ANIKA ENTRE LIBROS
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Entrevista a TOTI
MARTINEZ DE LEZEA
para Anika Entre
Libros
Por Anika |
A
Toti Martínez de Lezea
le tengo un especial cariño que viene de hace un buen tiempo ya. Descubrirla como
escritora fue una sorpresa para mí; yo, que siempre leía las opiniones de los demás
sobre sus libros, jamás la había leído. Un día decidí remediarlo y me pregunté por
qué no lo había hecho antes. Como escritora, como narradora, como historiadora,
es una experta, y como mujer, estupenda. Tras leer "La herbolera. Una joven curandera acusada de brujería",
"Brujas"
y "Leyendas de Euskal Herria" le
hice mi primera entrevista, y ahora que he leído su último libro, "El Jardín de la Oca", tengo
el honor de volver a repetir.
En "El Jardín de la Oca" (Maeva) se
unen en el camino de Santiago diversos personajes en busca de una respuesta y, por
motivos personales, de un peligroso asesino que en su día fue mano cruel inquisidora.
Como digo en mi reseña, un conjunto de aventuras, thriller, misterio, personajes
de distintas razas y formas de pensar, donde igual conoces a los judíos como a los
musulmanes, a los agotes como a los templarios, a los religiosos como a los constructores
de catedrales, a los campesinos como a los cátaros… narrados por mano experta y
gran conocedora de lo que relata, es un libro que a cualquier amante del tema, de
los libros de
Toti Martínez de Lezea,
de la Edad Media, o de la novela histórica y el thriller no debería perderse.
...además de ser un psicópata de cuidado, Lepetit
representa un tipo de persona que nos es bien conocida: aquélla que cree hallarse
en posesión de la verdad, integrista, intolerante e insolidaria, lo que le lleva
a ser también cruel con quienes no le siguen y, curiosamente, ejerce un gran atractivo
en otras personas...
ENTREVISTA
Toti,
la primera pregunta es obligatoria ¿es el juego de la oca, o El Jardín de la Oca,
el leit motiv para contarnos en realidad una historia mucho más compleja?
Toti Martínez de Lezea:
Digamos que es el hilo conductor, la senda por la que transcurren unos
personajes cuyas vidas se entrelazan,
se separan o se enfrentan dependiendo del momento y que, finalmente, acaban encontrándose
en el Jardín de la Oca, la última etapa del Camino y, también, la última casilla
del juego.
Tu novela está ambientada en el
camino de Santiago y hay muchas obras
publicadas sobre el mismo recorrido. Dile a los lectores qué tiene o qué diferencia
“El
Jardín de la Oca” de otras?
Toti Martínez de Lezea:
Cierto que existen bastantes novelas ambientadas en el Camino de Santiago, pero
ninguna es igual a otra porque, aunque el recorrido sea el mismo, no lo es la intención
del autor/a a la hora de contar su historia. Cada cual emprende su camino en el
lugar que le es propio y lo hace a su manera. No creo en griales, tesoros ni hechos
extraordinarios y nada de esto encontrará el lector en “El Jardín de la Oca”, pero sí
encontrará una manera de ver la vida que es igualmente válida hoy que hace ocho
siglos.
Dime una cosa ¿cómo se te ocurrió utilizar el famoso “juego de la oca” para escribir
esta historia ¿dónde viste esa conexión que te hizo ponerte a escribir inmediatamente
la novela y cómo es posible sacar de este tablero todo un
mundo medieval de posibles secretos
templarios?
Toti Martínez de Lezea:
La conexión existe desde antiguo y se ha escrito mucho al respecto: que si era una
representación del Camino, que si un plano de las encomiendas secretas del Temple,
que si un tablero de adivinación anterior a las cartas del Tarot... Se me ocurrió
utilizar todas estas teorías desde las diferentes visiones de los protagonistas
de la novela y “jugar” a mi vez.
Creo que has quedado muy satisfecha con tu novela ¿me equivoco?
Toti Martínez de Lezea:
Siempre quedo satisfecha con lo que hago; de otra manera, no lo daría a publicar.
Puede que con el tiempo cambie de opinión, piense que ésto o aquéllo habría quedado
mejor expresado de otra manera, pero me entusiasmo mientras escribo y disfruto mucho.
Nos movemos en la Edad Media, con un conjunto de razas y religiones que conocemos
porque nos informamos (judíos, cristianos, musulmanes,
cátaros), pero en tu novela hay un “agote”,
algo que en la actualidad o no existe o ya no es noticia. Háblamos de los “agotes”
y por qué estaban tan discriminados…
Toti Martínez de Lezea:
Los agotes sufrieron una discriminación brutal desde, al menos, el siglo XII hasta
el XX. Vivían en ambas vertientes de los Pirineos, desde Huesca hasta el País Vasco,
y en algunos momentos fueron obligados a llevar cosida una pata de oca roja sobre
el hombro izquierdo. Se decía de ellos que eran
leprosos, o descendientes de leprosos,
lo cual es incierto ya que existían leproserías y todos los enfermos estaban obligados
a vivir en ellas. Éstos, no obstante, vivían en los pueblos. También se decía que
eran los carpinteros que fabricaron la cruz en la que murió Cristo, que tenían rabo,
que hedían y otras sandeces por el estilo.
