ENTREVISTA
Hola, José Ignacio. ¿Cómo nace tu interés por la egiptología?
José Ignacio Velasco Montes:
Ante todo daros las gracias por la entrevista, para lo que os habéis tenido que
leer la novela y más en concreto a ti, Pilar, que es con la persona con la que establezco
el contacto.
Como se aprende en
periodismo, las bases de cualquier noticia
son siempre esas cinco cuestiones a contestar: qué, cuándo, cómo, dónde y porqué.
Pues siguiendo ese orden, contestaré a las cinco en un, espero que no demasiado
largo, predicamento. Diré que la de
Egipto fue una civilización por la que
me sentí atraído desde muy joven. Era un tema del que se hablaba en mi familia pues
mi abuelo y mi padre ya estudiaban el tema con interés cuando era menos que un niño.
Mi abuelo, un médico rural en Extremadura, se marchó a Egipto por un tiempo de unos
8 meses en el año 1921 o 1922 [nunca lo he sabido con exactitud] al poco de acabar
la
Primera Guerra Mundial. Y debió ser una experiencia importante en
su vida, pues marcó un hito en la misma. Y esas vivencias, de la que siempre hablaba
con mucha seriedad, era lógica pues en aquellos momentos, pocos, muy pocos españoles,
podían decir: “He estado en Egipto” y he visto, he tocado, las pirámides, los templos,
las canteras de Assuan, la isla de Filae y tantos otros sitios a los que era tan
difícil, sacrificado y arriesgado llegar.
En ese ambiente de conversaciones,
libros de Egipto e incluso algunas piezas,
como restos de porcelanas, un ushebti, fotos hechas por mi abuelo (realmente daguerrotipos
de no mucha calidad), y de algunas cosas más, eran motivo, allá en el Badajoz de
los años 1948 y siguientes, de reuniones en las que, por mi eterna curiosidad me
dejaban asistir siempre que cumpliera una condición: “No abrir la boca”, cosa que
tuve que obedecer hasta alcanzar una determinada edad. Pero para entonces ya había
leído y aprendido algo, lo que me permitía hacer preguntas con la suficiente lógica
como para ser contestado, en vez de enviado a la calle a jugar.
Recuerdo mis escapes a la
biblioteca de mi padre a horas tan desusadas
como nocturnas para leer el enorme libro de Dumichen
& Meyer.- Historia Universal Tomo I,
de la Editorial Muntaner y Simón, publicado en 1.890 y que he tenido y tengo el
placer de poseer por herencia, junto con otros que son, para mí un tesoro, como,
Viaje por el Nilo, de
E, V. Gonzenbach, primera
edición de 1890, también por Editorial Muntaner y Simón, o el “El
Egipto misterioso” de
Eduardo Alfonso, primera
edición del 16 de Enero de 1936 y otros tantos que he podido salvar de la diáspora
de libros que ocurren en las familias a lo largo del tiempo.
En resumen, es fácil adivinar que esa curiosidad infantil fue madurando con el tiempo
y se ha convertido en lo que es en la actualidad: una “grave obsesión” de saber
más y exponerlo para el disfrute de los que quieran leerme.
Antes de comentar en profundidad
“El
horizonte de Keops” y la saga que has iniciado me gustaría
conocer tu opinión sobre un tema controvertido: La novela histórica puede decirse
que está “de moda”, pero es un género que suscita puntos de vista muy diferentes.
Hay quién opina que la historia es historia y la novela es novela, y también existen
los que afirman que novelar acontecimientos es una manera de acercarlos a un público
que, quizá, no los conocería porque no están interesados en la Historia como tal...
José Ignacio Velasco Montes:
Es una buena pregunta. Hace apenas un mes, hemos tenido por uno de los
foros de Egiptología, un profundo debate
sobre este tema de la Novela Histórica. Ha habido un gran número de intervenciones,
y la conclusión final muy positiva: la novela histórica es muy útil para que las
personas sepan, conozcan y se introduzcan en el estudio de Kemit, el “País de las
Dos Orillas”, como le llamamos cuando se está dentro de la temática.
He de decir que, aunque al género literario se le llama “Novela histórica”, personalmente
a mi obra la clasifico como “Historia novelada”, y este distingo es algo, al menos
para mí, más que un matiz. Mi saga “Tiempos de
pirámides”, es un estudio de una época muy alejada en el tiempo:
Imperio Antiguo, Dinastía IV, y se inicia con el rey Snefru [2.613 antes de Cristo],
es decir un tiempo tan lejano como hace 4.620 años antes de la actualidad.
