ANIKA ENTRE LIBROS
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Entrevista a CASIMIRO
GARCIA JIMENEZ
para Anika Entre
Libros
Por Joseph B. Macgregor |
"El humor en la Biblia" es un ensayo,
más festivo que erudito, fruto del análisis que el autor realiza, desde la perspectiva
del humor, sobre los libros que integran el Antiguo Testamento: del Génesis a los
Libros proféticos inclusive.
En su opinión, a medida
que se leen los textos minuciosamente tal y como fueron redactados en su día, surgen
personajes, acciones, situaciones o expresiones proclives al comentario jocoso.
Joseph B. Macgregor,
colaborador infatigable, pertinaz e inquieto, conversa con el autor sobre los aspectos
más destacables y divertidos del libro en cuestión.
...La verdad es que hace falta mucha imaginación
para descubrir tipos simpáticos en el relato bíblico...
ENTREVISTA
¿Cómo surge la idea de escribir este libro?
Casimiro García:
Se trata de un tema que no ha recibido la suficiente atención. Sin embargo, no hubiera
osado escribir un libro de tales características de no sentirme respaldado por S.S.
Benedicto XVI, quien, siendo Prefecto de la Congregación para la Defensa de la Doctrina
de la Fe, quehacer en el que no alcanzaría, precisamente, fama de descarriado, dijo
en un libro-entrevista ―"La sal de la tierra", del periodista
alemán Peter Seewald―,
que Dios posee un agudo sentido del humor, humor que forma parte esencial del gozo
de la Creación; palabras que suponen el espaldarazo eclesiástico a la denostada
figura del humor, la cenicienta de los géneros literarios.
Aparte de leerte el Antiguo Testamento de cabo a rabo, ¿te has documentado de algún
otro modo? ¿A qué otras fuentes has acudido?
Casimiro García:
He querido evitar el exceso de erudición, porque demasiada bibliografía, como sucede
con los árboles, no te deja ver el bosque. Utilicé la BIBLIA DE JERUSALÉN, de la
editorial bilbaína Desclèe de Brouwerd, S.A., la versión bíblica que más se prestaba
al fin propuesto, sin perjuicio de acudir a otras versiones del libro más famoso
de todos los tiempos para aclarar algún pasaje concreto.
También he manejado "El folklore en el Antiguo
Testamento", del arqueólogo inglés sir
J. G. Frazer; una obra agotadora -cerca de 700 páginas-, pero indispensable
para el estudioso de la Biblia, aunque en ella el humor brille por su ausencia,
sin olvidar el librito "Figuras bíblicas",
de Ediciones Rioduero, el who is who? de los personajes bíblicos.
También, y cierro el inventario, el estudio
Cosmos, Bios, Theos (Illinois, 1997), que contiene las
opiniones de sesenta científicos -astrónomos, matemáticos, físicos, químicos y biólogos-,
muchos galardonados con el premio Nobel, sobre la existencia de
Dios, el origen del Universo, de la
vida y del ser humano, y de los conflictos existentes entre la religión y la ciencia.
De lo personajes analizados humorísticamente, ¿cuál/es
es/son los que te parecen más divertidos y por qué?
Casimiro García:
Encabezando la lista, el patriarca Jacob, a quien considero, por méritos propios,
como el primer playboy de que se tiene noticia escrita. Un personaje tan
seductor con las mujeres, como ingenioso en sus relaciones familiares o económicas
-ahí está, para deleite del lector, la ocurrencia de dividir un regalo en porciones,
como el queso, a fin de apaciguar a su enfurecido hermano Esaú-.
No le va a la zaga el autor del Eclesiástico: Jesús Ben Sirá. Sus consejos sobre
cómo comportarse en los banquetes, en la vida social, en los duelos, en la conversación,
frente a los poderosos, etc., no tienen desperdicio. No menos que sus prevenciones
contra la mujer, los consejos ajenos, los préstamos, etc. Un finísimo humorista;
a lo bíblico, claro.
¿Cuál/es más antipáticos o menos divertidos?
