ANIKA ENTRE LIBROS
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Entrevista a CARLOS
ANDRADE
para Anika Entre
Libros
Por Pilar López Bernués |
Carlos Andrade Caamaño nació en 1957 en una aldea de La Coruña.
Las duras circunstancias de la época le llevaron a trabajar desde niño pero no le
impidieron que devorara libros y se aficionara a la lectura. La muerte de su madre,
tras larga enfermedad, marcó su infancia. Fue radiólogo industrial hasta 1973, momento
en que sufrió un accidente manejando energía nuclear y quedó imposibilitado para
seguir ejerciendo la profesión. Se dirigió entonces hacia la comunicación publicitaria
y hoy es presidente de una importante agencia: Andrade y Asociados. "Aquel diluvio de otoño" es su
primera novela publicada.
...Cuando en la infancia sufrimos determinadas
pérdidas, me inclino a pensar que uno ya no ama como quiere, si no como puede. El
miedo nos limita....
ENTREVISTA
Hola, Carlos ¿Con
Aquel diluvio de otoño
nace un “Carlos Andrade” escritor o tienes más obras inéditas?
Carlos Andrade:
Aquel diluvio de otoño, si nos atenemos al orden cronológico,
tendría que haber sido la última de mis novelas publicadas. Ahora bien, cuando te
editan el primer libro, uno debe replantearse muchas cuestiones. Por ejemplo la
temática de sus textos.
Antes de comentar tu obra más
a fondo, me gustaría reseñar que existen paralelismos entre tu personaje, Orestes,
y tú... (Muerte de la madre, trabajo de niño... ) ¿Hay una parte biográfica en la
novela?
Carlos Andrade:
A veces, pienso que el personaje de Orestes tuvo más oportunidades que yo. Por ejemplo,
creo que conocer a Manuel, ese ex catedrático idealista, ponderado y generoso, es
una oportunidad que la vida nos concede en pocas ocasiones… Ciñéndome a tu pregunta,
creo que la muerte de mi madre… y todas las consecuencias que conlleva, fueron determinante,
tantos años después, a la hora de plantearme escribir la novela. Llevaba muchos
años con la intención de escribir sobre la fragilidad humana.
Las descripciones de una aldea
rural en los años sesenta las veo muy logradas ¿son también fruto de tu experiencia?
Carlos Andrade:
Nublos es una aldea ficticia, un microcosmos creado a la medida de los
personajes. Haber nacido en Galicia
me ayudó, enormemente, a la hora a crear ese mundo donde vive la familia Lagoa.
Vemos, en la novela, que el
pequeño Orestes recibe palizas “por su bien”, que no tiene juguetes, que su amor
a los libros y sus “visiones” lo convierten en distinto... ¿Qué
nos puedes decir de la mentalidad de esa época?
Carlos Andrade:
Me gustaría diferenciar dos cuestiones; la primera es que a Orestes, “por su bien”
solo le pegaba Angustias. Y eso le hacía sentirse seguro. Angustias era el puntal
que aseguraba la casa, la figura rígida, sin ella, El Diluvio terminaría por barrerlo
todo.
La segunda cuestión, no está en cómo se siente Orestes, si no en cómo le afecta
síquicamente a Angustias el mal trato que le proporciona a Orestes; los actos de
contrición de Angustias son de solemnidad. Angustias, nunca podrá superar sicológicamente
los castigos físicos infringidos a su hermano, mientras que Orestes sí. Orestes
comprende que Angustias le pega, porque no conoce otro camino mejor para educarle,
porque es prisionera del miedo. En la novela el dolor mental y físico es un tema
recurrente.
Creo que las épocas en sí, no dicen nada. Son las circunstancias de esa etapa las
que nos sitúan en determinadas situaciones extremas. En este sentido, los niños
no son una excepción. Observemos a los críos de la
post-guerra en cualquier país y la respuesta
será la misma, salvo en las clases aferradas al poder. Son juguetes rotos, aunque
la capacidad de adaptación de ser humano es asombrosa.
¿Por qué nadie de la familia
ofrece ternura a un niño? Esa insensibilidad ¿de dónde parte?
Carlos Andrade:
El miedo es un dominador importante en nuestras vidas. Si a una generación
le enseñan que amar nos hace más débiles; De alguna manera, no solo marcará el comportamiento
de esa generación, si no el de generaciones venideras. Nos da miedo mostrarnos sensibles,
porque tendemos a creer que con ello desmontamos todo nuestro sistema de defensas.
Esa Línea Maginot, que, poco a poco, hemos ido montando producto de una educación
equivocada.
Tu personaje principal, Orestes,
es tierno y ama los libros... ¿Esas cualidades no se consideraban tales sino todo
lo contrario?
Carlos Andrade:
De alguna manera, volvemos a las circunstancias de una época. Se valoraba más la
valentía conseguida a través de la fuerza. Quizás, entre otras razones, por eso
surgió la necesidad de crear Nublos, como un reducto de libertad para que pudiesen
convivir distintas tendencias, incluso sexuales.
