ENTREVISTA
Matilde, en tu libro "Todo bajo el cielo" continúas
con la aventura, la acción y las pistas, pero yo he visto aquí algunos cambios,
no sólo de escenario, que la hacen distinta a las demás. ¿Cuáles dirías tú que son
las propias señas de identidad de "Todo bajo el cielo"?
Matilde Asensi:
Todas las historias tienen varias capas. Cada lectura y relectura te descubre una
capa nueva que no habías visto antes. Creo que las señas de identidad de "Todo bajo el cielo" están en
una de esas capas que quedan ocultas en una primera lectura, cuando vas buscando
sólo el argumento y el desenlace.
En realidad, "Todo bajo el cielo" es una búsqueda
por mi parte de otra manera de ver el mundo, de plantearme las cosas, los problemas,
las dudas... Necesitaba aprender una lección importante y creo que lo conseguí:
de todas las cosas malas de la vida se puede extraer algo bueno y de las buenas,
algo malo. Desde que lo descubrí, intento ajustar mi vida a esta línea de comportamiento
que le di a mi protagonista, Elvira, durante su
viaje por China.
Siempre que empiezas un libro ¿lo importante es escoger el tema o la
leyenda basada en descubrimientos más
o menos modernos que nos hagan pensar a los lectores que aquello que describes con
tanta precisión podría haber sido así?
Matilde Asensi:
Lamento ser un poco más simple o básica a la hora de escoger los temas de mis libros:
escribo sobre lo que me deslumbra a mí, sobre lo que me atrapa, me apasiona o me
rompe los esquemas. No tengo ningún planteamiento inicial de hacer creer nada al
lector. Cuando algo capta mi atención hasta el punto de hacerme olvidar el resto
de mi vida y obligarme a buscar toda la información que exista sobre eso para saber
más, sé que tengo un nuevo libro entre manos. La historia llega conforme voy aprendiendo
más y más. Los
personajes nacen de lo que la historia
va a necesitar y la trama de aventuras, a partir de los "huecos", los vacíos históricos
que voy encontrando, en los que me siento como pez en el agua para crear mis propios
misterios o soluciones. Es todo mucho más sencillo de lo que parece.
Imagino tu esfuerzo de conseguir documentación lo más rigurosa posible y ambientar
con precisión los personajes en su ambiente. Cuéntanos un poco de tus libros cuáles
te llevaron más tiempo, qué anécdotas te encontraste por el camino o qué te sorprendió
más?
Matilde Asensi:
En realidad, como te acabo de comentar, la documentación es lo que me encanta. Soy
yo quién más disfruta mientras voy aprendiendo todo lo que puedo sobre las cosas
que me interesan.
Por ejemplo, en "Iacobus",
el descubrimiento que me dejó sin aliento fue que los templarios habían sido dueños
de media Europa durante toda la Edad Media aunque en los libros de historia del
colegio o la universidad ni siquiera se los mencionaba. También el Camino de Santiago,
que, allá por 1997, 98 y 99 estaba completamente olvidado.
En "El último catón", sin embargo, fue
la desaparición de la Vera Cruz durante las cruzadas. Jamás se me hubiera ocurrido
pensar que hubiera habido una supuesta "verdadera cruz de Cristo" en ningún momento
y menos aún que ésta hubiera desaparecido misteriosamente.
En "Todo bajo el cielo", el punto de
arranque fue mi interés por el Taoísmo como fórmula para tener un poco de paz interior
y la práctica del Taichi para no oxidarme demasiado durante las largas horas de
trabajo frente al ordenador a lo largo de tantos meses. No sé, cada libro es diferente,
nace de manera diferente y presenta sus propios retos y dificultades. Pero me parece
que eso es, precisamente, lo que me atrapa y no me deja escapar de una historia.