Casimiro García:
También por méritos propios, Josué. El belicoso efraimita se dedicó a degollar full
time, y no creo acertara a divertirse con alguno de los chistes que debieron
circular en la época acerca, por ejemplo, de la castidad de José, el hijo del mujeriego
Jacob. Que seguro circularon.
Antipáticos antipáticos, al menos insulsos, debieron ser el calzonazos de Adán,
el tontorrón de Abel, el inefable Putifar -no así su señora, a quien iba la marcha-,
el zurdo juez Ehúd, tan diestro con la faca, prácticamente todos los profetas (salvo
Jonás, un pícaro de cuidado), el poco agraciado Tobías, la familia macabea casi
al completo, etc. La verdad es que hace falta mucha imaginación para descubrir tipos
simpáticos en el relato bíblico.
¿A cuál/es te resultó más difícil buscarle el lado divertido?
Casimiro García:
Valga lo dicho en la respuesta anterior. Pero, por no dejarla en blanco, destacaría
al rey Asuero, muy en su papel, a su irascible valido Amán, a Sansón, un pretencioso
espadachín siempre de gresca, a la jueza Débora y al melindroso Barac, y a tantos
otros que harían la lista interminable.
Por respeto prefiero no incluir al dios hebreo Yahvé en lista alguna, aunque sus
veleidades y salidas de tono justifiquen un capítulo aparte.
Desde mi punto de vista, lo que hace surgir la risa es la gravedad con que los diferentes
autores originales de los libros sagrados exponen estas anécdotas imposibles, surrealistas
o absurdas: que todo va en serio, no en broma.
Casimiro García:
Tampoco es cuestión de reducir la historia sagrada, con la tremenda carga religiosa
e histórica que conlleva, a un
anecdotario de lo absurdo. Cierto que
no se debe creer a pie juntillas cuanto dice la Biblia; pero tampoco, ante la falta
de confirmación arqueológica o científica, desecharlo por inverosímil. Nunca se
sabrá a ciencia cierta la proporción en que realidad y fantasía coexisten en el
libro santo.
Para
los creyentes en coma religioso profundo, el relato sagrado ha de asumirse sin quitar
una sola coma. Para los escépticos, en cambio, todo es pura invención.
Reprochar a los cronistas hebreos que cumplieran su cometido de una forma tan circunspecta,
supone desconocer la mentalidad de nuestros ancestros, tributarios de
mitos y leyendas y forofos de lo absurdo.
El ser humano precisa de la fantasía tanto como del aire. Creer en la superfuerza
de un Sansón, en la enciclopédica sabiduría del rey sabio, en la vida ultraterrena,
o, simplemente, abandonarse a la quimera o al surrealismo, mantienen la esperanza
y, con ella, las ganas de vivir. Que se lo pregunten, si no, a los millones de encandilados
con las aventuras de Harry Potter.
Entre las muchas características dignas de reseñar por ser evidente, es la reiteración,
el que suelen contar las cosas más de una vez... y de dos; vamos que son un poco
pesadillos los autores... ¿A qué crees que se debe ese afán de repetirlo todo tantas
veces?
Casimiro García:
La reposición de relatos pudo tener una motivación económica: que los escribas cobrasen
un tanto por folio... o por papiro, el material disponible en la época. En el caso
concreto del episodio del pozo majorita, donde la gentil Rebeca -vaca, en hebreo-
remató nominada por triplicado para esposa de Isaac-, quizá obedeciera a un lapsus
del cronista, que bien olvidó dónde había dejado los papeles, o estaba empecinado
en que la Humanidad conociera a toda costa la romántica historia de la madre de
Jacob.
Bromas aparte, la reiteración bíblica de los temas fundamentales, se explica por
el designio divino de incrustar en el pueblo elegido, a machamartillo, los principios
rectores de la moralidad hebrea. Los mandamientos, con sangre entran.
La mayor parte de los libros comentados están repletos de exageraciones: las edades
que llegaban a tener los personajes, el número de soldados de un ejército, de días
y de noches, de familiares... ¿Existe alguna razón que explique en realidad esa
afición por los números altos?
