ENTREVISTA
Martí, tú que has nacido en Besalú y has pasado allí tu adolescencia, donde además
fuiste guía turístico, ¿en qué momento te surge la idea de escribir una novela sobre
tu ciudad?
Martí Gironell:
No sabría decirte el momento, pero dado que me gusta mucho la historia y Besalú
y además soy bastante imaginativo, pensé cómo debía ser aquella época y cómo debía
ser la persona que hizo
el puente. Me pregunté cómo era la gente que durante aquella
época, en que Besalú era un condado potente, vivía en esas calles que todavía pueden
pisarse.
Empecé a documentarme y a ponerme en contacto con historiadores y gente
que pudiese adentrarme en aquella época para yo poder recoger toda la información
y trasladarla a una novela. Quería que la gente pudiera entrar en el Besalú medieval,
del siglo XI. Eso debió pasar hace unos cinco años, que es cuando empecé a buscar
documentación y ponerme en serio con la intención de acabar algún día una novela
con el puente como protagonista.
Supongo que a medida que ibas escribiendo la novela, ibas recordando tus años de
infancia y adolescencia en Besalú.
Martí Gironell:
Sí, en cierta manera no deja de ser una invitación a los lectores a que se paseen
por las calles que tenían otra vida, otro aire, habitadas por otra gente… En los
veranos, semana santa, fines de semana y puentes, cuando yo hacía de guía con quince
o dieciséis años, la idea era intentar transmitir del mejor modo posible cómo era
el Besalú del siglo XI. Entonces tenía unas nociones muy básicas: la historia de
lo que debía visitar la gente, los datos de los monumentos, etc. Pero como siempre
me ha gustado la comunicación y el contacto con la gente, también les ayudaba a
que se imaginaran cómo era la ciudad en la época en que llegaron los judíos, dónde
tocaba el río, cómo eran los baños judíos…
Sí, ha sido como retroceder en el tiempo,
me veo como en aquella etapa de guía. A veces se hacen clubs de lectura, que son
lectores de
El puente de los judíos
que vienen a recorrer Besalú conmigo por los
escenarios del pueblo para que puedan entrar de pleno en aquella época y en esta
historia.
¿Y qué es lo que queda todavía de ese Besalú del siglo XI que nos narras en la novela?
Martí Gironell:
Queda toda la parte de los baños judíos, el puente, el monasterio,
la iglesia, la
estructura del casco antiguo y poco más.
Besalú fue una capital de condado, importante
y poderosa, con capacidad y poder de decisión en un pueblo de 3.000 habitantes.
Ahora la ciudad es conocida y ha logrado, en los últimos quince años, situarse en
el mapa, que gente de todo el mundo sepa dónde está Besalú. Todo gracias al pasado
medieval que tiene, es la forma de conectar la Besalú medieval con la actual. Es
la posibilidad de
viajar al pasado paseando actualmente por las calles, yendo a
algún restaurante y probando alguna receta medieval, que se han recuperado muchas.
Puedes entrar en aquella época, saber qué comían, qué gustos tenían aquellos que
estaban ahí hace muchos años... Lo que se intenta es que eso no se pierda y sacar
un buen rendimiento.

La verdad es que una vez leída la novela, dan ganas de ir a Besalú.
Martí Gironell:
Sí, es una de las cosas que más ilusión me hace, cuando la gente lee el libro y
te dice que tiene ganas de ir allí y pasear bajo el puente y por todas las zonas
que la trama recorre…
Martí, ¿por qué has decidido que la historia principal, la de Primo e Ítram, estuviera
dentro de otra historia, la de Pedro Baró, en lugar de narrar solamente la principal,
que es la importante?
Martí Gironell:
Porque aunque sea una novela y, por lo tanto, una recreación, lo que quería hacer
es algo que se acercara a la realidad lo máximo posible. El problema es que hay
pocos documentos de aquella época y todo lo que hay lo he utilizado para el libro,
por lo que el resto de lagunas los he debido imaginar y recrear.
Lo que me fue bien
es que encontré personajes reales, que conectaban muy bien la Historia con la historia
de la novela. Uno de ellos es Pedro Baró, que es uno de los últimos hallazgos que
se hicieron; se encontró el documento que abre el libro, que dice que en 1716 se
contrató los servicios de este maestro de Perpiñán. Era una buena manera de conectar
la realidad y la ficción. Una persona que llega, que reconstruye un puente que fue
originariamente levantado hacía 250 ó 300 años atrás, era una buena manera de entrar
en la época, situando personajes reales y ficticios. Por ejemplo, de la persona
que construyó el puente original de Besalú, sabemos que venía de la Lombardía, pero
no sé si se llamaba Primo o Humberto, así que el nombre se lo pongo yo. Lo que sí
sabemos es que llegó, se quedó, creó escuela, se encontró con la comunidad judía,
tuvo muchos impedimentos, hubo alguien en Empúries que estaba siempre guerreando
contra Besalú, etc.
