ENTREVISTA
Chris Stewart en su estudio
Lo primero que me gustaría saber,
Chris, es ¿cuándo llegaste exactamente a Las Alpujarras?
Chris Stewart:
El día 26 de Noviembre celebraremos diecinueve años aquí. Es una celebración que
solemos recordar, al contrario del aniversario de nuestra boda por ejemplo, lo cual
por falta de certeza de la fecha exacta y una tendencia al olvido, solemos olvidar.
Los Judíos dicen que cualquier oportunidad que se pierde para tener una celebración
en esta vida, está castigada en
el más allá.
Tus dos libros han sido todo un éxito, de
eso no hay duda pero, ¿cómo han acogido este éxito los habitantes de la zona?
Chris Stewart:
Hay de todo… creo que la mayoría lo ven de manera positiva, pero desde luego tengo
mis críticos. Los hay que dicen que mi retrato de los Alpujarreños refleja poco
la verdad… mayormente porque no es la costumbre aquí de comer cabeza de pollo asada
en ascuas, como he sugerido en mi primer libro,
Entre Limones.
No es nada fácil
pintar un retrato del pueblo entre el cual uno tiene que vivir, pero pienso que
he encontrado el camino precario entre el pragmatismo y la verdad; con esto no todos
están de acuerdo.
En los últimos años, Las Alpujarras se han
convertido en residencia de bohemios,
ecologistas, hippys, y “guiris”. ¿Crees que
esto ha sido positivo para la zona?
Chris Stewart:
Sí. Me entusiasmo mucho por la convivencia. Cuando pienso en los beneficios de los
cuales ha gozado mi país nativo en los últimos cuarenta años como resultado de la
inmigración, el multiculturalismo y la integración, me entusiasmo aún más. Han mejorado
la cocina, la música, el
arte, la
literatura, la vida social, todo.
Un pueblo que
se queda aislado corre el riesgo de estancarse. La Alpujarra ya tiene una población
muy mezclada de Alpujarreños y forasteros, y de esto va a salir un futuro rico en
posibilidades. La dieta tradicional y atroz de los lugareños, por ejemplo, ha mejorado
enormemente; además muchos de los inmigrantes han modificado sus malos hábitos como
consecuencia de sus experiencias viviendo entre los indígenos. Desde luego hay problemas
pero no se puede hacer una tortilla… Además la gente que más me gusta suelen ser
los hippies, bohemios, ecologistas y el resto de la chusma.
A estas alturas todos sabemos que fuiste
el primer batería del grupo Genesis, pero también trabajaste como músico de
circo
y como esquilador. Esta última ocupación se convirtió en una fuente de ingresos
en la época de “vacas flacas” en El Valero ya que ibas cada año a los países nórdicos
a esquilar las ovejas de los ganaderos suecos. ¿Cómo es la vida agrícola y ganadera
en Escandinavia?
Chris Stewart:
Sí, he recorrido algo del mundo y trabajado en varios campos… sé muy poco de muchas
cosas. Creo que todos tenemos un don que destaca, y la vida es un viaje en busca
de este don. A mí me encantan la música y la agricultura, pero soy un inútil como
músico tanto como agricultor.
Modestia aparte, era un esquilador bastante bueno,
quizás no de clase mundial, pero lo suficiente para pelar hasta trescientas ovejas
en un día y bien peladas. Esto te va a sorprender, pero me encanta esquilar ovejas…
un gusto curioso, pero he vivido de este trabajo
veinticinco años y es un placer
muy esotérico, y ahora, como escritor, lo echo de menos. Esquilé dieciocho años
en Suecia, desde el Círculo Ártico hasta Skåne en el sur. Conocí desde
el mismo Primer Ministro (Torbjörn Fälldin, que entonces tenía un pequeño rebaño
de ovejas) hasta el más desgraciado borracho del país (un tal Yngve Hällström quien
vive en una choza en el bosque de Östersund.)
Un día en Marzo en el norte, pelé
un rebaño de ovejas con treinta y nueve grados bajo cero… me dolía la nariz… y todas
las ovejas sobrevivieron. Comí alce todos los días y hasta la gorra, y de vez en
cuando el famoso pescado podrido, surströmming (arenque agrio).