Casimiro García:
No sólo los andaluces tendemos a exagerar. Acaso por aquello de que ya vendrá el
tío Paco con la rebaja. El medio millón de muertos que, según la Biblia,
ocasionó la batalla de Semaraín, es un ejemplo más de la tendencia que apuntas.
En cuanto a la edad alcanzada por los patriarcas, el relato olvida que fue el propio
Yahvé quien fijó un límite razonable a la vida humana, límite que, por cierto, todos
suscribimos a la presente: "No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre
-dijo-, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años"
(Gn 6.3).
Cuando analizas libros de legislación, como por ejemplo el Levítico, lo primero
que se ve es que la mujer suele salir perdiendo...
Casimiro García:
La legislación hebrea está contenida, principalmente -prescindiendo de las recidivas
que surgen por doquier-, en el Éxodo (capítulos 21 a 23, 24, 31 y 34) y en el Deuteronomio
(5, 12, 13, 17, 18, 20 a 25). El Levítico sólo contempla, se podría decir, unas
normas reglamentarias, interpretativas y de colaboración ciudadana para el sustento
de la clase sacerdotal.
Aclarado el extremo, efectivamente, en cuanto la mujer asoma las narices en la Biblia,
la ponen a parir (lógico, por otra parte). Aunque no se trata de un latiguillo exclusivo
de la Sagrada Escritura: la mayoría de las antiguas legislaciones, por sistema,
la emprendieron con el sexo femenino. Y muchas de las actuales -en particular las
islámicas- lo siguen haciendo.
La inquina machista posiblemente derivara de la faena con la que, la sin par Eva,
madre del género, obsequió a la Humanidad. Nos dejó sin Paraíso, sin vivienda no
hipotecada, teniendo que trabajar, agobiados con el tema del desempleo...
En línea con lo dicho, no debiera extrañar que el Levítico (Lv 27.2 a 7) materializase
pecuniariamente el menosprecio bíblico hacia el sexo débil: el valor de mercado
de la mujer venía a ser algo más de la mitad del reconocido al varón.
También que por cualquier causa se lapida o apedrea a una persona y lo más grave
a los animales de su propiedad.
Casimiro García:
Ahora pregunto yo: lo de los animales, pase, ¿pero qué me dices de la tienda del
infeliz Acán, apedreada a la par que el saqueador, sus hijos, sus hijas, su toro,
su asno y su oveja? ¿Qué se gana con lapidar unos trozos de lona embreada? El extremismo
religioso es irracional.
El Antiguo Testamento está lleno de situaciones surrealistas; destaco como especialmente
divertidas la cantidad de veces que sube Moisés al Sinaí por orden de Yahvé... o
el argumento del libro de Ester.
Casimiro García:
Cierto que las sucesivas escaladas y descensos del Sinaí por parte del complaciente
Moisés, provocan hilaridad; si no estentórea, al menos comedida. "Si lo sé no vengo",
debió decirse el forzado montañero en más de una ocasión. Aunque más jugosas debieron
ser las reuniones mantenidas en lo alto por el profeta y el dios de los hebreos.
El Decálogo, ¿fue impuesto por Yahvé por sí y ante sí, sin admitir discusión alguna?
¿O fue consensuado con Moisés, un profundo conocedor del alma hebrea, que es lo
democrático? Sería interesante saber cuál de ellos propuso -o impuso- cada uno de
los veinte rancios mandamientos -rituales y morales- que integran la ley de Dios.
Esculpir en granito lleva su tiempo; pero cuarenta días con sus noches dan ocasión
para que dos venerables ancianos, desvelados por razón de la edad, se enrollen a
base de bien discutiendo hasta sobre el sexo de los ángeles.
El libro de Ester, prescindiendo de que propicie o no el comentario burlón, fue
el primero en referir cómo una mujer, la reina Vasti, esposa del rey Asuero, se
rebeló contra la autoridad marital, al negarse a entretener a los amigos borrachos
de su regio consorte. Por supuesto que la negativa le costó el cargo.
El personaje principal tanto de la Biblia como de tu libro es Yahvé, que es presentado
además, a lo largo de la Biblia, como un sujeto caprichoso, egocéntrico, pedante,
de carácter muy variable además, y con una enorme capacidad para ir montando líos
constantemente. ¿A qué crees que se debe esa visión tan diferente o contradictoria
de Dios a lo largo de los diferentes libros de la Biblia?