Por cierto, sabes que tu sino es despejar dudas respecto a las Leyendas... a tus
lectores nos has llevado a investigar por internet (en mi caso, sobre todo, con
"El origen perdido") y una
de las preguntas más recurrentes es si existen los Staurofílakes que aparecían en
"El último catón" e incluso hay
quien preguntó por el Paraíso encontrado...
Matilde Asensi:
Lo sé, lo sé... Cientos de lectores me han escrito preguntándome lo mismo. La respuesta
es no. Los staurofílakes no existen. Yo los inventé. Necesitaba una hermandad mistérica
que hubiera durando muchos siglos y la creé uniendo dos palabras griegas que busqué
en el diccionario: cruz (stauros) y guardián (filax).
En cuanto a Parádeisos,
el paraíso que recreo al final del libro para los staurofílakes, lo inventé también
basándome en los trabajos sobre los cinco sentidos de Leonardo Da Vinci. Leonardo,
como el gran genio que fue, trabajó mucho sus sentidos para compensar la falta de
la tecnología que necesitaba para sus experimentos (la vista para seguir el vuelo
de las aves, por ejemplo).
Pensé que, si
Leonardo Da Vinci podía hacer cosas así con unos simples ejercicios
inventados por él y practicados a lo largo de los años, los staurofílakes, como
comunidad más o menos aislada en una caverna del pleistoceno, podían haber desarrollado
también esas capacidades que, en principio (y si dispones del tiempo, la paciencia
y la voluntad necesaria, claro), están a disposición de todos.
¿Es por esto que has decidido poner notas a pie de página en "Todo bajo el cielo" que determinen
si lo que estás contando es real o no, si el personaje existió o es inventado, etc...?
Matilde Asensi:
Aquí debo admitir algo: me encanta jugar con el lector, despistarle, mosquearle,
atraparle... Parte del juego consiste en mezclar realidad y ficción pero hacerlo
del tal manera que sea imposible meter el bisturí para separar una cosa de otra.
Debo convertir en verosímiles cosas que son ficticias y mezclarlas con cosas reales,
históricas, ciertas y comprobables
para que la
aventura resulte más emocionante e inteligente.
Las notas a pie de
página, en realidad, no tienen mucho que ver con esto. Hay veces que debes aclarar
algo para que la lectura pueda seguir adelante con fluidez sin que el lector deje
el libro para ir a buscar información sobre lo que sea y comprobar si es verdad
o no. Si es verdad, yo se lo digo en el momento necesario para que sigua leyendo
y permanezca bajo el influjo de la historia que le estoy contando. A veces, se trata
simplemente de una aclaración necesaria.
Por ejemplo, en mi
próximo libro, "Tierra Firme",
muchas de las notas a pie de página que he puesto son aclaraciones sobre medidas
de longitud o de líquidos para que, sin romper el encanto del texto escrito como
si fuera un original del siglo XVI, la hipnosis de la lectura no se interrumpa por
un detalle de medidas en brazas o azumbres.
Ana ("El
Salón de Ámbar"), Ottavia/Basíleia ("El último catón") o Elvira ("Todo bajo el cielo")... tres
mujeres que no son iguales pero tienen cierto parecido ¿se parecen más entre ellas
de lo que tú puedas parecerte a alguna de ellas, o crees que son completamente distintas
y que no hay nada de ti en estas mujeres?
Matilde Asensi:
O un extremo o el otro, ¿no es así? Pues no, es algo mucho más fácil: las tres se
parecen porque las tres han nacido de mí. ¿Cuánto se pueden parecer tres hermanas?
Algo... o mucho... o nada. Depende. Lo mismo ocurre con ellas.
Son mujeres que deben
tener algún parecido entre ellas porque, además de haberlas creado yo, comparten
unas condiciones similares: se van a enfrentar a una situación extraña, ajena a
su mundo y su vida, van a tener que resolver una determinada serie de problemas,
enigmas o misterios, van a conocer lugares y gentes nuevos y aprender cosas inesperadas.
