ENTREVISTA
Hola, Juan Ignacio. Vamos a comentar tu libro
Piedras Sagradas que va por su tercera
edición. ¡Enhorabuena! Casi al principio nos hablas del experimento de Miller y
las teorías de Juan Oró sobre el origen de la vida. ¿Qué crees tú?
Juan Ignacio Cuesta:
Juan Oró me convenció de que la vida tenía origen extraterrestre, lo que significa
que había venido en la cola de los cometas; en las grandes masas de hielo que se
precipitaron sobre
la Tierra y formaron el océano primordial que la fue enfriando.
El calor, la electricidad, la química y…, quien sabe si la casualidad dieron como
resultado la aparición de las primeras cadenas carbonadas, los primeros aminoácidos
y, poco a poco, la vida.
Nos hablas de la Tierra como de un organismo vivo ¿A qué te refieres exactamente?
Juan Ignacio Cuesta:
No hay que ser un gran científico para darse cuenta de que la Tierra, como compendio
de organismos, emula el funcionamiento de un gran ser vivo. Una serie de leyes no
escritas (poco a poco las vamos conociendo), mantienen un sorprendente equilibrio
que permite que exista la vida con las características que la conocemos. Mucha gente
lo niega aduciendo argumentos que creen rigurosos por su positivismo, pero se olvidan
de que no todo se puede medir y pesar y que hay cosas sutiles que posiblemente intervienen
en que todo salga bien a pesar de los
errores que se cometen. ¿No es eso vida inteligente?
¿No es una gran estructura que se autorregula? Pues bien, si usted no lo quiere
llamar así, yo sí, y mientras no tenga mejores argumentos para darme, la Tierra
se comporta como un ser vivo formado por millones de otros más pequeños, tal y como
sucede con el hombre.
James Lovelock tiene razón, a pesar de sus críticos.
Juan Ignacio... ¿Qué son las fuerzas telúricas?
Juan Ignacio Cuesta:
Dice el Diccionario de la Real Academia que Telurismo es: "Influencia del suelo
de una comarca sobre sus habitantes". Existe una constatación empírica de que el
bienestar de quienes están encima depende en gran manera de las funciones que cumple
todo lo que está debajo. Y se consigue la armonía a base de elementos vibrantes
energéticos que regulan ciclos no muy bien conocidos.
Los antiguos, a falta de otra
cosa, los imaginaron como serpientes, o como las venas del mundo y los llamaron
vouiwres y, curiosamente, la mayoría de centros sagrados del mundo están en lugares
donde se produce una gran concentración de estas energías sutiles a las que se les
niega la existencia como cosa de gente supersticiosa. Eso sí, luego se sorprendes
cuando van al médico y les diagnostica cualquier tipo de desarreglo por el mal uso
del teléfono móvil, por ejemplo, que emite también energías que nos afectan y que
no podemos ver.
¿Crees que los primeros hombres eran capaces de encontrar determinados lugares especiales?
Y en ese caso ¿cómo lo hacían?
Juan Ignacio Cuesta:
Lo hacían generalmente observando el comportamiento de los animales; de los fenómenos
naturales, y atendiendo a su propia intuición. Puedo asegurar que lelos no eran,
o no estaríamos nosotros aquí hoy. Todo cuanto pudieron emplear para ganar en comodidad
y seguridad lo usaron…, y así avanzaron
a través del tiempo. Es un acto de soberbia
insufrible la actitud de nuestro tiempo, bendecida por una parte de la comunidad
científica, pensando que los "hombres primitivos" eran distintos a nosotros en cuanto
a posibilidades racionales. Todo es una cuestión de desarrollo tecnológico.
¿Existe algún patrón para detectar un sitio "especial"?
Juan Ignacio Cuesta:
Depende de la sensibilidad de cada uno. No todo el mundo siente cosas en según qué
lugar. Y posiblemente las perciben en otros insólitos. Hay quien encuentra un santuario
en una calle de Manhattan, y quien necesita un lago, por poner dos ejemplos. La
condición de especial es objetiva, y lo que la hace subjetiva es nuestra sensación
y compromiso axiológico. Hasta los más escépticos encuentran lugares donde rendir
culto a sus particulares dioses, por decirlo de algún modo.
Parece que todo queda grabado en el entorno, de ser así: ¿esos sitios de poder lo
son por su ubicación o bien por el uso que se ha hecho de ellos durante siglos?
Juan Ignacio Cuesta:
Hay de todo. Unos son sitios de poder per se, como los que se encuentran en tierras
volcánicas o desiertos. Otros van recibiendo ese poder por la aportación de quienes
mediante sus creencias les añaden importantes eventos emotivos que permanecen en
el ambiente de un modo que no conocemos bien (¿memoria?, ¿intuición?).