Por tanto, con las notas que he logrado reunir a lo largo de muchos años, empecé
a crear una base de datos en 1960, buscando, espulgando libros, escudriñando revistas
y viajando a Egipto [primer viaje en 1962 como paso del Ecuador de la carrera] y
desde entonces he logrado reunir una gran cantidad de datos, con una alta proporción
de fiabilidad, sobre personas, sucesos, ambiente y modo de vida como para poderme
atrever (soy un osado, lo reconozco) a escribir historia novelada sobre esa época.
Y en ese tiempo he reunido una biblioteca con más de 600 libros y revistas sobre
Egipto y, paralelamente mi base de datos en el PC., sobre el Imperio Antiguo, supera
las 1.200 páginas en Word. Una base que cada día, fruto de lo que se publica, es
corregida y / o ampliada según el caso.
Es bien sabido que “cualquier cosa es mejor que nada” y, en consecuencia, para atraer,
llevar, orientar hacia Egipto, una novela es un buen acicate. Todo el mundo conoce
“Sinuhé el egipcio” de
Mika Waltari, y son miles de personas
las amantes del Egipto Antiguo que supieron de él a través de esta novela. Por tanto,
pensar que un museo va a conseguir lo que una novela es, sin duda, una utopía de
gran calibre. El orden es, en mi opinión, novela o película, museo, curiosidad,
lectura de libros, viaje al “Don del Nilo” y finalmente el amor por esa cultura.
Y si no se llega al amor, es evidente que nunca más le será indiferente al que ha
vivido las etapas anteriores.
...Es bien sabido que “cualquier cosa es mejor que nada” y, en consecuencia, para
atraer, llevar, orientar hacia Egipto, una novela es un buen acicate...
Nos presentas a un rey Keops muy humano, llano, con principios sólidos y poco protocolarios...
¿Sabemos por lo que nos ha llegado que fue así o es una recreación tuya?
José Ignacio Velasco Montes:
Es importante contemplar la historia sin apasionamiento, con un mínimo de objetividad.
De Keops se sabe muy poco y es curioso contrastar lo paradójico que resulta tener
la pirámide de más tamaño del
planeta Tierra, y que sólo haya de él
una estatua de 7 centímetros, en marfil, y unas pocas inscripciones de su cartela
en diversos puntos. Y al lado de ello, el mayor ataque contra un rey egipcio como
son los comentarios de Heródoto de Halicarnaso, el “Padre de la Historia”, en su
“Historia, Volumen II, “Euterpe”, en el que unos sacerdotes ponen en boca de este
historiador, una serie de hechos que por sí mismos se descalifican.
Si es cierto que “Por mis hechos me conoceréis”, la ingente obra de Keops lo califica
como un hombre humano, sencillo, que luchó por su pueblo, por su familia, por su
país, colocando
al clero de docenas de templos en su sitio para poder mejorar la
economía de Egipto. Y es en esa lucha por su país, en contra del siempre prepotente
y avaricioso clero, el factor que le descalifica con la historia que le cuentan
los sacerdotes, 2.000 años más tarde a un Heródoto que no analiza el informe y sólo
lo repite. Pero si lo que dice se analiza, veremos que carece por completo de fundamento.
Es esta visión, pensada, ponderada y analizada sobre los datos de la posible vida
de Keops, lo que me ha llevado a verlo como lo expongo en los tres volúmenes en
los que analizo su vida: “El faraón Snefru”,
“El faraón Keops” y “El horizonte de Keops”, y es que
la vida y la obra de este rey se reparte entre los citados volúmenes, mostrando
un rey, humano, enamorado, aventurero, luchador, amigo del misterio y de la magia,
predispuesto a un nepotismo pragmático [aspecto que no se le puede negar pues colocaba
en los sitios clave a los que eran de su confianza y gracias a ello creó una administración
que llevaría al país a uno de los momentos de mayor esplendor] y cuya ingente obra
ha superado el paso del tiempo. Pero de este rey Keops, en su etapa de joven príncipe,
en la que muestra la personalidad que va a hacer de él lo que fue, ya se muestra
en el primero de mis volúmenes; “El faraón Snefru”,
que es el padre de Keops, que lo va preparando para el futuro como rey que se le
aproxima conforme va discurriendo el tiempo.