La combinación de Historia y ficción era lo que me interesaba,
eso es lo que cuento en las notas del final, es decir, que la gente no se lo tome
como un libro para aprender historia, sino que lo coja para pasarlo bien y, de paso,
aprender algunos datos históricos de Besalú.
Recuerdo que el día antes del Día del Libro (23 de abril) en el informativo de TV3
se emitió una pequeña pieza donde salíais
Francesc Miralles y tú, y en el que se
decía que estabais luchando por encontrar un hueco por donde colaros en el mundo
de la literatura, lo cual era muy difícil. Al día siguiente, Día del Libro, resulta
que arrasas.
Martí Gironell:
Sí, yo buscaba que a la gente le gustara, que se lo recomendaran los unos a los
otros, que es lo que hace que tú y yo estemos ahora hablando de este libro. Era
mi deseo y se hizo realidad, el drama hubiese sido que la gente hubiese pasado del
libro y al cabo de quince días ya nadie recordara que había un libro que se llamaba
El puente de los judíos, y que pretendía novelar la construcción del puente de Besalú.
Afortunadamente no ha sido así porque a los libreros les ha gustado la novela y
lo han recomendado a sus clientes y los lectores han hecho eso tan bueno que es
el boca a oreja. Eso hace que hablemos de once ediciones en catalán, siete en castellano,
la traducción al italiano, al portugués, y esperemos que en Frankfurt podamos ir
ligando otras traducciones, que hay países que se lo están leyendo y que están esperando
a la Feria de Frankfurt para dar el sí o el no, como Francia, Alemania, Grecia,
Holanda, Inglaterra…
Claro, lo que ha pasado desde el Día del Libro hasta aquí ha
superado mis expectativas. Yo quería encontrar un hueco en un mundo literario complicado,
donde se publican tantos libros, sobre todo para esas fechas.
Desde luego debes estar satisfecho.
Martí Gironell:
Evidentemente, hace casi cinco años empecé a trabajar en este libro poco a poco,
ya que mi trabajo es otro, en medio pude hacer un libro sobre una experiencia de
dos veranos con una ONG en Bombay, que todavía funciona y estoy muy contento porque
los beneficios son para la ONG. Pero, como ya digo, lo iba haciendo poco a poco
porque me hacía ilusión, me divertía documentarme y escribir y recrear una historia
en el Besalú medieval y por nada del mundo te imaginas que vaya a pasar lo que ha
pasado.
Claro que lo deseas, pero veintiséis semanas en el número uno de las más
vendidos en catalán… Si me lo hubiesen dicho, no me lo hubiese creído.
Supongo que el principal handicap para escribir esta novela es la falta de documentación.
Martí Gironell:
Sí, pero siendo una novela, donde lo que haces es una recreación, no debes ceñirte
a una historia cien por cien cierta, sino que puedes inventarte cosas, pero que
sean creíbles. Si no encuentras documentación, recurres a lo que han dicho los historiadores
o lo que han ido diciendo de forma popular… Donde la documentación no llegaba, lo
hacía la imaginación. Yo no he hecho una novela histórica, sino una novela de aventuras
con un trasfondo histórico, por lo que eso te permite jugar con la realidad y la
ficción. Es una novela, no un libro de ensayo. Por eso tenía interés en avisar al
lector al final qué es verdad y qué mentira de lo que acaba de leer.
¿Los pasajes donde incluyes algunos elementos fantásticos, forman parte de las
leyendas
de Besalú o proviene de tu imaginación?
Martí Gironell:
Algunas cosas sí vienen de las
leyendas populares y éste fue uno de los puntos con
más tira y afloja entre la gente a la que dejé el libro para leer y los historiadores.
Algunos de estos puntos fantásticos a algunos les gustaba, pero a otros les molestaba.
Entonces intenté encontrar un punto medio. Por ejemplo, el bosque de los Queirons
decidí ponerlo, porque es un bosque que hay en una montaña muy tétrica, cerca de
casa. Utilizo la conversación que Primo oye un día de un mercader que llega a la
caverna, para que cuando oiga unos ruidos, se piense que es un Quieró, un monstruo
del bosque, pero luego resulta ser un terremoto. También la lengua de agua que sale
del río, que es el dios Numen, y que parece ser una invocación maligna, no es más
que una manguera de agua que expulsa el río. Todo esto es una tradición popular
y oral de la superstición que tenía le gente y me interesaba ponerla para que
el lector supiera cómo eran y cómo pensaban los que vivían en Besalú en la
Edad Media.