Si usted
entra en un sitio donde ha sucedido una gran desgracia, aunque no lo sepa previamente,
seguro que notará "algo raro". Una sensación de inquietud que puede ir de una leve
molestia a una fuerte opresión. Pruebe a ponerse bajo la Gran Pirámide, o vaya a
una vieja mazmorra y lo comprobará.
Especialmente al principio, tu libro me parece un libro de Historia. Nos hablas
de ritos, dioses, culturas, costumbres, imperios, etc. desde los orígenes de la humanidad
hasta nuestros días ¿Qué te lleva a incluir esos capítulos?
Juan Ignacio Cuesta:
Es imposible analizar un producto cultural cualquiera de los creados por el hombre,
sin conocer el ambiente en que sucedió. En este sentido, la Historia, en todas sus
vertientes, es la disciplina fundamental para poder comprender. Quien no tiene una
idea proximada de cómo han sido las cosas en otros tiempos, difícilmente podrá entender
nada. Sobre todo porque dentro de nosotros permanecen restos de cuanto a sucedido
anclados en el inconsciente colectivo.
Cuando un edificio se construye sobre las ruinas de otro más antiguo ¿recibe parte
de su influencia? ¿queda algo que se transmita?
Juan Ignacio Cuesta:
Sí, porque el poder lo da la Tierra, sus estructuras energéticas internas, su composición
mineral, su magnetismo, los micromovimientos tectónicos. La suma de distintas fuerzas.
El hombre añade cosas, pero hay elementos preexistentes que permanecen a pesar de
las manipulaciones incorrectas.
Y casi relacionado con lo anterior: ¿Qué ocurre cuando se utilizan piedras muy antiguas
en una construcción nueva? ¿Hay algún tipo de influencia o sólo la hay si esas piedras
estaban ubicadas en lugares especiales?
Juan Ignacio Cuesta:
Todos los materiales que se emplean en la construcción son susceptibles de reutilizarse.
El hecho de que en un lugar sirvieran como soporte transmisor de algo, no significa
que esta circunstancia se repita. Insisto, es la propia Tierra, independientemente
de lo que cada piedra pueda aportar.
La iglesia de Los Arcos en la localidad riojana
de Tricio, es una prueba. Fue mausoleo de una familia de romanos, y ahora es una
iglesia. Sus piedras son las mismas, pero en distinta posición, y no tienen nada
en especial. Es el lugar el que vibra. Aunque hay casos en que esto puede ser de
otro modo.
Parece que históricamente los hombres han buscado sitios muy energéticos para destinarlos
a templos, sepulcros... en definitiva para la comunicación con los "dioses" y la
otra
vida después de la muerte...
Juan Ignacio Cuesta:
Algo que separó definitivamente al hombre del animal fue la búsqueda de lo trascendente,
la incorporación de la creencia en que algo sutil quedaba tras su muerte en alguna
parte perceptible. Parece ser que muchos enterramientos se practicaron en lugares
donde la sensación de que ahí estaba los espíritus de los antepasados, era especialmente
fuerte, independientemente de que esto sólo fuera una creencia, y la realidad física
tenga otro fundamento.
Pero hay algo indudable: los monumentos más antiguos, los
megalíticos, servían de enterramiento y ocupan normalmente lugares que aún hoy son
singulares por una u otra razón.
Los enclaves usados por culturas que realizaban sacrificios humanos ¿qué tipo de
"poder" conservan? ¿Cómo influyen en el entorno por muy mágica que sea su ubicación?
Juan Ignacio Cuesta:
Para quienes realizaban los sacrificios, eran morada de sus dioses benefactores,
como Chac, dios de la lluvia para los mayas. Para las víctimas y para quienes a
lo largo del tiempo juzgan con otros anteojos morales, son sitios siniestros. Es
lógico, pero nada tiene que ver con la vibratoria telúrica. Quizá lo negativo es
el
aura emocional que ha quedado impregnándolo todo de algún modo, del que ya hemos
hablado. Pero yo no sé si esto es así siempre. Del mismo modo que puedo constatar
que hay sitios "sosegantes", en contra de los "inquietantes". Analizar y diseccinar
los "siniestros", requiere quizá conocimientos que aún no poseemos.
Juan Ignacio... Concedes gran poder a las piedras ¿Existe algún mineral más adecuado
que otros para condensar ese poder?
Juan Ignacio Cuesta:
Las piedras no tienen otro poder intrínseco que el derivado de sus circunstancias
físicas, aunque algunas resulten extrañas. El otro "poder" tiene que ver con un
cierto efecto placebo conectado íntimamente con el sistema de creencias de cada uno.