Por tanto, a la pregunta recibida, la respuesta es: ¿Cómo saber cómo era la personalidad
de ese rey? Personalmente, por su obra, lo veo de la forma en la que lo expongo.
También las reacciones de los
personajes principales y del
propio Egipto como nación son tremendamente sabias...
José Ignacio Velasco Montes:
Es evidente que los personajes cercanos al rey no podían ser tontos, al menos del
todo. Eran personas con el máximo nivel de conocimientos del momento. Eran personas
educadas en las “Casas de la Vida”, que eran el equivalente a las actuales “Universidades”.
Y estos iniciados, eran los que se ocupaban de la administración, de la
arquitectura, del pensamiento religioso,
de la medicina, de las relaciones con los problemáticos países vecinos, de controlar
la
economía, seguir el curso de los astros y saber con seguridad las
fechas para la agricultura, las ceremonias religiosas y otras muchas cuestiones.
Todo ello y un sin fin más de aspectos, hicieron que el país llegara al lugar que
ocupó durante más de 3.000 años.
Nos muestras a cuatro esposas de
Keops (una ya fallecida). ¿Los faraones tenían un número determinado de esposas?
¿Se las trataba por igual? ¿Cómo funcionaban este tipo de matrimonios?
José Ignacio Velasco Montes:
Siempre se ha pensado que los antiguos egipcios eran polígamos, pero eso no es cierto.
Pero sí se ha dicho que los reyes egipcios tenían varias esposas y así era. Esta
poligamia sólo la practicaban los reyes y era por varios motivos:
1.- Asegurarse el suficiente número de hijos para que no se perdiera
la dinastía.
2.- El poder de ser el rey se adquiría por vía “matrilineal” y
en consecuencia, casarse con una hermana, o con otra pariente real que tuviera estirpe,
eran “puntos” que adquiría el rey.
3.- Casarse con una princesa de un país vecino, era asegurarse unas
buenas relaciones con él, lo que era, obviamente, una sana política de frontera.
4.- El rey era hombre, y como tal tendría su capacidad de enamorarse,
de ver a una mujer que le hiciera “tilín” y en consecuencia la quisiera por razones
no políticas, como es “hacer el amor” por estar enamorado, cosa que veo que sería
más difícil y menos agradable con su hermana, con la viuda del anterior rey, o con
la hermana de su madre, y no creo que se precise dar más explicaciones.
Por tanto, con unas por amor, con otras por política, la
vida sexual de un rey egipcio, con cuatro
o más esposas, debía ser un complemento más a su trabajo de rey, cuyo conjunto de
aspectos le obligaría a lo que actualmente llamamos “plena dedicación”.
Vemos que la primera esposa no era
la más apreciada por Keops... ¿Qué determinaba ese posicionamiento? Ya sabes: Primera,
segunda, tercera, cuarta esposa...
José Ignacio Velasco Montes:
Creo que tácitamente va contestada en lo dicho con anterioridad. A más importante
era una esposa, con cierta seguridad podemos decir que le habría sido más impuesta
por razones políticas y, posiblemente no fuera la que más profundamente era dueña
de su corazón como hombre, que no como rey. Y así sucesivamente, es factible y probable,
que alguna de las menos principales, fuera la dueña de su corazón y con la que compartiera
sus noches de hombre, posiblemente tan distintas de las noches de rey.
Es curioso tratar esta cuestión, pues este tema del amor rey con sus esposas es
un asunto básico en el estudio de mis tres novelas, que comienzan con el rey Snefru
y su esposa la reina Madre Hetep-Heres, que es la madre del rey Keops, y en el segundo
volumen todos los amores del rey Keops con las esposas obligadas y con las que realmente
deseaba hacerlo al estar en su corazón y con las que, en verdad comparte su vida
hasta la vejez total.
En una
saga, de la extensión como la que estoy haciendo, son muchos los
temas que van surgiendo, y en cada volumen se tratan en profundidad algunos de ellos,
y superficialmente otros. Es la acción, las vidas, las situaciones, paradójicas
a veces, con su discurrir, las que nos obliga a incidir y aclarar esos cientos de
detalles de la vida cotidiana por los que todos mostramos interés. Amores, relaciones
entre hijos, compartir el marido entre cuatro o más esposas, ¿quién reinará a la
muerte del rey? y docenas más de aspectos que se nos antojan tan complicados como
interesantes.