Me aburría mucho
en Suecia, limpio, justo, bello, el mismo modelo del desarrollo social al cual todos
queríamos seguir… pero muy monótono… aunque a veces di un paseo en barquito a remos
en algún lago tranquilo, bajo un manto de coloradas hojas otoñales, con una esbelta
amiga rubia – probablemente regañándome por mi falta de interés en Das Kapital.
Nombras a muchas personas en los libros,
y tú sabes que en los sitios pequeños todo el mundo se conoce, ¿son sus nombres
reales o los has cambiado?
Chris Stewart:
Hay de todo… mayormente he dejado los nombres como son, pero algunos, o por que
lo vi más diplomático o porque me lo pidieron, los he cambiado. Domingo, por ejemplo,
no se llama Domingo; se llama Matías. Mientras escribía el libro lo vi muchas veces
y de vez en cuando le pregunté si le molestaría que usara su propio nombre. Siempre
me contestó lo mismo, en tono típicamente Alpujarreño – ‘Me da igual; haz lo que
quieras.’ Luego, habiendo terminado el libro se me acercó un día, perturbado, diciendo, ‘Cristóbal, tienes que cambiarme el nombre. Alguien, y no te voy a decir quien fue,
me ha dicho que tu libro me puede causar un montón de problemas; pues tienes que
cambiar el nombre del cortijo y todos mis familiares también.’
Yo desde luego protesté, diciendo que no le iba causar problema ninguno, pero insistió,
y al final le aseguré que lo cambiaría. Me daba pena porque veo el libro como un
retrato afectuoso de una
amistad, y hubiera preferido mucho más
usar su propio nombre.
Por supuesto cualquier persona que conozca la zona iba reconocerlo de todas maneras,
porque es mi vecino, el pastor del valle, mi compañero de trabajo etcétera… pero
ahora, como cuento en el libro, su vida ha cambiado algo y se ha hecho un artista
– es un escultor extraordinario en bronce – y ya se firma “Domingo”.
¿Has encontrado a alguien que se haya molestado
por haberle nombrado?
Chris Stewart:
Hasta ahora, no. Tengo la impresión de que a la gente le gusta aparecer en un libro.

¿Cómo somos los españoles, Chris? ¿Hay algo
de nuestro carácter que te crispe o te moleste especialmente?
Chris Stewart:
He elegido vivir entre este pueblo hace diecinueve años ya… y no me he equivocado;
no me arrepiento de nada. Por supuesto vosotros, los españoles, sois como los demás:
hay de todo, buenos y malos. Hoy día no está de moda hacer generalizaciones en cuanto
a las razas y naciones… pero la verdad es que sí, se puede hacer con cierta exactitud.
Nosotros los ingleses, por ejemplo, mayormente no somos gente muy excitable… y las
cualidades que más destacan de los españoles no son las de ser flemático ni reflexivo.
Si tengo que excavar más profundamente en busca de algo que me crispe, es difícil
ignorar una cierta carencia de civismo, un solipsismo que surge sin duda de la opinión
tan elevada que tiene (en muchos casos con razón) cada cual en particular de los
españoles. La ama de casa mantiene inmaculado el trocito de territorio suyo delante
de su tranco, pero raro que se empeñe en agacharse para recoger la mas mínima basura
del dominio de su vecina. El señorito aparca su coche justo donde él quiera, sin
tener que dar un solo paso de sobra para llegar a su destinación… no es por ser
vago; es porque está convencido de que él tiene todo derecho a hacer exactamente lo
que le de la gana, aunque también esté dispuesto a conceder este derecho a los demás.
A veces me parece un milagro que la sociedad en este país funciona del todo, pero
sí funciona y bien.
En tus libros encontramos muchos
personajes;
algunos entrañables, pintorescos, surrealistas, pero creo que uno de los que más
ha cautivado es Domingo, o al menos conmigo lo ha hecho. ¿Le han salido más novias
desde su aparición en tus libros?
Chris Stewart:
Esto era una de las intenciones del libro; su estado de solterón me entristecía,
y él, un tío con tantas cualidades de inteligencia, de cariño, de ausencia del detestable
machismo… y además, sino un poco tímido, guapo. Por supuesto es campesino y he notado
que lo que menos quieren las chicas de este país es someterse a una vida campesina.