Hablando de las primeras, el uranio tiene más que el plomo, por ejemplo. En cuanto
a los materiales utilizados en las construcciones, el granito tiene emanaciones
de un gas, el radón que son perjudiciales para la salud en recintos cerrados (por
eso se han ventilado tradicionalmente las casas). El adobe, compuesto en su mayor
parte por sílice, parece más amable. El yeso es neutro. Es el cuarzo el que parece
influir más benéficamente sobre las personas por sus circunstancias vibratorias,
cercanas a los ritmos cardíacos humanos.
No olvidemos, por otra parte, que existe
una tradición muy extendida sobre la bondad en materia de salud de las viviendas
que aprovechan cuevas naturales o artificiales (habría aquí que plantearse si no
acumulan mejor las energías terrestres y las aprovechan para cosas como la conservación
de los alimentos).
¿Qué ocurre con una talla en piedra destinada a algún dios y a la que se rinde culto?
¿Posee algún tipo de energía especial?
Juan Ignacio Cuesta:
No siento nada especial en los materiales con que se construyen los objetos sagrados.
Si un trozo de mármol en bruto vibra en bruto, también lo hará si se transforma
en una estatua. La adoración por estas piezas vienen más bien de su carácter simbólico.
La selección de lugares que nos has mostrado ¿obedece a que los has visitado personalmente?
Juan Ignacio Cuesta:
En general sí, aunque reconozco que otros como Macchu Pichu significan para mí una
asignatura pendiente. Sin embargo, no pueden faltar en un libro de este tipo. Hay
muchos libros y mucha gente que con sus testimonios justifican que se hable de ellos,
aunque no sea desde la experiencia directa (Julio Verne jamás viajó a ningún sitio,
y entendió la diversidad del mundo y lo supo transmitir como nadie). No es estríctamente
necesario ir a un sitio para conocerlo perfectamente. Una de mis sorpresas más tempranas,
fue en la Alhambra de Granada, cuando pude constatar que los guías no tenían la
menor idea de miles de cosas que yo sabía de largo.
Juan Ignacio... Discúlpame porque no soy experta, pero me ha faltado en tu libro
alguna referencia a la Occitania francesa (Rennes le Château, el castillo de Montsegur...)
¿No están por algún motivo? ¿Quizá no los consideras lugares de poder?
Juan Ignacio Cuesta:
Todo el Languedoc ha adquirido un aura mágica especial desde que recibió la visita
de personajes peculiares como Berenguer Sauniere u Otto Rahn. He estado en Rennes,
en Carcassone, en Limoux, en Montsegur, y no he sentido personalemente nada más
que fascinación por su historia y sus
misterios.
En cuanto a sus condiciones sagradas
o mágicas, el lugar más interesante con el que me he topado es la abadía de Saint
Hillaire. Y el más poderoso telúricamente, el valle del río Aude (bastante largo,
por cierto).
Dedicas buena parte del libro a mostrarnos enclaves especiales en España, conocidos
y no conocidos. Concretamente el
Camino de Santiago ¿a qué debe esa calificación?
¿Es por la ubicación o por la energía depositada por miles y
miles de peregrinos
durante siglos?
Juan Ignacio Cuesta:
España es un lugar especialmente privilegiado por su ubicación entre continentes,
y por almacenar muchas fuerzas aún latentes desde el último plegamiento alpino,
que a nivel geológico está a la vuelta de la esquina. Los roces entre las placas
europea y africana producen muchos microterremotos que no sentimos pero que están
ahí, acompañándonos continuamente.
Además, están las corrientes subterráneas de
agua, porque aunque parezca mentira vivimos sobre un queso donde hay un subsuelo
ramificado de los más importantes del mundo. Un único ejemplo: la cueva de Ojo Guareña
(Burgos-Cantabria) tiene ya topografíados más de cien kilómetros (y los que quedan).
El viernes pasado estuve en el Mortero de Astrana, en Cantabria. Entre unas cosas
y otras, podemos hablar en el entorno de la cordillera Cantábrica de más de mil
kilómetros de galerías subterráneas que no me voy a poner a enumerar, pero sí hacer
especial mención por mi relación emotiva con él del sistema Cueto-Coventosa-Cuvera,
con más de treinta y seis, que comprende varios lagos subterráneos. Si uno quiere
ver los efectos del telurismo, tiene que hacerse espeleólogo. Entonces comprenderá…
La senda jacobea existía y era ya mágica en la
prehistoria. Me remito aquí a mi
libro
Guía Pagana del Camino de Santiago,
porque es un tema que requiere análisis
extensos y complejos.
Uno de los lugares al que dedicas bastantes páginas es el Monasterio del Escorial...
Juan Ignacio Cuesta:
Sólo diré que es mi cuna. Mi patria chica. Y que Felipe II se asesoró bien sobre
el lugar más adecuado para hacer un nuevo Templo de Jerusalén, el centro religioso
y político más importante de su imperio. Tanto a nivel simbólico, como práctico.
