ENTREVISTA
¿Cómo
nació “El mar invisible”? ¿Dónde se
gestó?
Juan Cobos Wilkins:
Yo quería escribir una novela que hablara del amor, de las soledades, de la libertad
y del poder sanador de las palabras. Y cuando gestaba, aún en abstracto, una novela
que reuniendo esas cuatro posibilidades, fuera de intensidad, fuera de vértigo,
porque yo quería situarlas en el límite, en
el abismo, en el extremo total de la
intensidad del ser humano, empezaron a suceder cosas que me hicieron creer que el
azar no conspira contra la emoción y que al azar a veces se le intercala una “h”,
se convierte en azahar y perfuma el destino.
¿Cuáles fueron esas cosas que sucedieron?
Juan Cobos Wilkins:
Fueron las siguientes causalidades que se encadenaron para crearme el territorio
fértil de escritura. Los presos de la cárcel de seguridad de Huelva me pidieron
que tuviese una charla, una conferencia, una entrevista con ellos. Yo había publicado
“El corazón de la tierra”
mi primera novela y ellos quería grabar esa entrevista y emitirla en un circuito
cerrado, nunca mejor dicho, de televisión. Grabaron esa entrevista y la llamaron
“letras libres”.
Lo que era un encuentro
que tenía que durar una hora, en el año 2001, está concluyendo 2007 y no ha terminado.
El encuentro ha permanecido durante todos estos años como un boomerang
que iba y venía y que me hacía sentirme profundamente turbado y conmovido porque
tiempo después de esa entrevista supe que había más de medio millar de
presos en lista de espera para leer
un libro mío.
Tiempo después supe
que se había creado una biblioteca en
la cárcel y que en la biblioteca se
creaba un club de lectura y los presos le ponían al club de lectura mi nombre. Es
increíble que se cree un club de lectura en una cárcel y que donde antes se alineaban
paralelos los barrotes privadores de la libertad, ahora se alinean los
lomos de los libros que contienen algo
de lo que ni siquiera la cárcel puede privar al ser humano, que es la imaginación
y las palabras. Algo que da alas y posibilita el volar; la imaginación, la palabra
y la libertad.
¿Por qué le pusieron tu nombre?
Juan Cobos Wilkins:
Le podrían haber puesto el nombre de un escritor, con el juego y el maridaje cruel
y terrible que ha habido entre España, sus escritores y la cárcel. Le podrían haber
puesto
Cervantes o San Juan de la Cruz, que ambos estuvieron
presos, pero que le pusieran mi nombre se convirtió en una linternita o faro que
en las noches de duda, cuando uno escribe en la soledad del folio (yo comienzo a
escribir siempre con lápiz y cuando llevo dos o tres folios paso al ordenador, pero
necesito el tacto del ser más generoso de la creación que es el árbol), en las noches
en que como escritor me pregunto si lo que he escrito tiene sentido, a donde va,
para qué vale, si a alguien le llegará, pienso en que hay presos que tienen una
biblioteca, que leen libros y que tienen un club de lectura, que, da igual el nombre
que tenga. Entonces me doy cuenta que merece la pena y que verdaderamente la palabra
tiene un poder sanador.

¿Tuviste alguna otra inspiración?
Juan Cobos Wilkins:
En ese tiempo, en esa cárcel de la dictadura se colocaba una placa
que rendía homenaje a los homosexuales allí apresados única y exclusivamente por
su opción de amor. A todos los hombres y mujeres que sencillamente por amar de una
forma que la dictadura no consideraba, la propia, se les privaba de la libertad,
se les humillaba, se les vejaba, se les violaba. Y esa cárcel, además, es la primera
cárcel en la que cayó preso el poeta
Miguel Hernández, alguien que había
defendido la libertad desde la palabra y con la poesía. Que había luchado y muerto
por las libertades civiles sin renunciar a la belleza y a la intensidad de la palabra.
