, o las has estudiado?
Carlos Clavijo:
Es una mezcla de conocimiento
oral y de documentación. De historias que te cuentan las madres y las abuelas y
que te dan la sensación de vidas desperdiciadas… En el fondo, ahora que tengo cierta
distancia, veo que "Puentes Volados" es una obra sobre la relatividad
de los valores, sobre cómo la cultura de cualquier época afecta a nuestra
felicidad. No quiero parecer pedante,
pero todos somos víctimas de un entorno. Si vivías en los años 40, tenías que respetar
unos determinados valores, aunque fueras infeliz de por vida.
Lo mismo pasa en 2007.
A no ser, claro, que seas un valiente.
Básicamente, veo tu obra como una reflexión
acerca de la soledad, de esa soledad que no se llena por mucho dinero que se tenga...
Carlos Clavijo:
Yo la veo más como
una novela existencial en la que el personaje se encuentra atrapado en el dilema
“lo que quiero hacer y lo que debo hacer”. El hecho de que Antonio tenga dinero,
potencia más su cobardía. Teóricamente, está en una posición en la que podría permitirse
ciertos riesgos. Pero también, tiene mucho más que perder. Entre otras cosas, su
estilo de vida… "Puentes Volados" habla del miedo a perseguir
la felicidad.
¿Es también una crítica sobre las “necesidades”
que nos vamos creando y sin las que no podemos vivir (ordenador, móvil, última tecnología)?
Carlos Clavijo:
Bueno, no sé… Es que
tampoco quiero resultar moralista :) A mí todo eso me parece bien. La
tecnología abre puertas. Permite que
gente que no tiene acceso a la información la tenga… Otra cosa es cuando esas “necesidades”
te tiranizan.
¿Por qué tu protagonista no se toma más en serio
el grupo musical, ya que que le interesa la música?
Carlos Clavijo:
Antonio es un fan
de Jeff Buckley, pero su propio miedo, su cobardía le hace dudar. No sabe si es
buen músico, no se siente a la altura del maestro, tampoco sabe qué le ocurrirá
el día de mañana, nadie le garantiza nada en la música, y menos sabiendo que la
música que triunfa es tipo OT, en cambio en la oficina le garantizan el sueldo…
Está atrapado.
Describes a la tía Carmen como una persona moralmente
correcta, atenta al “qué dirán”, de Misa los domingos y trabajadora infatigable...
Y me viene a la memoria esa cita de... (creo que
Hemingway, no estoy segura, pero de la frase sí) “Dios me libre de los buenos
que de los malos ya me libraré yo” ¿Qué me dices?
Carlos Clavijo:
Bueno, creo que es
un personaje complejo. Y que también tiene motivos para hacer lo que hace (no cuento
más que si no, nos cargamos a la gallina de los huevos de oro :)
¿Es tu novela un
canto a la libertad, o consideras ésta una
utopía?
Carlos Clavijo:
A medida que pasa
el tiempo, considero que es muy importante que cada uno elija, o pelee, por su propio
destino. Y que lo haga contra viento y marea. Ahora que lo dices, la libertad es
muy importante en mi obra. No me había dado cuenta, pero… ¡¡Puff!! ¡Es verdad! En
todas mis novelas, los
personajes son “obligados” o juzgados
por una sociedad que frena sus instintos, o que les obliga a “tirar” por un determinado
camino. Y todos buscan de una u otra forma la libertad.
Nos muestras la
esclavitud de dos maneras distintas: La
causada por el hambre, el trabajo agotador y la moralidad férrea impuesta en una
época no muy lejana y esa otra del hombre que ocupa la mayor parte del tiempo haciendo
lo que no desea para vivir con lujos que no le llenan...
Carlos Clavijo:
Sí, pero por encima
de todo eso, me interesaba una idea mucho más potente, y es que todos tenemos la
sensación de que no vivimos bien nuestra propia vida.
¿Cambiarías alguna cosa en la obra?
Carlos Clavijo:
Ahora mismo me gusta
mucho. También por lo que supone en mi evolución y por las críticas positivas que
estoy recibiendo. Esto de cambiar alguna cosa me recuerda una anécdota: A Griffith,
el director de "El Nacimiento de una Nación", tuvieron que prohibirle la
entrada en un museo donde se alojaban las copias de sus películas, porque cada vez
que podía las remontaba de nuevo.
Además, me propuse
que "Puentes
Volados" tuviera un estilo cercano y a la vez imperfecto. Quería
que fuera un monólogo fragmentado, a veces lírico, a veces soez, sensible y cabrón,
pero sobre todo imperfecto.
Dicen en oriente que “Sólo hay que temer
al miedo”. El miedo paraliza, angustia y obliga a revivir un desastre que tal
vez no ocurra nunca. Antonio se define a sí mismo como un cobarde. ¿Ves en esa cobardía
la causa única de su infelicidad?
Carlos Clavijo:
Sí. A mí me parece
acojonante ver cómo el miedo está instalado en las vidas de la mayoría de la gente.
No le entras a una tía por miedo a que te diga que no. No te atreves a pedirle algo
a tu jefe, por miedo a su reacción. Por no hablar de cómo nos inducen al miedo:
miedo al terrorismo, miedo a la sequía, miedo a Al
Qaeda, miedo a perder el trabajo… miedo a la gripe aviar.
¿Tienes previsto publicar algo próximamente?
Carlos Clavijo:
Estoy trabajando en
diferentes proyectos. Una historia de terror donde se explica el origen del
universo, un thriller histórico,
otro ambientado en la
II Guerra Mundial, una obra de teatro,
una serie de televisión… Ya veremos cuál cuaja.
¡Ah! y sigo grabando
monólogos en Paramount. Hay que pagar las deudas :)
En fin, Carlos, debo decirte que me ha gustado
tu libro y me ha hecho reflexionar. ¿Deseas añadir algo más?
Carlos Clavijo:
Muchas gracias. Me
halaga porque es una novela muy personal y está conectando muy bien con el público.
Debe ser que todos pensamos y sentimos lo mismo. Es fantástico que un puñadito de
hojas sea capaz de entretener, emocionar o hacer pensar.
Muchas gracias, Carlos, por la entrevista y
enhorabuena por la novela.
Carlos Clavijo:
MIL Gracias a vosotros
y un abrazo fuerte.
Pilar López Bernués ©
www.ciberanika.com
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Ficha "Puentes volados" en Anika Entre Libros
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