Además, volvemos a
lo mismo: ¿se me parecen o no? Bueno, pues, son hijas mías, ¿no es cierto? ¿Se parecen
las hijas a las madres?, quizá sí, quizá no. Por supuesto, expresan opiniones mías,
miedos, certezas y convicciones, pero también lo hacen otros personajes de mis libros
y nadie parece percatarse de ello.
Curiosamente, el personaje
femenino con el que más me identifico y del que podría admitir sin reservas que
soy yo mucho más que Ana, Ottavia o Elvira, es aquél por el que nadie me pregunta.
¿Podrías adivinar cuál es...? (aquí me sale la vena del juego, no lo puedo evitar).
Aún no me atrevo pero ya llegará el día que te pille.... (risas). Ya que "Todo bajo el cielo" es tu último
libro publicado, hablemos de Elvira y sus compañeros de viaje. ¿Qué haces para que
casi siempre exista un hombre del que enamorarse en tus libros? Si en el caso de
"El último catón" las chicas
nos enamorábamos de Farag, en éste, creo yo, el favorito sería Maestro Rojo... ¡Yo
le quitaría esa costumbre de no tocar a las mujeres!
Matilde Asensi:
¡La vida es así!, como decía la canción. Si pretendo ser verosímil en mis tramas
e historias, lo lógico es que el
amor aparezca también, aunque sea un
poco.
Yo escribo género
de aventuras, mis libros quieren llevarte a lugares misteriosos y enfrentarte a
los mismos enigmas a los que yo me he enfrentado durante mis lecturas. Si la historia
me pide unos personajes determinados, los creo; si me pide que nazca algo entre
ellos, lo hago, y si no me lo pide, no lo hago. Y, como soy libre de crear los personajes
que quiera porque para eso les doy yo la vida, pues procuro que sean compañeros
de viaje agradables o divertidos, pues he de vivir con ellos durante muchos años,
dos o tres como mínimo.
Es verdad, que, luego,
mucha gente se enamora de unos o de otros (en tu caso Farag o el Maestro Rojo, pero
hay muchos lectores enamorados de Ottavia, por ejemplo, que me lo cuentan).
Por cierto, quiero felicitarte por la inclusión de Fernanda/Fernandina en esta novela.
Creo que con esta sobrina has puesto una traba más a la situación de tu protagonista
principal y ha resultado de lo más divertido... ¿Pero cómo se come que
sea tan recatada, tan de buenas costumbres, y que, en cambio, a la mínima se escapa
desobedeciendo las órdenes de su tía? ¿Rebeldía? ¡Si cuando llegó parecía que fuera
a casarse con Dios!
Matilde Asensi:
Pero, vamos a ver: ¿es que no se trata de una adolescente? ¡Tiene dieciséis años
cuando empieza la historia! Y, encima, su tía, que vive en París y que huyó de una
España represiva y cerrada, le da libertad y respeto.
Creo que el personaje
de Fernanda (lo siento, no puedo llamarla Fernandina) es perfectamente coherente
con su edad y circunstancias. Claro que, ¿qué voy a decir yo, que la he creado?
Pues bien, con eso y con todo, estoy convencida de que el cambio de Fernanda es
lógico y que nos hubiera pasado lo mismo a cualquiera de nosotras a esa edad y en
similar situación, con el cambio de país, de cultura, de normas y con las hormonas
de
los dieciséis
y los diecisiete años. ¿O es que a principios del siglo XX las hormonas no actuaban?
¿Dirías que es como Elvira y Fernanda como ves a las mujeres de la España de aquellos
años hartas de religión, buenos modales y poca libertad de pensamiento, voz y voto?
Matilde Asensi:
Bueno, creo que lo digo muy claro en todos mis libros. Siempre defiendo el papel
de la mujer y procuro rescatar personajes femeninos reales de la época para destacar
que, si las hubieran dejado vivir, hubieran podido hacer lo mismo que los hombres.