A mí me hicieron llegar
de manera misteriosa el expediente carcelario de Miguel Hernández, antes de que
esa cárcel desapareciera, afortunadamente, como cárcel de la dictadura. Así que
ahí encontré la unión y reunión de todas esas piezas del
puzzle, el terreno fértil, el adecuado
para sembrar esas historias que yo quería contar.
Y así nació “El mar invisible”, situándola
en una prisión cercana al mar en cuyos muros el salitre del mar que quedaba pegado,
se oía el rumor de las olas, se presentían las mareas pero no se podía ver ni se
podía tocar. El símbolo de la libertad, que es el mar para el ser humano, se hacía
más hiriente, más lacerante cuando estaba casi al alcance de la mano pero uno permanecía
encarcelado.
Haces mención a
Luis Cernuda con la frase “Libertad no conozco
sino la libertad de estar preso en alguien” ¿Es un autor fetiche
para ti? ¿Te ha inspirado?
Juan Cobos Wilkins:
Te voy a decir una cosa que igual te sorprende. Yo no comulgo con ese verso de
Cernuda. El verso es esplendente, hermosísimo y como alianza
amorosa al dedo de “El mar invisible” casi como
una alianza de espuma, le cuadra, pero el autor,
Juan Cobos Wilkins no comulga con esa frase.
Cernuda dice: “libertad
no conozco sino la libertad de estar preso en alguien”, yo diría, “libertad
no conozco sino la libertad de estar libre contigo”. Yo daría un paso más
allá. Me atrevo humildemente a corregir el hermosísimo verso de Cernuda y reivindicar
que para mí la libertad es la de ser libre con alguien y no sentirse preso en alguien.
Hasta qué punto novelas como "El beso de la mujer araña"
de
Manuel Puig han influido en esta novela.
Juan Cobos Wilkins:
No. No es una novela que me haya inspirado. Yo leí “El beso de la mujer araña” siendo muy
joven. Esa novela tiene más de treinta años y yo la leí siendo un chaval. Me conmocionó
esa novela, me impresionó y me parece una novela que como precedente de muchas novelas
es muy hermosa, muy digna y tiene, para mí, todos los placeres del lector y del
escritor hasta tal punto que en “El mar invisible” hago un guiño; “El beso de la mujer araña” está llena
de historias de películas de cine que cuenta un preso al otro y yo en un par de
momentos de la novela hago referencias cinematográficas, porque yo me eduqué leyendo
libros y viendo películas.
Pero creo que “El
mar invisible” nace y se dirige a un territorio y a un fin muy
diferentes de “El beso de la mujer araña”, y el camino
que recorre desde donde parte hasta donde concluye, también es un camino muy diferente.
El lenguaje, la intención, los modos, las forma, los personajes, no tienen nada
que ver con “El beso de la mujer araña”. Lo que ocurre
es que
historias de amor, de crímenes que se desarrollan en un hotel, en
un tren, en una gran
ciudad o en una aldea hay miles, pero historias de un homosexual
preso hay muy pocas y por eso es muy fácil recordar una, porque son minoría.
Con “El mar invisible” quedaste
finalista el
VI Premio de Novela Ciudad de Torrevieja.
Catalogado, según algunos, como el 2º en importancia de las letras españolas. ¿Cómo
sienta recibir un premio?
Juan Cobos Wilkins:
Siento que sin el respaldo de un premio de la importancia y la repercusión de éste,
podría pasar en las mesas de novedades de las librerías como pasa la moda en las
pasarelas, es decir, de temporada.
Creo que una novela
de la conciencia y de la emoción como es “El mar invisible”, de la emoción
consciente y de la conciencia emocionada, una novela en la que ética y estética
son siamesas y es imposible dividir ese corazón compartido, una novela de esas características,
creo que necesaria, al margen de que yo sea el autor, merecía tener el eco, el respaldo
de un premio que posibilitara que no estuviese en la voracidad y en la fugacidad
de las librerías y de las mesas de novedades. Si no hubiese tenido ese premio no
estaríamos teniendo esta entrevista.