Vemos a un personaje muy peculiar:
el cura ¡Y vaya tipo, por cierto!
Carlos Andrade:
Aquí tenemos que diferenciar, entre
la fe,
creer en Dios, y la
iglesia. Don Manuel, el catedrático
cree profundamente en Dios, pero duda de los hombres. Sin embargo el cura ama los
privilegios que emanan de ser el representante de Dios en la tierra, y es capaz
de matar para defender tales prebendas. ¡Y vaya cura! Pues sí, pero si uno saca
el personaje de un cura para decir misa… ¿Qué información nueva tendríamos, que
no hubiese tenido antes de leer la novela?
Nos muestras a Elsa, su marido
y a Don Manuel como a personas de pensamiento libre... ¡Y pagan las consecuencias!
Carlos Andrade:
Me propuse, hace mucho tiempo, que jamás hablaría de los sucesos nefastos acaecidos
en nuestro país. Pero de alguna manera quería resaltar que hubo una época en que
un buen liberal, Elsa y el catedrático lo eran, pagaron por ser persona íntegras;
y pagaron, sí, pero la denuncia está en que pagaron por no aceptar caer en los extremos,
por
militar en la ponderación, sobre todo en el caso de Manuel.
¿Crees que un niño se puede
llegar a sentir portador de desgracias?
Carlos Andrade:
Nunca sabemos cómo puede afectar a un niño las vivencias derivadas de una infancia,
pongamos que extrema. Personalmente, creo que sí. Uno desde muy pequeño, puede llegar
a sentir culpabilidad hasta por la muerte de una madre.
En la época que nos describes,
años sesenta, ¿todavía el hijo menor se agarraba al pecho de su madre?
Carlos Andrade:
Es la parte más autobiográfica de la novela. De pequeño, me pasaba todo el santo
día con un banquito a cuestas, siguiendo a mi madre por campos y brañas para que
se sentase a darme de mamar. Hasta que un día me quemaron el banquillo. Nunca me
olvidaré de él.
Edipo está presente en la vida de Orestes, es parte del conflicto de los hombres.
¿Por qué Orestes, cuando huye
y hace su vida, se decanta precisamente por el boxeo? ¿Eres aficionado, quizá?
Carlos Andrade:
En aquella época, el boxeo estaba en alza, fue una de las épocas doradas. Cassius
Clay, Mantequilla Nápoles… en fin un elenco de maravillosos boxeadores que hicieron
afición. Muchos de nosotros, algunos incluso disputamos algún combate de amateur.
Pero ello no fue determinante para que escogiese el boxeo para mi libro. La idea
del boxeo como metáfora de la vida, surgió a la hora de buscar un contrapunto entre
el miedo físico y el miedo afectivo.
Vemos repetidamente a un personaje
que tiene miedo de amar para no sufrir...
Carlos Andrade:
Cuando en la infancia sufrimos determinadas pérdidas, me inclino a pensar que uno
ya no ama como quiere, si no como puede. El miedo nos limita.
Carlos... me ha llamado la
atención el estilo de la novela. Me explico: En algunos párrafos narrativos intercalas
pensamientos y hasta
diálogos sin hacer un inciso... ¿Lo haces por algún motivo?
¿Te basas en determinados autores?
Carlos Andrade:
Más que hacer una novela bien redactada. Llena de signos, entrecomillados y acotaciones….
Aunque los utilizo, aposté, desde un principio (sangre sudor y lágrimas) porque
algunos pasajes de la novela fuesen narrados en indirecto. Pretendía con ello que
la voz narrativa molestase lo menos posible. Además, quería conseguir que determinados
hechos que nos contaba el narrador, sonasen como si nos las estuviesen contando
los personajes.
Un autor que maneja estos recursos como nadie, por ejemplo, es
Vargas Llosa, en
"Conversación en la Catedral".
Te tengo que decir, Carlos,
que ese estilo me ha confundido un poco como lectora, me ha obligado a volver atrás.
Especialmente al principio, no he sabido “quien es quién” porque la historia fluye
como si el lector ya conociera a los personajes....
Carlos Andrade:
Soy consciente de que al principio,
el lector, en su ánimo de comprenderlo todo,
lo invada cierta ansia. Personalmente soy de los que piensan que hay que comprometer
al lector a que busque. De todas maneras en la novela, por su estructura formal,
cada cinco episodios termina un capítulo, se lee con facilidad: una y otra vez.
Es cuestión de relajarse, si se puede, y esperar a que vuelvan. Yo los veo un poco
como un tiovivo, después de cada vuelta siempre vuelven las mismas figuras.
Además, ¿no nos ocurre algo parecido, cuando entramos a una taberna y escuchamos
como una o varias personas, a la vez, están contando las glorias y miserias de algún
héroe de la vida? Uno al principio se pierde entre tanto narrador, no sabe de lo
que están hablando. Luego se centra en la historia que escucha y se limita a disfrutar,
o sufrir con ella. Esta novela, bajo mi punto de vista, no tiene muchos personajes,
sino muchos narradores ansiosos por participar de la historia. Lo importante es
lo que cuentan.