Eran cristianos y, sin embargo, estaban
obligados a entrar en la iglesia por una puerta aparte y a colocarse en el fondo;
no se les permitía el matrimonio con otros que no fueran agotes; se les enterraba
de noche al borde de los caminos o en tierra no consagrada... Y se ignoran las razones.
Personalmente, pienso que eran los descendientes de los últimos paganos de nuestra
tierra y de ahí la aversión hacia ellos.
Uno de los personajes, Ugo Ermengol, se presenta como caminante de Santiago de oficio
¿hubo quienes realmente tomaran como oficio realizar el camino de Santiago?
Toti Martínez de Lezea:
¡Por supuesto! Al organizarse “oficialmente” el Camino, los benedictinos y los reyes
crearon una red de hospederías, hospitales, por lo general cada 30 kms. Fue una
forma de controlar y adoctrinar a los caminantes, que eran muchos miles a lo largo
del año. Con comida, cama y a veces baño gratis, mucha gente que no tenía trabajo
ni dinero se dedicaba a ir y venir con la disculpa del peregrinaje.
Toti, a pesar de que no dejo de leer lo mismo sigo sin acostumbrarme: en esa época
algunas personas basaban prácticamente su alimentación en un trozo de queso, un
trozo de pan y un poco de
vino. Veo una época tercermundista…
Toti Martínez de Lezea:
Tercermundista en nuestra época y en esta parte del mundo; bastante normal en la
de ellos. Las sequías, las guerras, las epidemias hacían verdaderos estragos. A
eso, añádele que la tierra no era de los campesinos sino de nobles y clérigos, y
tenían que pedir permiso para pescar en el río del señor, para cazar una liebre
en el bosque del señor e, incluso, para recoger ramas del suelo para calentarse.
Robert Lepetit es uno de los protagonistas principales y, además, el nexo que une
al resto de protagonistas. Un hombre oscuro, con las manos dañadas, que produce
pavor y que, además, está excomulgado y es un asesino sin escrúpulos. Su obsesión
y su guía es el “Libro de la Revelación” de San Juan. ¿Fue San Juan más hereje que
santo o Robert Lepetit interpretaba lo que quería?
Toti Martínez de Lezea:
San Juan, o quien quiera que fuera el autor del Apocalipsis, escribió un libro profético.
Desde el siglo I se ha intentado descifrar sus profecías y, según las personas,
lugares y épocas las interpretaciones han sido diferentes. En mi novela, Robert
Lepetit interpreta el Libro a su manera. De todos modos, la palabra “herejía” sólo
significa una opinión o doctrina contraria a la ortodoxia oficial. De ahí que cualquier
disidente religioso fuera automáticamente tachado de
hereje y sus ideas, de heréticas.
Tu personaje produce terror a quienes lo conocen, pero en un momento dado sus anteriores
empleados, Ferrán y Dominga, después de ser definitivamente libres, vuelven a acatar
sus órdenes. ¿Ante qué tipo de personalidad estamos? ¿En el día de hoy se podría
decir que Robert Lepetit sufría alguna psicopatía?
Toti Martínez de Lezea:
Yo más bien diría que, además de ser un
psicópata de cuidado, Lepetit representa
un tipo de persona que nos es bien conocida: aquélla que cree hallarse en posesión
de la verdad, integrista, intolerante e insolidaria, lo que le lleva a ser también
cruel con quienes no le siguen y, curiosamente, ejerce un gran atractivo en otras
personas. ¿Cómo entender sino el carisma de odiosos personajes de la Historia, megalómanos,
asesinos, tiranos, dictadores, y su influencia sobre las masas?

De hecho Lepetit interpreta en cada palabra o frase una profecía: una mujer embarazada
vestida de amarillo, un dragón rojo… ¿crees que cualquiera que necesite creer en
algo puede ver
señales donde no las hay o esto es más propio de fanáticos como Lepetit?
Toti Martínez de Lezea:
Creo que la fe no precisa de señales ni de interpretaciones. Se cree en algo o no
se cree. Sin embargo, existen muchas personas que ven, o creen ver, señales divinas
y otras, que necesitan verlas para creer.