Esperaba despertar interés por él entre el género femenino. (La versión inglesa
tiene fotos.)
Al final no funcionó, porque llegó una chica justo antes del fin del
libro, y ahora, ocho años más tarde, están todavía muy felices juntos.
Me gustaría que me hablases un poco sobre
el proyecto de la construcción de la presa. ¿Cómo está el tema?
Chris Stewart:
Ya terminado. Pero como con muchos acontecimientos similares, ha salido muy diferente
de lo previsto. El proyecto era por un dique de cuarenta y cinco metros de altura,
lo que supondría un desastre para nosotros - nuestra casa estando a solo cuarenta
metros encima de la base del muro. Al fin y al cabo lo construyeron a solo quince
metros. Lo que tenemos ahora es un cuerpazo bonito de agua donde el sol brilla de
día y de noche riela la luna. También hay un nuevo ecosistema de charca, con aves
acuáticas y todo su rollo. Curioso cómo las cosas que más tememos a veces salgan
buenas.
¿Crees que la publicación de tus dos libros
y el dar a conocer el problema han parado o al menos retrasado dicho proyecto?
Chris Stewart:
Obviamente no pero además las administraciones hacen poco caso de un puñado de hippies
y un tonto escritor.
Tanto en “Entre Limones” como en “El loro en el limonero”
aparece, según mi opinión, un claro mensaje ecologista ¿Esa era
tu idea o simplemente ha aflorado debido a los problemas con los que te encontraste,
como la construcción de la presa?
Chris Stewart:
Somos ecologistas; lo hemos sido desde no sé cuándo, pero mucho más desde nuestra
estancia aquí en la Alpujarra. Es difícil vivir en el campo y del campo sin darse
cuenta de la necesidad de cuidar, y no abusar, la tierra de la cual dependemos todos,
tanto urbanos como campesinos.
Ahora, como decimos en España, “mójate”.
¿Crees que es más importante para las administraciones un campo de golf que un entorno
natural como el valle donde se encuentra El Valero?
Chris Stewart:
Hay que mojarse… viendo las barbaridades que se están cometiendo, no solo en este
país, en el mundo entero, es difícil callarse. Por supuesto viviendo aquí donde
vivo lo que más veo son las depredaciones de las costas que ya se van deslizando
hacia el interior, a Sierra Nevada por ejemplo. Lo que a mí me parece es que no
sabemos dónde parar: el turismo costero ha sido mayormente una cosa buena, trayendo
empleo y riqueza a zonas donde antes solo había pobreza y hambre. Pero mira cómo
la avaricia desbocada ha destrozado casi la costa entera de este país.
He leído
el reportaje de Greenpeace “Destrucción a toda costa” y he seguido con desespero
los acontecimientos tan feos en Marbella. Ya veo el mismo fenómeno pasando por todos
lados, tanto en las costas como en el interior. Por razones de ganancias descomunales
a corto plazo, estamos destrozando para siempre (el hormigón armado no es biodegradable)
el mundo en que van a vivir nuestros hijos y nietos; estamos robando su patrimonio,
y, cuando den cuenta, no nos van a perdonar.
El golf, a propósito, es para los golfos.
¿Va mucha gente en peregrinación a El Valero?
Chris Stewart:
Sí, vienen. Ahora es manejable, hasta agradable; la gran mayoría es gente muy amena,
y además me siento halagado de que hayan hecho tanto esfuerzo para llegar al quinto pino
del Valero.
Cuentas en tu libro anécdotas que a veces
nos sobrecogen, como las navidades que pasasteis tú, Ana y Chloe en El Valero con
el agua hasta las rodillas. En todos estos años, ¿Te ha pasado alguna vez por la
cabeza la idea de abandonar Las Alpujarras?
Chris Stewart:
Los primeros diez años fueron duros – un montón de trabajo y pocos recursos-, pero
con una sencillez de vida que nos daba mucha
felicidad y también servía para unirnos
aún más como familia. Lo peor fue que a veces nos encontramos tan cansados por el
trabajo que no nos sobraba energía ni para leer, ni conversar ni salir… temíamos
que estuviéramos convirtiéndonos en catetos. Fue entonces que de vez en cuando dudábamos,
pero con la ayuda de buenos vecinos, un entorno extraordinariamente bonito y un
buen puñado de suerte, lo superamos… y aquí estamos todavía.