Por el contrario, las escenas
de la aldea las encuentro muy plásticas... ¡Vamos! ¡Casi he sentido el escozor de
una ortiga o la piel empapada en lluvia! ¿No crees que el lector, que parte de cero,
necesita algo más de información al principio, para situarse y conocer a los personajes?
Carlos Andrade:
La novela no es lineal. Yo animaría a los lectores a que se dejasen llevar por la
historia, que se sienten cómodamente y lean. Las voces y la forma le llevaran al
final de la novela. Es una novela con muchas voces. La impaciencia, no es buena
consejera. Repito. A lo largo de la novela todo vuelve una y otra vez. Paciencia.
No hay miedo a perderse.
Orestes es, en el fondo, un
ser sensible, amante de los libros y hasta tierno ¿Cómo “casa” según tu opinión,
ese temperamento
con el box? ¿Son compatibles?
Carlos Andrade:
Me gustan los personajes contradictorios que a pesar de las dificultades y la dureza
de la vida mantienen, por encima de todo su “sensibilidad y sus ideales intactos”.
Pongámonos en el otro extremo. En la película
El Padrino, Robert de Niro
rompe a llorar en la ópera… ¿Por qué no iba Bruno Broa a ser capaz de boxear, leer
poesía y mantener intacta su ternura? Al contrario. Bruno Broa está dominado por
el miedo, no quiere que el combate termine, porque conlleva tener que enfrentarse
a los rostros del pasado. Después de una vida como la de Orestes, el cuadrilátero
es el
oasis, dentro de ese ring, en esos límites, todo está reglamentado.
Hay muchos escritores que han sido buenos aficionados al boxeo.
Cortázar, si no
estoy confundido, era uno de ellos.
Mencionas en la novela a
Pessoa y a algunos escritores
portugueses... ¿Son para ti una referencia o sólo lo son
para Orestes?
Carlos Andrade:
Deberían serlo para todos nosotros, creo que han sido, salvo
Pessoa, los grandes
olvidados…
Cesário Verde,
Antero de Quental.
Ser huérfano es una forma de sentir, de precipitarse a la vida, de desdoblarse.
En este sentido Pessoa es el mejor representante de todos los huérfanos. Es su gran
embajador.
Ahora, que la novela está publicada,
¿hay algo que cambiarías?
Carlos Andrade:
Una novela no termina de corregirse nunca. Creo que podría estar toda la vida puliendo
el mismo texto. Ahora, si nos atenemos a tu crítica, quizás convendría hacer el
árbol genealógico, o un glosario, a modo de introducción, con lo habitantes de Nublos.
Es broma :)

¿Cómo definirías tú la obra?
Carlos Andrade:
Es una obra melodramática, con una importante carga psicológica y la acción del
box. Es, a la vez, el barniz de una época que debería ser superada.
Esa España “profunda” de la
dictadura y que nos describes magistralmente ¿ha cambiado mucho en las pequeñas
aldeas de montaña?
Carlos Andrade:
No hace muchos, en algunas aldeas, aún seguían sin luz, ni agua corriente. Estoy
pendiente de un viaje a Galicia y estoy seguro que aún queda alguna aldea.
Carlos... Leyendo tu novela
me ha venido a la mente aquella frase famosa: “Dios me libre de los “buenos”
que
de los malos ya me libraré yo” ¿Cuánto daño se puede hacer con actitudes
políticamente correctas, con el “qué dirán” y con el manto protector de la Iglesia
cuando la base es la ignorancia?
Carlos Andrade:
La iglesia siempre estuvo cerca del poder. Y al poder siempre le interesó tener
cerca de la iglesia. Poco ha cambiado.
¿Hay nuevos proyectos literarios,
Carlos? ¿Estás trabajando en algo a corto plazo?
Carlos Andrade:
Estaba trabajando en un par de novelas, una de las cuales, nace en
Nueva York. Concretamente
en el bronx. Será interesante comprobar cuando pase todo este embrollo de la promoción,
qué sensaciones tengo al retomar esos textos
¿Te gustaría añadir algo más?
Carlos Andrade:
Que en la novela "Aquel diluvio de otoño" quedan
muchas vías sin explorar. Quizás, algún día, después de muchos años, y de haber
descansado escribiendo otras novelas, vuelva a retomar la saga de los Lagoa. Nublos,
esa aldea ficticia, siempre me estará esperando con esa lluvia que todo lo envuelve
y la vieja taberna de Che llena de tipos ansiosos por narrar cómo empezó todo de
donde vino Chuco Lagoa, etc. Quedan muchas puertas abiertas…
Te agradezco mucho, Carlos,
el tiempo y la entrevista. Y te deseo toda la suerte del mundo en esta nueva etapa
como novelista. No cabe duda de que te has estrenado con una obra intensa, profunda,
llena de matices y muy enriquecedora para los lectores.
Carlos Andrade:
Gracias a ti, por darme la oportunidad de conversar sobre un proyecto que ocupó
cinco años de mi vida. Y por vuestra aportación al mundo de los libros.
Pilar López Bernués ©
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