Sin salir de las creencias religiosas, en un momento dado Diego Díaz explica que
la religión en la que lo adoctrinaron sus padres adoptivos era tan cristiana –o
más– que la doctrina romana, que se basaba en las Sagradas Escrituras y rechazaba
el lujo y las riquezas del Obispo de Roma y de sus sacerdotes ¿Qué había ahí de
herejía a ojos de Lepetit?
Toti Martínez de Lezea:
Robert Lepetit es un personaje complejo. Existió realmente y lo utilicé en una novela
anterior, “El verdugo de Dios”,
en la que recorría el Camino de Santiago desde Champagne
hasta el sur de Navarra. Fue un teólogo dominico que colgó los hábitos para seguir
a una mujer cátara hasta Milán. Tiempo después regresó a París y pidió ser readmitido
en la orden dominica. Al haber estado entre cátaros, conocía sus símbolos y contraseñas,
así que fue nombrado inquisidor. En este puesto,
persiguió a los cátaros del norte
francés y también a quienes no lo eran hasta ser expulsado de los dominicos. Posteriormente
fue excomulgado por insultar al Papa y ahí se pierde su pista. A sus ojos, era herejía
todo lo que no fuera pensar y actuar a su modo.
Por cierto que la propia
Iglesia mantenía alejado del populacho el Nuevo y el Antiguo
Testamento ¿qué peligro entrañaba para ellos?
Toti Martínez de Lezea:
El conocimiento y la capacidad de pensar por sí mismos, sin necesidad de “pastores”
ni guías, sin intermediarios que interpretasen los libros sagrados. Si por ellos
hubiera sido, seguiríamos sin poder leer más allá de unos cuantos libros piadosos.
El “Índice de libros prohibidos” institucionalizado por la Inquisición con el apoyo
de la Iglesia y de los Estados fue una
censura en toda regla dirigida a controlar
al pueblo, a atemorizarlo y a mantenerlo callado.
Es curioso que Lepetit, cuando decide llevar a cabo su propia organización, la primera
parrafada que suelta a los primeros apresados habla sobre la mujer, en textos bíblicos,
donde ésta es ramera, prostituta, engañosa y perversa… pero Lepetit asocia esto
a la Iglesia de Roma y su relación con reyes y gente poderosa…
Toti Martínez de Lezea:
Ésa era la interpretación cátara del
Apocalípsis y, también, de otros disidentes
de la Iglesia católica. En la Edad Media, la Iglesia controlaba de manera absoluta
los destinos de todos los reinos de Europa, ponía y deponía reyes, marcaba las leyes
y gozaba de un poder “divino” difícil de refutar. No obstante, al mismo tiempo,
se compraban y vendían los cargos eclesiales, incluido el papado; el nepotismo,
el abuso y la acumulación de riquezas eran habituales en los miembros del clero.
Lepetit se siente traicionado por la Iglesia a la que ha servido fielmente y asume
los postulados heréticos, pero sólo los que le interesan a él.
Toti, la forma de actuar de Robert Lepetit para conseguir acólitos, aparte de sectaria,
me recuerda mucho a técnicas del Holocausto porque parecen que van más allá de su
trabajo en la Inquisición… El ser humano tiende a repetirse una y otra vez ¿por
qué crees que puede ser?
Toti Martínez de Lezea:
El
Holocausto fue un genocidio, pero no ha sido el único en la Historia de la humanidad,
para desgracia del género humano. Los hubo antes y los ha habido después. Y es cierto
que los patrones de comportamiento se repiten una y otra vez. Ya dice la sabiduría
popular que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
Por una parte olvidamos y no aprendemos, y por la otra, la maldad es un arma poderosa
que acaba siendo vencida, pero ¡deja tantos cadáveres a su paso!
La tuya es una novela de personajes que se cruzan constantemente, que se unen con
un solo motivo, no importándoles sus diferencias raciales o creencias religiosas,
pero también comentas en “El Jardín de la Oca” que todos estos pueblos, exceptuando
los cristianos, eran discriminados de una u otra forma. ¿Crees o sabes si hubo pueblos
que congeniaron bien a pesar de sus diferencias para formar grupos inusuales en
la época medieval?
Toti Martínez de Lezea:
Digamos que, en los reinos de España, los cristianos toleraron no tanto a otros
pueblos, sino a sus compatriotas de otras religiones. No hay que olvidar que musulmanes
y judíos eran tan españoles como los cristianos. Y sí, en muchos pueblos llegó a
existir una convivencia armoniosa entre estas comunidades.
Existe documentación
abundante sobre dichas relaciones, comerciales, vecinales y culturales. Hasta que
la política de tolerancia dio lugar a la persecución, más que nada debido a la envidia,
a la ambición y a la acción de mentes obtusas que se creyeron superiores. La acción
de mi novela transcurre en uno de esos periodos de relativa calma.