Los príncipes (hijos del faraón)
y sus familias parece que se disputaban encarnecidamente la sucesión. ¿No existían
privilegios para el primogénito? ¿Cómo se nombraba sucesor?
José Ignacio Velasco Montes:
Estos aspectos estaban más o menos establecidos, pero en absoluto estabilizados.
Los pormenores de sucesión eran curiosos a veces, sangrientos en ocasiones, y de
difícil solución en otros reinados. Precisamente, en la cuarta novela, que estoy
escribiendo, se trata este tema de la sucesión en profundidad.
A
la muerte de Keops, no está nada claro el aspecto de sucesión y la
lucha entre familias es un tanto descarnada, con ambiciones desmedidas y claras
batallas intestinas.
El rey que gobierna, señala un terreno y proporciona unos fondos para una mastaba
a cada hijo que no quiere que le suceda. Y no le da nada al que cree que es el adecuado
para sucederle. Éste, cuando sea rey, se deberá hacer una pirámide o una gran mastaba,
según la idea que tenga sobre su “Casa de la Eternidad”. Al menos así era en el
Imperio Antiguo.
¿Los magos formaban parte habitual
de la vida de los faraones?
José Ignacio Velasco Montes:
En una serie de relatos que hay sobre esta época, en la corte siempre hay magos
y las novelas y las películas nos los muestran convirtiendo un bastón en una serpiente
o haciendo revivir un ganso decapitado. Estos conceptos se basan en cuentos egipcios
de aquella época, traducidos por grandes arqueólogos que los han sacado de papiros
de época. Así, al rey Snefru, le presentan en papiros de aquellos lejanos tiempos,
como un gran aficionado a escuchar
cuentos que le narran sus hijos. Y en
estos relatos, bastantes personajes son magos. Keops, en los volúmenes primero y
segundo de esta saga, tiene sus magos, y según tratados árabes, se considera que
el primer
libros de magia y alquimia estaba escrito por Keops, lo que nos responde
con claridad a la pregunta.
Hablando de
magos... Nos los muestras más
como descubridores-inventores que como personajes preocupados por lo esotérico.
¿Cómo eran en realidad?
José Ignacio
Velasco Montes:
Es reincidir sobre lo dicho, en el volumen tercero presento a unos magos en una
etapa curiosa de su evolución en la corte, es un momento en el que, como parte de
esos conocimientos, están tratando de endurecer el cobre. Pero son los magos de
los que ya se han expuestos muchos de sus trabajos, pensamientos y acciones en los
volúmenes anteriores. Esoterismo, exoterismo, alquimia, magia negra, magia blanca
y otros aspectos, como la oniromancia o lectura e interpretación de los sueños y
otras cuestiones, son parte de lo que se sabe o se cree saber de estos expertos
en magia, amuletos, o el uso de la palabra (la palabra es la mayor de las magias
y la que más poder tiene). Muchos de estos magos eran iniciados, sacerdotes con
tales conocimientos que les permitía ser taumaturgos, es decir, hacedores de milagros.
Se dice que Jesucristo, durante esos casi treinta
años de vida privada, de la que no se sabe nada, los pasó en Egipto iniciándose
en la sabiduría, en la taumaturgia, antes de realizar su vida pública en el actual
Israel: pero esto es algo que se dice y en lo que no entro ni expongo mi opinión
de católico.
¿Escribió Keops el primer libro de
magia que se conoce?
José Ignacio Velasco Montes:
Se admite o al menos se ha expuesto muchas veces desde diferentes orígenes, que
el primer libro de magia fue escrito por Keops y sus magos. La palabra “Alquimia”,
que es magia en cierto modo, tiene su origen en Egipto. La palabra Kemit, era el
nombre antiguo de Egipto. El presunto libro de magia que escribió este rey, se pudo
llamar Kemi (que significa “Tierra negra”) y más adelante los árabes le pusieron
delante el prefijo “Al” se transformó en “al-kemi” de donde vino lo de “alquimia”.
Y esto es lo que le convierte en el primer libro de magia según lo citado por autores
árabes posteriores en el tiempo. Pero esto forma parte de ese exoterismo y esoterismo
del que hemos hablado más atrás.