El artículo 431 de la Ley de
Vagos y Maleantes de la Segunda República se aplicó hasta los años setenta, fue
sustituida por la de Peligrosidad Social. Sin embargo, aquella primera Ley no contemplaba
la represión a los homosexuales como colectivo hasta que fue modificada en los años
cincuenta. ¿Qué argumentos utilizaban hasta entonces para encausarlos?
Juan Cobos Wilkins:
Sí, no olvidemos que la Ley de Vagos y Maleantes es una ley
republicana. Yo lo que creo es que la
represión de lo que consideran las normas preestablecidas y encorsetadas de la sociedad
diferente, trasgresor, perturbador de sus cimientos ortodoxos que les hace perpetuarse
siempre de una forma determinada se da igual en leyes que provienen, en este caso
de la república como en las que provienen de una dictadura.
A veces la izquierdas
o las derechas coinciden, desgraciadamente, en asustar al ser humano para que no
se sienta feliz ni libre, y sobre todo en concitar lo más terrible que es la autorepresión
y la autorepresión se concibe cuando con una simple letra cambia el concepto de
libertad por el de miedo, y el mar se convierte en el mal, y “el mar invisible”
se convierte en “el mal invisible”. Y de la autorepresión salen las
izquierdas y las derechas.
No es verdad que en
la tierra de los ciegos el tuerto sea el rey, en la tierra de los ciegos el tuerto
está en la cárcel.
¿Te has basado en testimonios suficientes
de homosexuales que sufrieran prisión en las cárceles de
Franco por el mero hecho de serlo?
Juan Cobos Wilkins:
Sí, no sólo antes sino tras la publicación de la novela. Aun cuando lleva en las
librerías apenas veinticinco días, he recibido correos de esos que verdaderamente
te dan un pellizco en el alma. Mensajes que te emocionan hasta casi hacerte saltar
las lágrimas de personas que me han dicho “me reconozco, he vivido cosas similares,
he padecido momentos semejantes, me reconozco, muchas gracias”
Eso me parece muy emocionante
Juan Cobos Wilkins:
Lo es.
En los departamentos de homosexuales
de las cárceles catalogaban a los “pacientes” en diferentes clases: Homosexual genuino,
congénito, de hábito, pasivo, activo o mixto o el “bisexualismo híbrido marcusiano”
¿Quién inventó esta catalogación?
Juan Cobos Wilkins:
(Carcajadas) Eso se lo dice en la novela El Jara a Lorenzo, “bisexualismo híbrido
marcusiano ¿eso que coño es?”. Yo no sé lo que es.
Una de las cosas por
lo que se catalogaba a los homosexuales podía ser la forma del vello púbico, la
forma de la terminación de la columna vertebral, y otras muchas barbaridades. Eso
sería risible si no fuera tan humillante, tan denigrante y tan torturador e hiriente
para el ser humano. Si no hubiera llevado a la
tragedia a tantas personas sería para
soltar una carcajada. Lo que sucede es que eso fue causa de infelicidad para muchos
seres humanos. Que alguien, por la forma del vello púbico o por la cantidad de grasa
acumulada en ciertas partes del cuerpo o por la dilatación de las pupilas ante las
fotos de Ava Gadner o James Dean se lo catalogara de ese modo es monstruoso.
Entre las muchas barbaridades hacia
los homosexuales en las cárceles franquistas, hablas de
tratamientos de hormonas, terapias agresivas, electro-shock,
lobotomías…
Juan Cobos Wilkins:
Sí, en los tratamientos de lobotomía se anulaba una parte del cerebro pero no es
que con ello dejaran de ser homosexuales, es que dejaban de tener cualquier tipo
de deseo sexual y hasta anulaba y mataba los recuerdos y la memoria.
Narras un caso de castración colectiva
que no se llevó a cabo pero sí se inició ¿Pasó realmente?