Además ¿vivimos en una época en la que la Inquisición aún existía pero ya no se
hacían “juicios de Dios”? ¿Era eso lo que mantenía más o menos a salvo la vida de
los demás o quizás el rey de Castilla y de León en ese momento?
Toti Martínez de Lezea:
La
Inquisición acababa de empezar a dar sus primeros pasos y continuaría su andadura
de seis larguísimos siglos durante los cuales controló y censuró creencias, pensamientos,
escritos, modos de vida... ¡Fue tremenda!
La época que yo describo es una época
excepcional en la que la tolerancia fue bastante manifiesta en los reinos de España,
pero que, desgraciadamente, duró bien poco. Alfonso X el Sabio, rey de Castilla
y de León, era un hombre ilustrado que se rodeó de otros hombres sabios sin importarle
su procedencia ni religión e impulsó la Escuela de Traductores de Toledo en la que
trabajaban codo a codo
cristianos, musulmanes y judíos.
En el recorrido que hacemos visitamos distintas ciudades, poblados, montañas, conocemos
iglesias, catedrales en construcción, etc… De esta forma conocemos a través de los
protagonistas distintas versiones de la Virgen. Hadi al-Suri, el herbolario musulmán,
se pregunta cómo es que posible que la Virgen tenga tantos rostros distintos si
siempre se trataba de la misma persona. ¿Esto era y sigue siendo así hoy día, no?
Toti Martínez de Lezea:
Imagino que sí... Ten en cuenta que el comentario de Hadi al-Suri puede interpretarse
de dos maneras.
La primera, desde el razonamiento lógico de un musulmán cuya religión
prohíbe representar a Dios y los personajes sagrados porque ¿cómo representar la
divinidad? ¿Acaso alguien ha visto su rostro?
La segunda, viene a cuento de que,
en efecto, existen miles de imágenes de la Virgen y ninguna es igual, acaso parecida,
ni representan los rasgos de una mujer semita, sino los de una mujer idealizada,
hermosa, rubia, con ojos claros, en algunos casos. En otros, es bastante fea y deforme.
¡Vamos, que el escultor no se lució! De todos modos, no es su imagen lo que importa,
sino lo que representa.
Lo que ya no está tan claro, quizás, es por qué existe una Virgen blanca y una Virgen
negra (que siguen siendo la misma)…
Toti Martínez de Lezea:
No del todo... Las vírgenes negras fueron, en realidad, representaciones de la Diosa
Madre, la creencia primigenia de la humanidad, anterior al Dios Padre. Los
templarios
trajeron a Europa la veneración mariana en el siglo XII, apoyados por los monjes
del Císter, para erradicar la creencia pagana en la Diosa Madre que subsistía con
fuerza en tierras cristianas. Y la trajeron en forma de imagen no muy alta, con
una corona sobre la cabeza, sentada en un trono, con un niño en la izquierda y un
cetro en la mano derecha. Y negra, el color de la Tierra, muy parecida por no decir
igual a las representaciones de la diosa egipcia
Isis, antiguas de 4000 años. Las
vírgenes blancas son posteriores y se amoldan más al gusto occidental.
Tú no eres dada a dar por ciertas las leyendas -de hecho en el caso del tesoro de
los templarios se nota-, sin embargo hablas de una talla que describe el “Libro
de la Revelación” donde está
el Mesías rodeado de los ancianos del Antiguo Testamento,
ángeles y apóstoles, que a Lepetit le confirma que aquél es el lugar profetizado.
¿Existe esa talla en Compostela?
Toti Martínez de Lezea:
¡Sí! Es la más hermosa obra del arte románico en la Península, una joya. Es perfecta,
bella hasta decir basta. Una se queda prendada al verla y se le pasa el tiempo en
su contemplación... Es el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela
construido por el Maestro Mateo en el siglo XII.
Por cierto, tu libro cuenta con una ilustración del Juego de la Oca magnífica que,
aparte de en la portada, puede verse en su interior con más detalle. Presume un
poco anda, di a los lectores quién la ha hecho porque es de chapeau.
Toti Martínez de Lezea:
Es de Aritz Albaizar, mi hijo,
y sí, me encanta cómo diseña. Ha realizado varias de las portadas de mis libros.
Ahora sí Toti, tengo que decirte que (como siempre) he disfrutado con tu libro,
que me ha enganchado, gustado y he llegado a encontrar la forma de robar tiempo
al tiempo para poder leerlo. Creo que eso lo dice todo. Muchas gracias por tu libro
y por la entrevista y un beso fuerte.
Toti Martínez de Lezea:
También yo, querida Anika, he disfrutado como siempre con esta charla contigo, y
soy quien debe darte las gracias por tu trabajo y por mantener tu página web contra
viento y marea. Sin personas entusiastas como tú, el mundo de la Literatura sería
bastante aburrido.
Anika ©
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