...Se dice
que Jesucristo, durante esos casi treinta años de vida privada, de la que no se
sabe nada, los pasó en Egipto iniciándose en la sabiduría, en la taumaturgia, antes
de realizar su vida pública en el actual Israel...
Tu protagonista, el sirio Humupep,
es un hombre con auténtica hambre de saber ¿Te ha servido para poner en su boca
reflexiones que deseabas transmitir?
José Ignacio Velasco Montes:
En principio no es, ni ha sido mi intención, pero es evidente que todo escritor
deja algo de sí mismo en algunos de los personajes. Humupep es un colega de profesión
y en cierto modo muestra la mentalidad y personalidad que muchos de los médicos
tenemos en nuestra vida y en el ejercicio de la profesión. Siempre deseamos saber
más, ir más lejos, ser mejores, poder ayudar un poco más. Es posible que mi subsconsciente,
en cierto modo, se haya mostrado por la boca y la conducta de ese personaje. Es
curioso que me hayan llegado ya muchos E-mail en los que me dicen que Humupep es
un personaje muy especial y positivo.
Por tanto es factible, que no intencionado, que alguna reflexión de su boca sea
en cierto modo lo que querría exponer con la mía.
Volviendo a Humupep... ¿Es su historia
un viaje iniciático?
José Ignacio Velasco Montes:
La iniciación es, en su más amplio sentido, educir el aspecto divino del hombre.
Y es un iniciado aquel que ha sido admitido al conocimiento de los
misterios por medio del desarrollo sistemático
de las potencias de su corazón y de su mente. Lo dicho es posible que no aclare
mucho, pero es así. Humupep es miembro de una familia con medios económicos. Pero
es una persona inquieta, llena de curiosidad, como tantos de nosotros. Sabe, intuye
que hay, que tiene que haber algo más que lo que puede ver y tocar, y sale a buscarlo.
Este es un hecho normal, frecuente entre los que tenemos una cierta inquietud espiritual,
o al menos personalmente así lo veo.
Es por ello que Humupep
se encuentra en un viaje, en su viaje de iniciación. Pero el suyo es ya un viaje
añejo, muy anterior al momento en el que aparece en esta tercera novela de Tiempos de pirámides. Sus experiencias
anteriores a su llegada a Egipto, aparecen a veces en forma de flashback.
Pero a pesar de sus observaciones, no se encuentra satisfecho y sigue buscando.
Y lo hace pues hay aspectos que no ha logrado encontrar y cree que podrá ser en
Egipto. Sin embargo, tras mucho tiempo y un gran incremento de sus conocimientos
y experiencias, lo único que le falta por adquirir, por conocer, lo va a encontrar
lejos de todo lo que conoce. Y es el
amor, que es la llave que hace que la
persona, como ser humano, alcance la plenitud y se estabilice.
Por tanto, ¡sí!, Humupep se encuentra en un viaje de iniciación que cuando lo termine
y encuentre el amor, pasará de niño grande y sabio, a ser un adulto.
¿Fue real la guerra y posterior acuerdo
entre Egipto y Creta?
José Ignacio Velasco Montes:
Difícil pregunta. Hubo contactos de este tipo,
guerras de tipo comercial más que por
otras motivaciones. Pero no hay una constancia exacta sobre los acuerdos. Como autor,
en ocasiones me permito el uso de la concedida licencia con la que contamos los
escritores y exponer cómo me gustaría que fueran las cosas que, sin embargo, por
la ambición de unos pocos, nunca son así, pero podrían serlo.
Nos sigues mostrando, tras la confrontación
entre esos países y su aliado, una sociedad tolerante y justa... ¿Crees que fue
así?
José Ignacio Velasco Montes:
En gran parte ya ha sido respondida la pregunta pero, descubriendo, adelantando
un poco, pero casi nada de lo que estoy escribiendo en estos días en la cuarta novela,
Tiempos de pirámides (4) El faraón Djedefre,
he de decir que los hechos en Creta, van a tomar, con el paso del tiempo, como casi
siempre, unos derroteros imprevisibles aunque habituales. Pero eso es ya de la siguiente
novela de la saga.
José Ignacio... ¿Por qué las tumbas
faraónicas tenían forma piramidal? ¿Simbolizaba algo?