No quiero dejar de hablar de “Porca”, el
loro que da título a tu segundo libro. ¿Te ha cogido cariño o por el contrario sigue
odiándote?
Chris Stewart:
Los loros son unos organismos muy sencillos (mientras escribo esto - de Rodríguez
porque mis mujeres se han marchado a la costa - el hijo de puta está sentado en
mi hombro, esperando una oportunidad a saltar sobre el teclado y quitar una letra
con su pico. Ya es difícil teclear, porque ha quitado muchas letras y no es nada fácil
reponerlas.)… digo que son organismos muy sencillos y no cambian, ni aprenden, y
nunca olvidan un resentimiento. Por eso me odiaba, me odia y me odiará hasta el
día que el uno o el otro se muera. Por mi parte, lo adoro, porque aunque sea un
verdadero hijo de puta, como acabo de decir, es un hijo de puta muy bonito.
Chris junto a Anne, Chloe y Porca, el loro que da título al libro
¿Has conseguido por fin saber cuál fue su
procedencia?
Chris Stewart:
No; al inicio buscamos un dueño, pero ya damos cuenta que es su propio loro.
¿Cómo ha sido la experiencia de escribir?
Creo que no lo habías hecho antes, al menos de manera profesional.
Chris Stewart:
Para decir la verdad, me encanta. Llegué a ponerme a escribir con cuarenta y cinco
años, y cuando va bien va de puta madre… pero habiendo vivido toda mi vida del
trabajo manual, lo encuentro un poco difícil verlo como un trabajo de verdad.
¿Continúas escribiendo?
Chris Stewart:
No hay manera de pararme ya.
¿Cuál será tu próximo trabajo? ¿Quizá una
novela?
Chris Stewart:
La novela me parece el colmo del arte de escribir, y tengo mucha ilusión de intentarlo.
Ahora mismo estoy metido en algo
autobiográfico y en un
libro de viajes. Realmente
no escribo nada, porque carezco totalmente de la necesaria autodisciplina, y siempre
hay algo que hacer con las ovejas o en el huerto.
Como curiosidad, cuéntame un poco tus gustos
literarios. ¿Tienes debilidad por algún escritor?
Chris Stewart:
Difícil; soy un lector voraz.
Martin Amis, Ian McEwan. Laurie Lee, Norman Lewis,
John Updike, Philip Roth, Javier Marías, Manuel Rivas,
Charles Dickens, Victor Hugo,
Honoré de Balzac… etcétera
¿Qué libro hay ahora en tu mesita de noche?
Chris Stewart:
“Speak Memory”. La autobiografía de Vladimir Nabokov.
Por último, Chris, tengo una enorme curiosidad
por una cosa; ¿cuánto pesa una vaca inglesa?
Chris Stewart:
Cae en algún sitio entre un marrano (bien gordo) y un rinoceronte.
Muchas gracias Chris por tu tiempo y tu simpatía.
Chris Stewart:
Ha sido un placer.
Celia Santos ©
www.ciberanika.com
Comprar "El
loro en el limonero"
Comprar "Entre limones"
Enlaces Relacionados
Ficha "Entre limones" en Anika Entre Libros
Ficha "El loro en el limonero" en Anika Entre Libros
RESPONSABILIDADES: En esta
web no existe ningún tipo de copia literal por parte de Anika a menos que le hayan
dado permiso para su uso autores o editoriales, o que no pertenezca a las propias
fichas personales de libros de leídos de la webmaster. Anika es creadora y dueña
única de los argumentos y opiniones de "Anika Entre Libros" firmados por ella, y
por ello decide hacer públicos sus propios textos. Si alguien quiere utilizar cualquier
parte de esta web póngase en contacto con ella. Del resto de la web, críticas y
opiniones, se responsabilizan sus autores, así como de las opiniones personales
vertidas por sus colaboradores, entrevistados, articulistas y foreros.
Respeta la propiedad intelectual,
respeta el trabajo de los demás. |
Dirección
y diseño web (webmaster) ANIKA
UTOPIASOFT.NET
© www.ciberanika.com |