Casimiro García:
Yahvé, el dios de los hebreos, tuvo que comportarse en la Biblia tal como ésta lo
cuenta; y te has quedado corto en adjetivos. Como un dios falto de entrenamiento,
en rodaje, humanoide, de segunda división. Un dios concreto, en definitiva. Los
israelitas, en fase primaria de desarrollo, ni entendían de abstracciones, ni estaban
preparados para venerar a un dios inmaterial. Mucho menos a enfrentarse con misterios
tipo Santísima Trinidad. Precisaban de un dios con barba y bigote, que pelease a
su lado, codo con codo, para conquistar la tierra prometida, que participara del
botín como un depredador más, que perdiese los estribos cada dos por tres, como
hacían ellos, que fuese cruel, vengativo, rencoroso, como ellos también lo eran.
Los cronistas bíblicos "crearon" un dios adaptado al talante radical del Israel
primitivo: un pueblo que luchaba ferozmente por encontrar dónde asentarse. Como
en todos los libros-crónica, la Biblia no se debe sacar del contexto histórico en
que fue escrita.

A veces señalas que hay libros a los cuales es casi imposible encontrarles la gracia...
¿Cuál piensas que es el menos afortunado en ese sentido, el menos gracioso?
Casimiro García:
El libro de Josué, sin duda. El buen señor se pasó la vida guerreando,
y ni tiempo tuvo de recitar una de esas interminables salmodias, obligadas en la
Biblia. También, no podía ser de otra forma, los Libros proféticos, donde
hay que hacer virguerías para alumbrar algo de humor.
La parte final del libro está dedicada a Los libros críticos, unos textos
(falsamente) apócrifos, compuestos por un tal Casián (alter-ego tuyo, supongo),
en los que el presunto escriba hebreo se dedica a desmitificar, casi siempre en
verso al clásico estilo “Don Mendo”, personajes (Abraham, Isaac, Moisés, Job, etc.),
o situaciones (el diluvio universal) citadas en los libros originales del Antiguo
Testamento. ¿Por qué motivo decidiste incluir esta última parte como colofón al
libro?
Casimiro García:
Yo también me lo pregunto. Bueno, el profeta Moisés, al que admiro, no es aludido
en los Libros críticos, ni para bien ni para mal. Fuése Moisés real o imaginario,
le considero un personaje alérgico a la crítica.
Aclarado el extremo, el repaso que en dichos libros se propina a alguno de los "colegas"
del susodicho, tiene un mucho de interpretativo y, en ocasiones, una pizca de benévolo
sarcasmo. Por cierto, no excluyo que algún lector, de esos que no han vuelto a encararse
con la Biblia desde primaria, tenga por auténticos los libros de referencia. La
candidez humana no tiene límites.
Pero contestemos la pregunta. Un siquiatra diría que los Libros críticos
son la reacción del subconsciente de un escritor obligado a plegarse a un guión
tremendo: el libreto bíblico. Leer en la modernidad, sin tomarse un respiro, las
tres mil páginas del Antiguo Testamento, traumatiza a cualquier sique equilibrada.
Aparte de apuntillar a Sansón, desagraviar a Josué y humanizar a Salomón, la licencia,
en ocasiones poética, que en el contexto de "El humor en la Biblia" suponen
los Libros críticos, obedece, claro es, al afán humano por dar la nota o llamar
la atención.
¿Crees que este libro puede ofender a molestar a alguien? ¿A los creyentes por ejemplo?
Casimiro García:
No ha sido la intención. Otra cosa es que algún fundamentalista fanático le busque
los tres pies al gato.
Cuáles son las conclusiones más destacables que sacaste tras la
lectura exhaustiva de la Biblia? No sólo en el terreno humorístico, sino en general.
¿Qué opinión te merece como libro?