José Ignacio Velasco Montes:
La forma piramidal, utilizada durante un tiempo, fue el fruto de un concepto religioso
de ese momento. Inicialmente se usaron, las mastabas, con forma de paralelepípedo.
Varias mastabas, unas encima de otras dieron lugar a la pirámide escalonada, una
verdadera escalera que ayudaría al rey a subir hacia las estrellas que había alrededor
de la estrella Polar, a las que se llamaba “Las Imperecederas”. Afinando estructuras,
para subir más, surge la pirámide verdadera, que es ya muy parecida a la piedra
primigenia, el Benben, que fue lo primero que apareció entre el caos de la nada,
cuando Atum decidió crear el mundo. Y además, la pirámide era la representación
clara de los rayos de sol (Sol = Ra) cuando salen entre las nubes y, por tanto,
las pirámides serían “Rayos de sol petrificados”
Más adelante, las costumbres cambian, los conceptos religiosos evolucionan, y se
pasa a los hipogeos y otro tipo de tumbas.
En el tema de las
pirámides... Desde hace algunos
años se sabe que esa estructura, cuando está orientada al Norte y posee unas proporciones
adecuadas actúa como un potente canalizador de energía. Se han hecho millones de
pruebas con plantas, alimentos e incluso personas... ¿Qué opinas tú?
José Ignacio Velasco Montes:
Sí, he leído mucho de esos conceptos; hay una gran cantidad de libros escritos sobre
esta temática y tienen un público devoto. Sobre este aspecto hay autores, generalmente
los más ortodoxos, que no aceptan este tipo de opiniones y no los consideran en
sus trabajos. Hay otros autores, los heterodoxos, para los cuales estos aspectos
son los que priman y a ellos dedican todas sus potencias, sus investigaciones y
sus escritos. Y es que, como todos sabemos, las monedas tienen dos caras.
La pirámide de Keops es un misterio
en sí misma... Posee una orientación casi perfecta al Norte geográfico, lo que teniendo
en cuenta el desplazamiento continental y los terremotos significa que su orientación
original era más exacta. Por otro lado, la planta ocupa unos cincuenta y tres mil
metros cuadrados y las dimensiones de sus caras se han establecido como sigue: E
230,4 m, W 230,35 m. N 230,25 m. S 230,45 m. Si bien ninguna de esas longitudes
es idéntica, la diferencia entre el lado más corto y el más largo es de sólo 20
cm. El grado de inclinación de las cuatro caras está perfectamente calculado geométricamente
basándose en los números Pi y Phi... (Ingenieros y matemáticos han demostrado que
La Gran Pirámide implica el valor Pi dado en 3,144 (se aproxima bastante al que
nosotros utilizamos y que no fue calculado hasta el siglo VI) La altura de la pirámide
de Keops equivale a la millonésima parte de la distancia que media entre la Tierra
y el Sol...
¡Buf...! ¿Qué puedes decirnos sobre este tema, José Ignacio?
José Ignacio Velasco Montes:
Se ha dicho de la pirámide de Keops, mal llamada la “Gran Pirámide”, pues su nombre
es “El
horizonte de Keops”, que es una recopilación matemática,
una Biblia de piedra que recoge todo el saber del pasado, el presente
y el futuro y en ella, sabiendo buscar, se puede encontrar todo.
Se han dicho tantas cosas que no es este el lugar más adecuado para que las enumere.
Realmente hay muchas cuestiones y dimensiones forzadas en todos esos cálculos. Hay
teorías para todos los gustos y algunas son delirantes y otras posibles.
Personalmente, que
he estado dentro de ella en ocho ocasiones durante horas, pienso que hay cosas que
no se conocen, cosas que irán apareciendo [es posible que haya más salas, conductos
y escondites que no se han localizado todavía, pero que se sospecha una posible
existencia] y otras, conocidas, pero quizá mal interpretadas de las que se llegará
a saber su función y que se acabarán interpretando; pero la pirámide, de momento
es eso, una pirámide, la presunta tumba de un rey.
¿Y la Esfinge? ¿Qué simboliza un
rostro humano y un cuerpo de felino?
