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Entrevista a Lucía Parrilla 
para Anika Entre Libros
Por Celia Santos
Lucía Parrilla Sagra es profesora en un colegio de Jaen. Empezó precoz en la lectura y su incursión en el mundo literario fue como un hobby que la ha llevado a publicar “El forense” su primera novela.

Fue finalista en el 2005 en el II Certamen de Narrativa Breve del canal Literatura y ganadora del Premio Especial Estambul de este año 2006.
Colabora en el semanario digital cántabro www.otrarealidad.net, donde tiene una sección llamada "Aceitunas con hueso".
...Cuando a los cuatro o cinco años descubrí la lectura, se me abrió mi limitado mundo. Puede que de haber existido la televisión, nunca hubiera tenido esa oportunidad...

                      ENTREVISTA

En la novela, el protagonista, disecciona su vida y su alma como lo haría un forense y nos la presenta sobre la mesa en toda su plenitud, pero es una vida llena de frustraciones y sueños no realizados. ¿Refleja esa vida una conformidad amarga o las ilusiones perdidas de quién se resigna a que nunca se realicen? ¿Cómo un signo de cobardía?

Lucía Parrilla:

En “La inteligencia fracasada” de J. A. Marina se describe el caso de un hombre que toda su vida arrastró la frustración de no haber sido cirujano, cuando nunca llegó ni a estudiar medicina.

Yo creo que mi protagonista es en realidad un soñador, pero del tipo cobarde, es decir, necesita tener sueños a los que aferrarse por miedo a que si se cumplan lo defrauden, lo dejen vacío y entonces no tenga ilusiones que le impulsen a vivir. Además, vive preso de tres fantasmas que lastran su existencia: uno, el de la muerte, que tan pronto teme como anhela; otro, la creencia de que es su entorno, ese pueblo que él percibe como asfixiante, el culpable de que sus sueños no se hayan realizado; por último, la persecución del amor ideal, novelístico, que le hace no valorar el de la mujer que tiene a su lado que es la que en realidad lo ha amado desde siempre.



En la novela resaltas de alguna manera el entorno, ese pueblo de provincia que intenta realzar su importancia e identidad pero sin olvidar el pasado. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Lucía Parrilla:

A nivel individual, puede que sí; cuando llega la vejez y si no sabes asumirla (para lo cual se necesita una gran labor de autoterapia), puedes pensar que tu época juvenil o incluso tu madurez fueron magníficas (y eso gracias a la piadosa labor del olvido). Pero a nivel social, pienso que cualquier época, incluidas las venideras, serán necesariamente mejores, porque aunque admire los logros y esplendor de las grandes civilizaciones pasadas, reconozco que la situación del pueblo llano era penosa. Y aunque pueda pecar de una infantil ingenuidad, a la vista de las condiciones de vida actuales en otros países, al menos somos conscientes de esas injusticias y se levantan voces para terminar con ellas.

Por eso quiero pensar que el futuro, aunque sea muy lejano, debería ser mejor. Eso, si a la madre Naturaleza no le da por ponerse flamenca, tal y como predicen los científicos, en cuyo caso prefiero no pensar en lo que pueda aguardar a la Humanidad.



En estos pueblos, el maestro y el cura eran los pocos transmisores que había de la cultura. Una especie de cronistas locales. ¿Ha despertado en ti ese sentimiento de guardar o conservar ese pasado aunque sea a través de personajes ficticios?

Lucía Parrilla:

Debo decir que, actualmente, y no sólo en estos pueblos, los curas han perdido mucha parroquia. Y en cuanto a los maestros, nos vemos negros para transmitir la cultura, pues parece como si lo hiciéramos “en contra de” nuestros alumnos y es que en parte se ha perdido ese concepto antiguo del valor de la cultura como factor de promoción social que, aunque de tinte utilitarista, era un potente motor.

Puede que quizá haya actuado en mí ese espíritu de cronista, al ubicar la acción de la novela en el paisaje tan concreto de mi pueblo y describir sus fiestas, los rituales del cortejo amoroso de antaño, la presión social como freno a la libertad individual, el concepto clasista de esas sociedades rurales...

Pero para mí ha sido más importante describir el paisaje interior de los hombres, aunque sean ficticios o las costumbres cambien. Al fin y al cabo, Unamuno decía que no hay Historia tan universal como las pequeñas historias particulares de cada cual...