Martí, al leer la novela, uno tiene la sensación de que, si hubieses querido, podría
haber tenido seiscientas páginas, podrías haber alargado ciertos pasajes. En cambio,
has preferido que la novela sea más ágil, más corta.
Martí Gironell:
Sí, mi intención era hacer una novela que se pudiera leer, no solo para los que
están acostumbrados a la lectura, sino también para los que no lo están. Quería
que fuera una novela para los amantes de lo histórico, para los que estén interesados
en el tema de los judíos… es decir, llegar a cuanta más gente, mejor. Lo que tenía
claro es que debía escribir con un lenguaje sencillo, con capítulos cortos y accesibles.
Además, también temía que me quedara una novela muy larga con demasiados
personajes
y yo no supiera hacerlo bien y se me quedaran aspectos colgados. Prefería matar
las cosas y no alargarme para no pecar de hacer algo enorme y que fuera insoportable.
Quería hacer algo fácil, aunque a veces hacer las cosas fáciles resulta difícil
y a la vez interesante.
Muchos pueden pensar que podría haber alargado la novela
con doscientas páginas más, pero quizá no hubiese gustado tanto o quizá se hubiesen
perdido, etc. Por lo tanto, preferí ser cauto y no pasarme, además tenía ganas de
acabar la novela y poder leerla toda de un tirón. Mejor que te digan que se le has
hecho corto, que lo contrario.
Cuando uno lee una novela de género histórico, es fácil que haya comparaciones con
otros libros publicados. Por ejemplo, seguro que cuando el lector lee
El puente de los judíos,
no puede evitar pensar en
La catedral del mar.
Me gustaría remarcar
que no es que hayas aprovechado el boom de
La catedral del mar para escribir tu
novela, sino que cuando se publica la obra de
Falcones, tú ya llevas unos cuantos
años trabajando en la tuya.
Martí Gironell:
Claro, yo hace casi cinco años empecé a trabajar en el tema y además yo soy incapaz
de escribir una novela de un año para otro. El interés de los lectores más el interés
del ámbito editorial ha hecho que
El puente de los judíos pueda funcionar. Además
hay que tener en cuenta que a la gente cada vez le gusta más leer historias que
pasen alrededor nuestro y no tener que ir a buscarlas a Francia o Inglaterra. Los
lectores prefieren que les hablen de territorio cercanos, como Besalú. Pero ya te
digo, que cuando aparece
La catedral del mar yo ya hacía años que trabajaba en
El puente de los judíos.
Martí Gironell en Besalú

Martí, hay un valor añadido en el éxito de tu novela, y es que ese hueco que encuentras
en el mundo de la literatura, lo haces en un momento difícil, donde coincide precisamente
un año de éxitos de
La catedral del mar con la publicación de novelas como
El sello
del algebrista,
de Maeso de la Torre, que también habla de Besalú, además de que
es el momento de mayor oferta editorial…
Martí Gironell:
Claro, era difícil porque hay muchas novelas de este tipo y que se fijen en la mía,
me hace estar orgulloso y contento. La verdad es que todavía no entiendo este éxito,
supongo que se han sumado una serie de factores.
Yo no creo que los lectores vengan
a
El puente de los judíos a buscar
algo como La catedral del mar, porque ésta todavía
se vende y mucho, y además porque son diferentes. Lo único parecido es que se basa
en la construcción de una obra civil, en mi caso es un puente y en el otro es una
iglesia, que salen judíos y que ocurre todo en la época medieval, aunque la mía
sucede en el siglo XI y la de
Falcones en el XIV. Además, en una novela se habla
de un pequeño condado como Besalú y en la otra es Barcelona, mucho más grande. Es
decir, tienen puntos en común, pero muchas cosas son diferentes, claro. Yo he preferido
que sea de un ritmo más rápido y en
La catedral del mar se explica todo mucho mejor,
con más detalle y por eso tiene tantas páginas.
Pero volviendo a tu pregunta, sí
es verdad que era difícil destacar porque hay muchos libros publicados, no esperaba
que funcionara también.
Por ejemplo, en el resto de España se están haciendo varias
ediciones, los de la
editorial El Andén están también sorprendidos, porque es difícil
vender un autor catalán y una obra catalana al resto de España, pero con
El puente de los judíos
todo está yendo muy bien. Por lo tanto, es un placer estar con una
primera novela entre nombres tan importantes como
Falcones,
Maeso de la Torre,
Mássimo Manfredi… ¡Es fantástico!.
Manel Haro ©
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