En el caso de Elvira, la hago marcharse de España, ni más ni menos. Cuando comprendí
cómo era nuestro país en aquellos años para las mujeres, tuve claro que mi personaje
sería incapaz de reaccionar como tendría que hacerlo más tarde si se quedaba en
España. La llevé al París de los locos años 20', los años de Josephine Baker, la
bailarina exótica, de Tamara de Lempicka y María Blanchard (que también tuvo que
irse de España para poder dedicarse a la pintura), los años de las faldas cortas,
los bailes enloquecidos, las orquestas de jazz americanas... Nada que ver con lo
que estaba pasando aquí.
...Siempre defiendo el papel de la mujer y procuro rescatar personajes femeninos
reales de la época para destacar que, si las hubieran dejado vivir, hubieran podido
hacer lo mismo que los hombres...
Lao Jiang, el anticuario, mantiene unas discusiones con Elvira que son de lo más
divertidas. La propia Elvira se pone de los nervios y tú transmites en estas secuencias
mucho humor a la par que reivindicas el lugar que a la mujer le corresponde ¿es
ahí donde aprovechas para hacerte oir o simplemente está en la trama sin más motivo?
Matilde Asensi:
Yo siempre aprovecho cualquier momento para hacerme oír a través de mis personajes.
Ya te he dicho que estoy en todos ellos aunque nadie lo adivine. No me gustan las
entrevistas, ya lo sabes. No me gusta aparecer en los medios de comunicación
(quizá porque yo también fui
periodista durante muchos años y no
disfruto de estar ahora "al otro lado" del micrófono). Pero tengo la mejor herramienta
del mundo para comunicarme con los demás y reivindicar mis ideas: mis libros. Creo
que cualquier periodista que lea esto me entenderá perfectamente.
En "Todo bajo el cielo" la historia
empieza con una búsqueda sencilla, pero luego haces unas series matemáticas relacionadas
con el pensamiento y la filosofía oriental que todavía no entiendo si tú misma eras
capaz de entender lo que descifrabas... ¿También se te dan bien las
matemáticas, el cálculo y la lógica,
además de las letras?
Matilde Asensi:
¡Pero si era muy sencillo! Ni te imaginas la de horas que dediqué a simplificar
al máximo esas complicadas teorías chinas de los Cinco Elementos y demás. En fin,
veo que no lo hice muy bien. En cualquier caso, respondiendo a tu pregunta, no,
no se me dan nada bien las matemáticas ni el cálculo, aunque sí la lógica, creo.
Yo estudié letras
puras, latín y griego, y todavía no he sido capaz de resolver un sudoku aunque tuve
que comprender a fondo la "maquinaria" de los Cuadrados Mágicos chinos.
Sé que resulta difícil
de creer pero te aseguro que ni siquiera pillo los chistes. Mis amigos se burlan
de mí porque dicen que necesito "el manual del chiste" para reírme. Con esto quiero
explicarte que no soy rápida ni aguda y que no sirvo para el cálculo en absoluto.
Matilde, la tumba del Primer Emperador de China es la misma donde se descubrieron
las estatuas de guerreros del ejército de terracota, ¿no?
Matilde Asensi:
La misma. Aunque la tumba, o mausoleo, aún no ha sido abierta. Mientras escribía
el libro temblaba pensando en que a las autoridades chinas se les ocurriese abrirlo
antes de que yo terminara "Todo bajo el cielo" pero, ahora,
estoy deseando que lo hagan.
Aquí es donde las supuestas "leyendas" cobran vida... ¿Sabes que tú misma eres casi
una leyenda ya, no? Desmiéntelo todo, ¡aprovecha la oportunidad de decirles que
no eres "rara", y que te encanta el chocolate!
Matilde Asensi:
¿Qué yo soy casi una leyenda? ¡Pero qué dices! Hablarás en broma porque, si no es
así, voy a asustarme un poco.