Juan Cobos Wilkins:
No, eso es puro invento, afortunadamente. Había casos de castraciones individuales
de homosexuales o de cualquier preso pero esa castración colectiva es algo inventado
por mí para la novela en donde una serie de presos que dibujan en la bandera nacional,
en vez de el águila imperial dibujan una gallina que está poniendo huevos con la
cara de Franco y de Millán Astray y en represalia a eso deciden castrarles a ellos.
Sin embargo sí es
cierta la frase del propio Millán Astray que aparece en la novela que es tan terrible
como lo que acabamos de decir: “Os digo que a todo homosexual, a todo invertido
que escuchéis hablar mal del movimiento lo matéis como a un perro”. Por
eso me permití, desde la imaginación, contar esa historia, porque tenía un aval
de certeza histórica de cosas similares.
Aparte de homosexuales, todos sabemos
que
se encarcelaba a intelectuales, personas cultas. Evidentemente, ser
homosexual en aquella época era ser una persona abierta, con amplitud de miras y
tolerante. ¿Eran más peligrosos por atentar contra la moral o por pensar por sí
mismos?
Juan Cobos Wilkins:
Francamente, no lo sé. A mí no me gusta generalizar. Creo que hay gente más o menos
liberal, más o menos conservadora, gente auto-represiva y gente castradora con los
suyos desde todas las opciones. A veces el peor perro es el que come carne de perro
y a veces la represión mayor de un ser humano a otro viene de aquel que es lo que
trata de reprimir en el otro. Conocemos muchos casos como el de los políticos norteamericanos
que han perseguido, han condenado y han represaliado a homosexuales y los acaban
descubriendo en un lavabo público con otro señor. Muchas veces la represión viene
de alguien que no es capaz de asumirse a sí mismo
Ahora que tanto se habla de la memoria
histórica ¿Crees que se tendrá en cuenta a todos aquellos hombres y mujeres que
murieron en las prisiones por ser homosexuales?
Juan Cobos Wilkins:
Se debe tener en cuenta, pero yo no soy Rappel.
En la novela explicas cómo la prensa
de la época narraba el asesinato de las dos hermanas a manos de El Jara, con todo
lujo de detalles. La prensa sensacionalista no es un invento de ahora, ¿no?
Juan Cobos Wilkins:
No. Yo creo que el sensacionalismo existe desde el tiempo de los romanos (risas).
Eso es algo que está presente y que forma parte de los muchos tumores de la sociedad.
Pero sí había ciertas publicaciones
como El Caso, que se especializó en este tipo de hechos.
Juan Cobos Wilkins:
Sí, pero te diré una cosa, prefiero un periódico que yo se qué es, de dónde viene,
que no engaña y a quién se dirige y que sabes claramente qué es lo que vas a encontrar
en su páginas y dónde se sitúa, como El Caso, que obviamente era un periódico
sensacionalista y morboso pero que tú sabías a lo que ibas, que no lo lobos disfrazados
con piel de cordero de otros
medios de comunicación que revestidos de otra cierta autoría
no dejan de jugar a lo mismo. Prefiero que alguien me diga claramente
qué es lo que me voy a encontrar bajo su cabecera que no que me quieran vender la
burra, sobre todo porque yo he estado ocho años dándole de comer a Platero y ya
no me dejo engañar. (Juan Cobos Wilkins fue director de la casa – museo Juan Ramón
Jiménez).
También tratas en la novela el tema
de los pederastas, sobre todo en los colegios religiosos. ¿Se conoce algún caso
de profesor o religioso que fuese encarcelado por homosexual o pederasta?
Juan Cobos Wilkins:
Pues no lo sé. Yo no lo conozco. Sí conozco casos y testimonios de aquella época
que me han servido para la construcción de la novela, de pederastia por parte de
sacerdotes y religiosos hacia niños, pero para eso no nos tenemos que remontar a
la época de la dictadura. Pero tengo la sensación de que el
régimen franquista y
la iglesia que en tantos senderos
caminaba bajo palio. El dictador bajo el paraguas protector de la iglesia y la iglesia
bajo el paraguas de acero protector de un régimen impuesto por las armas, se tapaban
mutuamente los “pecadillos”.