José Ignacio Velasco Montes:
La Esfinge de Gizeh, es un misterio cuyo conocimiento ha hecho correr
ríos de tinta. Su nombre es: “El Guardián del Horizonte”. ¿De qué horizonte?: del
“Horizonte de Keops” que acabamos de decir que es el nombre de su pirámide. Y esto
nos lleva a decir que dicha esfinge no es la representación de Kefrén como de forma
sistemática se ha venido diciendo, sino que la hizo Keops, para proteger su
tumba por los siglos de los siglos,
y su rostro es el de Keops, sobre un cuerpo de león, considerado como el más noble
y fuerte de los animales. Y esa Esfinge siempre mira al noreste, el lugar por el
que siempre entraron los enemigos de Egipto.
Hay quien afirma que existe una cámara
bajo esa Esfinge...
José Ignacio Velasco Montes:
Se han escrito muchos libros, algunos con dibujos exactos de las salas, las bibliotecas,
los pozos y toda clase de aspectos de la cuestión del subsuelo de la esfinge, que
sólo son, de momento, fantasía y elucubraciones. Se ha dicho que allá podrían estar
los famosos libros de la sabiduría escritos por el dios Thot. Y como ellos, muchas
otras cosas. A mí me gustaría que se encontraran esas salas, pero toda clase de
estudios, desde las crueles barras de hierro de los primeros tiempos a las gravimetrías,
resonancias y otros métodos actuales que no alteran nada, sólo muestran que no hay
nada debajo.
En tu libro nos muestras a los trabajadores
de la Gran Pirámide como asalariados... ¿No es cierto entonces que se utilizaban
esclavos o existieron ambos casos?
José Ignacio Velasco Montes:
Recuerdo que la primera vez que vi las pirámides, su perfección, su acabado, su
ajuste, mi primer pensamiento fue recordar algo que había leído: “Las pirámides
se hicieron con amor”. Y eso es una gran verdad. En Egipto, al menos hasta
muy avanzada su evolución en el tiempo, es decir, hasta que no llega lo que llamamos
“civilización”, llevada de la mano de griegos y romanos, no hay
esclavitud en Egipto.
Con la llegada de los
griegos y los
romanos, dos características (entre
otras muchas más) de la civilización egipcia desaparecen:
1.-
Los derechos de la mujer, hasta ese momento en todo igual a los de los hombres,
con los griegos y los romanos, desaparecen y hacen de la mujer una esclava del hombre.
2.- Los griegos y los romanos establecen, de forma clara, la esclavitud de los que
no son de la élite o no pertenecen a la superioridad de los que eran ciudadanos
de esos países.
En el Imperio Antiguo, los trabajadores estaban protegidos por el Estado, tenían
horario, casas, comida, ropa, calzado y médicos que atendían los frecuentes accidentes
de trabajo. Y es curioso constatar que estos médicos (los sunus) eran buenos, muy
buenos, como se ha podido comprobar por los resultados de sus tratamientos, con
supervivencia de grandes lesiones traumáticas y perfectas reducciones de grandes
fracturas. Un esclavo no tiene un médico que lo atienda. Un esclavo herido, era
cuando llegan los griegos y los romanos, muchos años después, un esclavo muerto,
pues un herido no produce. No hubo, en mi opinión, esclavitud en Egipto en estos
tiempos iniciales.
¿Con qué materiales podían los egipcios
tallar bloques inmensos y encajarlos con tal precisión que no cabía un alfiler entre
las piedras?
José Ignacio Velasco Montes:
En el museo de El Cairo y en muchos libros, se puede ver el instrumental empleado.
Cobre algo endurecido por las imperfecciones del mineral, materiales repasados y
afilados con inusitada frecuencia, cinceles de piedras muy duras, bolas de dolerita,
mazas y almádenas de madera o de piedra y mucha paciencia y habilidad. Y no olvidemos
el roce continuado de unas piedras con otras. Ni tampoco, y en la actualidad se
puede ver en los sitios arqueológicos, a obreros trabajando al estilo de antaño,
y usando lo que sobra en ese maravilloso país, y es el “papel de lija para ajustar”,
que no es sino la abundante arena, que podemos interponer entre dos piedras, y que
al frotar, lo gasta y lo amolda todo.
¿Por qué una
civilización tan poderosa es ahora casi tercermundista?
¿Cómo fue el declive?