Seguramente, muchas personas al leer tu novela habrán esbozado una sonrisa porque se habrán visto reflejados en alguna de las escenas. ¿Qué pueden sacar esas persona de positivo de la lectura de tu libro?

Lucía Parrilla:

Realmente muchos lectores me han hecho ese comentario, que se han visto reflejados en algunos de los protagonistas, -sobre todo en el principal- o en algunos de los episodios que el libro narra. Quizá porque en esa época las condiciones de vida eran muy similares para todos los que vivimos esos años.

Creo que lo que se puede sacar de positivo es la sensación de “no haber estado solo” en esa travesía vital y que todos, aunque sea al final, podemos no darnos por vencidos, actuar, introducir algunas variables en nuestra vida a ver qué pasa y darnos otra oportunidad.



¿Crees entonces que quizá no se sentirán tan solas, que el que no se consuela es porque no quiere?

Lucía Parrilla:

Sí, puede ser. Pero también hay un grupo de personas “patológicamente inconsolables”, lo cual es una forma lamentable de estar en la vida. No obstante, yo las animaría a ser valientes por una vez tan sólo. O que lleven la resignación al terreno religioso, que aporta también un consuelo. Lo que ocurre es que a mi protagonista le falta ese asidero de la fe.

De todos modos, confío en que cada cual pueda sacar su propia conclusión de autoayuda, aunque el libro de ninguna manera fue concebido para tal fin.



¿Una novela tan localista puede tener un público fiel fuera del entorno de la historia?

Lucía Parrilla:

Creo que sí, porque lo principal no es lo que sucede en ese entorno, sino en el interior de cada cual y en ese campo de las emociones humanas todos somos tan parecidos...



Otro aspecto a destacar es la importancia que le das a las relaciones entre padres e hijos. ¿Ha cambiado algo a lo largo de los años o crees que el comportamiento de unos y de otros sigue exactamente igual?

Lucía Parrilla:

Hay un refrán local que dice “Los escarabajos, a sus hijos le llaman soles”. Significa que para nosotros nuestros hijos son lo más maravilloso del mundo. Incluso nos hacemos voluntariamente ciegos a sus defectos, que vemos perfectamente en los hijos de los demás.

Pero hay casos en los que muchos padres frustrados en su proyecto de vida, esperan resarcirse de su fracaso a través del triunfo de los hijos. Hay que tener mucho cuidado con esto, y amarlos lo suficiente para aceptar que escojan por sí mismos su propio camino hacia la relativa felicidad que puede esperarse en este mundo y estar a su lado en sus equivocaciones, pero al menos, que tanto una como otras, sean escogidas libremente por ellos. Los padres podremos mostrarles los caminos (pero sólo los que nosotros hemos transitado, o referirles experiencias aprendidas en cabeza ajena), pero al final creo que ellos son mucho más sabios con su vida que la que podríamos transmitirles con la nuestra.



Cuando nuestros sueños no se cumplen intentamos crear en nuestros hijos un clon de lo que a nosotros nos hubiera gustado ser. ¿Crees que el protagonista se siente frustrado por no conseguirlo con su hijo?

Lucía Parrilla:

La frustración que el protagonista siente hacia su hijo, que se ha ido convirtiendo en indiferencia, es más un reflejo de su propia frustración. En cuántos casos ese “amor por los hijos” no va teñido de “amor propio”. Por eso creo que es tan importante la introspección, y en ese aspecto, mi protagonista es implacable, lo cual le permitirá, antes de que sea demasiado tarde, salir de su mundo egocéntrico y autodestructivo y descubrir la salvación en el amor a sí mismo y a los que le rodean.



Una de las cosas que más me ha gustado es el cuidado que pones en el lenguaje. ¿Se está perdiendo el gusto y las claves del uso del lenguaje en algunas publicaciones?

Lucía Parrilla:

Al igual que mi personaje, yo fui una lectora precoz. Y tuve la "suerte" de que por entonces no hubiera literatura infantil o juvenil. Así que tuve que empezar muy tempranamente por los grandes clásicos y algo se pega en cuanto a riqueza de vocabulario. Es verdad que ya de mayor, he disfrutado muchísimo con Enid Blyton, con Richmal Crompton (y su Guillermo el travieso), con Lucy Maud Montgomery (y su valerosa Ana de las Tejas Verdes, desde su infancia hasta su vejez), con Elena Fortún (y su “Celia”) y actualmente con J. K. Rowling y Jonathan Stroud (libros que compro para mí, pues a mis hijos ya se les “ha pasado la edad”).