Sí conozco el caso
de un obispo que siempre estaba rodeado de niños y cuando alguien preguntaba quiénes
eran la gente decía “esos son los pecadillos del obispo”, y no pasaba nada,
por eso tengo la sensación de que se tapaban mutuamente.
Pero es que
todo es diferente en función de la clase social y del poder económico.
Si se era mujer, homosexual, negro o mahometano no era lo mismo que si se pertenecía
a una clase social alta o se era rico donde seguramente se corría un tupido velo.
Si no se tenía la bolsa llena entonces sí ocurría. La mayor
marginación viene de la pobreza no de
la sexualidad ni del color de la piel ni de la religión ni de la raza. Ni siquiera
los homosexuales, en la dictadura, si eran ricos, sufrían la represión que sufría
alguien que no lo era. La madre de las marginaciones es la pobreza y de ahí salen
las ramas de todas las demás.
Me gustaría hacer hincapié en un
recuerdo de Lorenzo de niño. Describes en un momento del libro cómo de pequeño besaba
a su madre repetidamente (como nos gustaría a todas las madres que nos besaran nuestros
hijos) cuando no le veían sus amigos. ¿Eso indica que la ternura siempre ha sido
sinónimo de amaneramiento?
Juan Cobos
Wilkins:
Eso le sucede a muchas
personas en muchos ámbitos de la vida. Ese pudor y esa vergüenza ante nuestros amigos
de mostrar la afectividad a su madre. En privado muchos niños son capaces llenar
a su madre de besos, pero eso no lo hacen delante de sus amigos. Pero si la madre
pasara días sin una caricia hacia él o sin un beso, el niño lo demandaría y sería
él el que le diese el beso a su madre. Eso me lleva a pensar cómo en publico y en
privado nuestros comportamientos son distintos y cómo, igual que sucede en “El mar invisible”, somos capaces
de contarle a un desconocido que se cruza fugazmente en nuestra vida, alguien que
hace que el azar interseccione en tiempo y en espacio, aquellas cosas que a quien
camina a diario a nuestro lado le ocultamos.
¿Son incompatibles ternura y virilidad
incluso hoy en día?
Juan Cobos Wilkins:
No lo he creído en mi vida. Esa es una auto represión. Ese es un “mal invisible”.
Quien crea que virilidad y ternura son antitéticos e incompatibles es un preso de
las emociones, es alguien a quien años de imposición social y de creencias lo tienen
en una cárcel particular. No estará imposibilitado para ir al cine, por ejemplo,
pero está imposibilitado para sentir y expresar lo que siente. Creo que yo, como
hombre, soy más libre si manifiesto mis sentimientos. Me siento más libre y creo
que a quien se los manifiesto le hago sentir más libre y desde luego reivindico
plena y absolutamente la ternura al margen de lo que se tenga entre las piernas.

Celia Santos y Juan Cobos Wilkins
En la prisión de Huelva, los presos
tienen un club de lectura que lleva tu nombre. Supongo que has estado con ellos
en más de una ocasión. ¿Qué tipo de lectura trabajan?
Juan Cobos Wilkins:
Leen de todo, pero sé que muchos aman la
poesía. Cuando me escriben lo que me
envían son poemas. La poesía ocupa un lugar prominente en los gustos de algunas
de las personas privadas de la libertad. Leen poesía y escriben poesía. Fundamentalmente
por ellas, las mujeres. Sois más capaces de mostrar vuestra sensibilidad.
¿Más capaces o más atrevidas? ...volviendo
a la pregunta de antes sobre mostrar los sentimientos.