Creo que soy la persona
más normal del mundo: en efecto, siento debilidad por el chocolate, el negro, el
de setenta y cinco por cien de cacao sin azúcar, y, además, voy a la compra, pongo
lavadoras y pliego la ropa para guardarla en los armarios.
No me gusta ir de
tiendas, así que siempre llevo ropa de temporadas anteriores y me cuesta un mundo
vestirme con los abalorios propios de los premios literarios y de todos esos raros
festejos que
van inexplicablemente unidos al oficio de escritor.
Me gusta pasear por
la playa, por la orilla, sobre todo al atardecer (y, como soy de Alicante, puedo
hacerlo), llevar a mis sobrinos (esos Pascual y Andrés que aparecen en varias dedicatorias
de mis libros) a los karts o a tomar un helado o, incluso, jugar a la PlayStation
con ellos.
Ya te digo que no
comprendo los chistes y que no sé hacer sudokus.
Me molesta que me
hagan la pelota y me gusta confiar en que mi familia y mis amigos siempre me dirán
la verdad y me harán ver mis errores y mis fallos para que pueda corregirlos (y
no hablo sólo de los libros).
Creo que, básicamente,
estoy orgullosa de ser buena persona y que esto y la felicidad que pueda conseguir
en esta vida es lo único que me voy a llevar al otro barrio cuando me llegue la
hora (aunque, en realidad, soy
atea y no creo que haya nada después
de la muerte, asunto bastante duro de digerir).
Así que, ni soy vanidosa
ni se me ha subido nada a la cabeza. Pretendo disfrutar con lo que hago y dejar
unos buenos libros detrás de mí. Punto.
Encontrar el Salón de Ámbar en la novela que tiene el mismo
título, seguir el camino de Santiago mediante pistas para encontrar el tesoro de
los
templarios, traducir las pistas de la obra de
Dante para dar con un paraíso, descubrir
el idioma universal en las tierras bolivianas... y por último conocer la filosofía
taoísta entre otras cosas para llegar hasta la tumba del Primer Emperador de China...
¿Cuándo nos haces una de vikingos?
Matilde Asensi:
¿Te conformarías con una de piratas...? He recibido la llamada del Caribe, del Caribe
español del siglo XVI, con todas sus miserias y bellezas.
Mmmmm.... vale, pero la próxima de vikingos (risas). Por último, Matilde, dices
que no lees las críticas, pero... ¿lees los comentarios de tus lectores? Te aseguro
que a nosotros nos encantaría que lo hicieras.
Matilde Asensi:
¡Vaya si los leo! Mi dirección de correo electrónico de la página WEB que me hizo la editorial Planeta está siempre
saturada de mailes de lectores. Evidentemente, no puedo responderlos todos porque
ni escribiría libros ni viviría. Añoro el tiempo en que sí podía hacerlo (y, de
hecho, conseguí buenos amigos en aquella época). Ahora la editorial responde por
mí, pero yo los veo todos antes.
Siempre he dicho que
la opinión de los lectores es lo único que me sirve de verdad y quiero seguir siendo
fiel a esa idea. Por eso los leo, aunque no pueda responderlos. De hecho, tú sabes
que hace muchos años que visito tu página WEB... silenciosamente, eso sí.
Créeme, Matilde, que me quedo con las ganas de preguntarte muchas más cosas, pero
no quiero abusar de tu generosidad porque me siento muy halagada, así que sólo me
queda agradecerte la entrevista, tus libros, y la influencia de la lectura de este
último en mi vida personal. Mil gracias y un enorme beso.
Matilde Asensi:
No tienes que darme las gracias por nada. En todo caso, yo tendría que dártelas
a ti por querer esta entrevista para tu página WEB. Me pones en contacto con la
gente que ama los libros (aunque algunos no amen los míos, cosa muy normal por otra
parte) y eso es un orgullo y un placer, la verdad. Gracias de corazón otra vez y
hasta siempre.
Anika ©
www.ciberanika.com Fotografías © Miguel Perdiguero
Gil