Cuando a los cuatro o cinco años descubrí la lectura, se me abrió mi limitado mundo. Puede que de haber existido la televisión, nunca hubiera tenido esa oportunidad, no lo sé. Por otra parte, algo habrá de genética, pues mi abuelo, mi padre y sus hermanos eran excelentes narradores y cuando se ponían a referir algún suceso, anécdota o experiencia de sus vidas, congregaban a su alrededor a un corro de oyentes.

De todas maneras, en la narrativa actual hay autores ante los que me quito el sombrero (y no me pongo verde-amarillenta porque no soy envidiosa), pero admiro cómo usan la palabra, de un modo que yo no haría ni en mil años. En cambio, cuando leo uno de estos best-sellers, pródigos eso sí, en tramas trepidantes, rocambolescas o de un furioso romanticismo, pero con un estilo tan ramplón y simplista, sufro una barbaridad.

Pero tampoco me gusta hacer del lenguaje algo retorcido y casi ininteligible, algo a modo de “jerga elitista” y convertirlo en un fin en sí mismo, en lugar de un medio de comunicación.



Esta es, si no me equivoco, tu primera novela. ¿Has probado antes con algún otro género?

Lucía Parrilla:

La ignorancia es la madre del atrevimiento. Escribí esta novela con apenas media docena de relatos breves a cuestas. Y , claro, también con esas “poesías” satíricas que se leen al final de las comidas de trabajo, repletas de alusiones a lo acontecido en el mundillo laboral y llenas de chistes privados. Incluso hice una tragicomedia iconoclasta parodiando en verso una de nuestras leyendas locales. Locuras para pasar el rato.



Dinos, ¿qué se siente cuando ves publicada tu novela, tu esfuerzo, con tu nombre impreso y tu historia encuadernada?

Lucía Parrilla:

En principio, miedo y una gran responsabilidad al exponer tu obra a la crítica del público, que no es tan benevolente como tu familia, sufrida oyente de tus primeros pinitos. Pero cuando realmente disfruté fue mientras la escribía, esos momentos mágicos en los que parece que alguien escribe a través de ti y sientes la emoción de expresar algo que llevas muy dentro e incluso has estado reprimiendo expresar años y años por ese pánico a la hoja en blanco.

La presentación del libro, tanto en mi pueblo, como en Sevilla, fue muy emotiva, pero estuvo empañada para mí por la preocupación y el dolor, pues entre ambos acontecimientos transcurrieron los días finales de mi madre que, por su estado, ni siquiera fue consciente de la nueva actividad emprendida por su hija en estos últimos años.



Supongo que tienes algún proyecto nuevo. ¿Para cuando?

Lucía Parrilla:

Inmediatamente después de “El forense” escribí una novelita juvenil en clave de humor, “Tommy´s men y el fantasma del Carrascal”, un guiño a esta literatura que no pude leer en mi infancia. Mis hijos son los protagonistas, pues al pequeño le hacía ilusión aparecer en algún libro y lo convierto en un detective que, acompañado por sus amigos, desentrañan un misterio de rabiosa actualidad aún no resuelto. Es posible que la edite la “Fundación Ilugo”, de mi pueblo natal, dentro de sus proyectos futuros.

Ahora llevo a medias esos cuentos que inventaba para hacer comer a mi hija mayor, el gran tormento de las madres primerizas, y en el prólogo le pido perdón por haber semitraumatizado su infancia con mi solicitud nutricional. Se llamarán “Cuentos para una niña inapetente”, pero creo que se quedarán en una autoedición limitadísima, sólo para regalar a mis hipotéticos nietos.

También sigo con mis colaboraciones en la revista digital “Otrarealidad.net” y prefiero no hacer más proyectos y dejar que el azar gobierne en parte mi vida.



Ha sido un placer leer tu libro y conocerte, Lucía. Mucha suerte y hasta pronto.

Lucía Parrilla:

El placer ha sido mío y os agradezco de corazón tanto a ti, Celia, el interés que has puesto en la lectura de la novela y en la elaboración de esta entrevista, como a Anika, por hacerme un hueco en su magnífica web. Un abrazo muy fuerte.

 

Celia Santos © www.ciberanika.com

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