Juan Cobos Wilkins:
Yo no creo en las generalizaciones, como no creo en los seres humanos como artículos
de supermercado ni como artículos de la lengua. Tú me hablas de ti en concreto y
yo te hablo de mí. De hombres y mujeres en general. Yo no soy nadie para hablar
porque no estoy en la piel de todos y cada uno de los seres humanos. Conozco hombres
que se sitúan en un plano y mujeres que se sitúan en otro; homosexuales bastante
burracos y homosexuales muy sensibles; homosexuales castradores y homosexuales libertadores…
las etiquetas a mí me valen para el jamón de pata negra pero nada más.
Has sido director de la casa–museo
Juan Ramón Jiménez, crítico en Babelia… Tu libro “El
corazón de la tierra” fue llevado al cine…
Juan Cobos Wilkins:
Hace un mes que ha tenido el premio a la mejor película en el Festival de Cine Latino
de Los Ángeles.
¿Qué sientes cuando ves que tus
personajes, los que han nacido
dentro de tu mente, los que tú has creado, aparecen en la gran pantalla?
Juan Cobos Wilkins:
Muy raro, Celia, muy raro. No son como yo los he imaginado. Es como un desdoblamiento
y eso parece que le está sucediendo a otro. En la novela, la protagonista era una
mujer de setenta y cinco años y en la película tiene veinticinco. La película es
fiel al espíritu pero no a la letra. A los hechos fundamentales que se narran en
la novela que es la manifestación de mineros, agricultores y ganaderos contra una
multinacional de aquella época que hace indigno el trabajo del ser humano, que los
explota, que los humilla, que, algo que en Huelva se sabe, contamina el agua, la tierra, los ríos y acaba con la agricultura. La historia es fiel a estos hechos
pero a partir de ahí la película va hacia unos territorios muy diferentes.
Yo la he visto como
un espectador que se sienta a ver una obra que se inspira en una novela suya que
es respetuosa con el fondo pero no con el resto.

¿Participaste en el proceso de selección
de los actores?
Juan Cobos Wilkins:
No. Yo quise mantenerme higiénicamente al margen.
¿El guión no es tuyo, no?
Juan Cobos Wilkins:
No, el guión no es mío.
Un compañero que estuvo en el “Premio Ciudad de Torrevieja" nos contó
que te molestó que al día siguiente la prensa tildara tu novela de "temática gay".
Evidentemente, la novela es mucho más que "homosexualidad" ¿Cómo te sentiste?
Juan Cobos Wilkins:
Es algo que no se corresponde con la realidad. No se adecua a lo que yo he escrito.
Si no creo en las clasificaciones de los seres humanos tampoco creo en las clasificaciones
literarias. La literatura puede ser buena, mala o regular. Hay literatura de evasión
y hay otra, como es la mía, de invasión. Lo que se cuenta en “El mar invisible” tiene un fundamento
y un pilar grande en la represión homosexual, pero siendo eso germen, motivo e inspiración
se trasciende como símbolo de la represión y la auto represión como
vuelta de tuerca terrible de los seres
humanos en todos los campos de la vida, y mi novela del amor que no tiene etiquetas
porque yo no veo que la novela ganadora o la del año pasado diga, es una novela
heterosexual ¿qué es una novela heterosexual? No tiene sentido.
En mi novela hay un
personaje homosexual que está reprimido por su opción amorosa. Pero la literatura
no va dirigida a nadie ni que calce un cuarenta y cinco o que calce un treinta y
ocho, va dirigida a quien tiene pies y quiere caminar. Esa etiquetación creo que
no se ajusta a la realidad y sobre todo creo que quien lo dice lo hace con prejuicios.
Por eso yo revelo en la novela una historia muy diferente y me rebelo a eso, sencillamente,
no por ningún motivo, sino porque no se corresponde con la historia.
¿Cuál es tu próximo proyecto?
Juan Cobos Wilkins:
Voy a publicar un libro de poesía. Hace diez años que no publicaba poemas y me hace
mucha ilusión.
Muchas gracias, Juan, por tu atención.
Juan Cobos Wilkins:
Gracias a ti.
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- La dedicatoria - |

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Celia Santos ©
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