Quienes le ayudaron a decidir eran muy inteligentes.
A pesar de la labor destructora y necia por parte de quienes sucedieron a los hombres
que edificaron este santuario, uno de los más prodigiosos del mundo, sigue manteniendo
sus características simbólicas y mágicas casi intactas. Lo que sucede es que nadie
puede esperar encontrar allí a nadie que se las enseñe…, ni siquiera que las conozcan
quienes están encargados de mostrar sus tesoros a los visitantes. Hagan la prueba
y vayan a la Biblioteca, a ver qué les cuentan de unos de los santuarios de la sabiduría
más importantes del mundo. Se marcharán con un anecdotario pobre y chusco. Nada
más. Pido perdón por esta brusquedad, pero aquí respiro por la herida.
También nos muestras algo de la
montaña de Montserrat... ¿Son especiales las rocas
que la componen, quizá por su pasado sumergido?
Juan Ignacio Cuesta:
El macizo monserratino está compuesto en casi su totalidad por conglomerados (pudinga),
entre los que destacan los complejos sefíticos (cementos con carga gruesa, para
entendernos). En cualquier parte del mundo donde se da esta estructura geológica,
el hombre ha encontrado acomodo y a sus dioses particulares. Para quien quiera reflexionar
sobre el tema geología-religión.
¿Hay algo que desees destacar de tu libro?
Juan Ignacio Cuesta:
Simplemente decir que ha sido mi ópera prima, y que su vida útil no ha terminado.
Ha significado la oportunidad de poder hablar de estas cosas y tendrá continuidad
según vaya investigando (si puedo). Y si en algo he errado, rectificaré y asumiré
mi impericia.
Juan Ignacio... Ya sé que tratar tantísimos enclaves es difícil en una obra de 300
páginas, pero a mí algunas descripciones me han parecido muy cortas, casi a modo
de guía. ¿No crees que todas las hojas que dedicas a la historia, que siempre se
puede consultar, habrían resultado más interesantes de ir destinadas a lo que, por
el título, el lector busca en el libro? ¡No te ofendas, por favor! Es sólo mi punto
de vista...
Juan Ignacio Cuesta:
Era absolutamente necesario en un análisis del fenómeno.
Piedras Sagradas,
de momento
sólo aspira a ser guía introductoria. Los desarrollos posteriores están siendo y
serán mucho más específicos y expertos (quizá más áridos y técnicos). Enclaves como
Conquezuela requieren mucho más espacio y compromiso para analizarlos convenientemente.
Este libro es simplemente para crear afición. Luego vendrán otras cosas.
¿Estás trabajando en nuevas empresas editoriales a corto plazo?
Juan Ignacio Cuesta:
Desde que este libro salió de imprenta, dos más están a disposición de quienes se
sientan motivados por estos temas. Uno salió como obsequio de verano con la revista
Año Cero, que se llamaba 50 Lugares
Mágicos, y el otro está a punto de salir.
Además
me interesa analizar un fenómeno importante, como es la herencia que hoy tenemos
de lo que fue Hispania (ha habido muchas "Españas"). No tanto en sus aspectos militares
como en la ingeniería civil. En ello estamos.
Pues por mi parte ya está, Juan Ignacio. ¿Te gustaría añadir algo más?
Juan Ignacio Cuesta:
Vivimos rodeados de lugares interesantes y bellos. Una inmensa mayoría están a la
vista, pero no se ven. Nada cuesta el visitarlos, si acaso suela de goma y sudor.
Si los tuvieran en otras partes, harían parques temáticos. Nosotros los despreciamos
siendo el segundo país del mundo en número de enclaves culturales y artísticos de
la antigüedad, como por ejemplo la isla de Menorca. Hay provincias como Palencia
o Guadalajara, que los americanos (por poner), desmontarían piedra a piedra y se
llevarían enteras con orgullo.
¿Qué más puedo decir? Si le interesa a alguien,
ahí están. He organizado algunas visitas a sitios interesantes. En este momento
no puedo, pero lo haré más adelante para quien quiera conocerlos desde un punto
de vista distinto del que ofrecen los guías turísticos oficiales, que cuentan siempre
la misma historia como loros sin ningún compromiso emocional.
Juan Ignacio, ha sido un placer para mí leer tu libro y poder comentarlo contigo.
¡Enhorabuena por esa tercera edición (hasta el momento) y muchísimas gracias por
la entrevista!
Juan Ignacio Cuesta:
Gracias a ti, y espero que esta conversación sirva para que crezca nuestro respeto
por nuestro pasado…, como especie…, y como entorno geográfico y cultural digno de
ser amado y conocido por todos.
Pilar López Bernués ©
www.ciberanika.com