José Ignacio Velasco Montes:
La historia se repite a lo largo del tiempo. Es curioso constatar que el gran defecto
del humano es que lo olvida todo. Y lo olvida en escaso tiempo, y si no repasemos
la actualidad. Los sacerdotes por un lado, los intereses creados de los clanes por
otro, la pérdida de autoridad del rey, las rencillas entre familias, los errores
de sucesión, que llevan al poder al más tonto de todos los posibles para poder manipularlo
después, hace que se sucedan periodos buenos, de gran nivel y mejora, con otros
desastrosos, y poco a poco llega un momento, que como ha ocurrido, ocurre y ocurrirá
con todos los Imperios, se produce el declive y la desaparición.
Y eso fue lo que acabó haciendo desaparecer un Imperio que duró 3.000 años.
Bueno, José Ignacio... Creo que estás
trabajando en nuevas novelas de la saga...
José Ignacio Velasco Montes:
Es cierto, a mi edad, trabajar es lo más bonito que puede uno hacer. Leer, estudiar,
buscar datos, crear personajes y sus personalidades, y aprovechando lo que se conoce
de sus vidas, hilvanar una historia, unas aventuras, unos amores (no olvidemos que
el
AMOR es el motor que sigue haciendo girar el mundo), unas situaciones
que van mostrando el devenir y el progreso de esa civilización que atrae a millones
de personas de todo el mundo.
Es por ello que llevo ya más de doscientas páginas del cuarto volumen de Tiempos de pirámides. “El
faraón Djedefre”, que es la continuación del anterior y
en el que se suceden los problemas consecutivos a la muerte del rey Keops.
¿Tienes algún otro proyecto literario
entre manos?
José Ignacio Velasco Montes:
En este momento, estoy acabando de corregir y se está maquetando, recién terminado,
otro proyecto que es posible vea la luz muy pronto. No es novela, sino un libro
técnico, con más de cien fotografías inéditas en su mayoría, sobre el Egipto que
más me atrae: desde la
prehistoria hasta el final del Imperio
Antiguo. Cuando salga, yo mismo te avisaré de su existencia. Es, -al menos espero
que lo sea-, un estudio interesante, con una óptica distinta. Está dedicado a un
periodo que suele pasarse bastante por alto en la mayoría de los libros, a los que
parecen interesar mucho más otros periodos más avanzados, más modernos y sobre los
que hay más datos.
Y como lo difícil no me asusta, me he metido en ello y el tiempo, que como siempre
es el gran crisol en el que todo se funde y muestra la realidad de lo que es, tendrá
la postrera palabra.
Pues por mi parte ya está. ¿Te gustaría
añadir algo más?
José Ignacio Velasco Montes:
Nada más, animar a los lectores a que estudien Egipto, esa maravillosa civilización
de 3.000 años de la que sólo se ha descubierto un 30 %, pero que cada día hace aflorar
alguna
noticia de un nuevo descubrimiento. Y en ese estudio, la lectura
de Novela Histórica o Historia Novelada, es un buen principio por cuanto el autor
enseña deleitando con personajes vivos, con situaciones interesantes, con amores
que se viven como una tercera persona, con luchas, asesinatos, huidas, viajes y
toda clase de situaciones tan reales como entretenidas.
Quiero añadir aquí, mi dirección electrónica por si alguien quiere contactar conmigo,
y recibir respuesta, siempre contesto, y mi WEB, por alguien la quiere ojear ya
que hay datos sobre Egipto y sobre mi modesta obra (ver
página abajo, sección de enlaces)
José Ignacio, ha sido para mí un placer leer tu libro. Me ha resultado muy ameno
y muy gráfico. Lo que más me ha gustado es “esa lectura soterrada” que nos habla
continuamente de superación, aprendizaje y sabiduría. ¡Muchísimas gracias por la
entrevista y mucha suerte con la saga “Tiempos
de pirámides”!
José Ignacio Velasco Montes:
Soy yo quien debe daros las gracias por la oportunidad que me habéis brindado para
exponer mis ideas. Y poder hacerlo, además, sin limitación de espacio y así aclarar
una serie de conceptos que, siempre, como la bruma, quedan flotando en medio de
futuras promesas de publicación, y que al igual que esa bruma, ni los muestra, ni
los deja ver y finalmente las ideas se las lleva el viento.
Muchas gracias a todos, y en especial a ti,
Pilar López Bernués, con la que he tenido
el honor y el placer de dialogar.
Marbella 16 / 07 / 2007.
Pilar López Bernués ©
www.ciberanika.com
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