Casimiro García:
Hay que distinguir entre la forma y el fondo. En la forma, la Biblia es -prescindiendo
del lenguaje, que también tiene lo suyo-, un desastre. Además de la constante reiteración
de las "batallitas" del pueblo hebreo -la huída de Egipto, la conquista de la tierra
prometida, etc.-, el rigor expositivo brilla por su ausencia: los conceptos, aspectos
y preceptos se entremezclan, confunden y atropellan a troche y moche, en una despreocupada
anarquía que, además de dañar la vista, distrae la atención del lector.
En cambio, el fondo bíblico impresiona hasta al menos impresionable. Por no incurrir
en la reiteración de que adolece el relato sagrado, me remito a la pregunta que
presiento vas a formular a continuación.
¿Cuál piensas que son las cosas más importantes -si es que hay
alguna- que se pueden aprender de su lectura?
Casimiro García:
La historia de Israel, según el Antiguo Testamento no es, precisamente, la de un
divertido fin de semana. Las calamidades se dan cita en el relato en una proporción
que espanta. Y es una lástima, porque el mensaje bíblico es sublime... si se le
aligera de tanta calamidad. También aquí los árboles no dejan ver el bosque. Y el
bosque bíblico es esperanzador. Por los ejemplos de fe que pregona -hermosas las
palabras que la Biblia pone en boca de la no menos hermosa Judit-, porque enaltece
el espíritu frente a la materia y el consumismo desenfrenado, por abrir caminos
al pensamiento creador, por la sabiduría que encierran sus proverbios y sentencias...
Todos los caminos, como sucedía con Roma, conducen a Dios. A Él se llega vía sufrimiento
-ahí está la historia del pueblo hebreo, corroborándolo siglo tras siglo, sin que
se le vea fin-, como también por la risa y la alegría. Algo de esto último es lo
pretendido con el libro que nos ocupa.
Después de leer tu libro, me da la impresión de que una de las
mejores formas de disfrutar de la lectura de la Biblia, es leyéndola como un libro
de ficción ¿Qué tanto por ciento de veracidad/ historicidad y cuánto de fantasía
tiene la Biblia en tu opinión?
Casimiro García:
¿Disfrutar leyendo la Biblia, dices? Si lo haces a pelo, eres un sádico. Te remito
a los consejos que doy en las páginas 15 y 16 del libro.
Respecto del porcentaje de credulidad atribuible a la Biblia, los arqueólogos tienen
la palabra. Hasta la fecha, que se sepa, no han encontrado vestigios que verifiquen
científicamente la existencia real de los personajes bíblicos, de sus correrías,
de las construcciones que se les atribuyen, etc. Volvemos a lo mismo.
Sin fe, la Biblia es pura fantasía,
un cuento más... largo incluso de lo que está resultando esta entrevista. Revestidos
de la fe, todo es creíble... una vez atemperada la fantasía de que hicieron alarde
sus autores, que es lo que mi libro ha intentado.
¿Puede ser considerado entonces un libro más simbólico que real?
Casimiro García:
Si buscas símbolos, a toneladas. Si realidad con fe, a raudales. Pero si te enfrentas
a la Biblia en plan escéptico, símbolos y realidad se equilibran y sólo queda un
vacío inmenso.
¿Crees que en todos los temas podemos encontrar el punto divertido o para ti hay
cosas que son intocables?
Casimiro García:
Si se tratara del Nuevo Testamento, te diría que, de diversión, nada. En el Antiguo
Testamento, por su parte, considero intocable todo lo que refleje sufrimiento. No
es honesto divertirse a costa del dolor ajeno. Acaso haya incurrido en ello impensadamente.
Desde aquí pido disculpas.
Pues esto es todo, Casimiro. Si quisieras añadir algo más...
Casimiro García:
Que me ha encantado la entrevista, tan rigurosa como perspicaz. Aunque temo que
mis respuestas no hayan estado a la altura de tus preguntas. Se nota que has leído
el libro en profundidad, buscando, no lo anecdótico, sino un mensaje trascendente
oculto en sus páginas; lo que, por supuesto, es mucho buscar. Tanto, tanto, como
ese pretendido Código secreto que algunos expertos en lenguas semíticas e informática
creen oculto en el Pentateuco; código que, de forma profética, permitiría conocer
el futuro de la Humanidad.
Joseph B. Macgregor ©
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