ENTREVISTA
¿Cómo nació Abato, el mercenario protagonista de la novela?
Rufino Fernández:
Pues verás… quise contar una parte de la historia antigua desde el punto de vista
de un íbero, y creé el protagonista que habría de vivir la Segunda Guerra Púnica
enrolado en el bando cartaginés. Le di una vida intensa y los años suficientes como
para que pudiera contar desde su larga experiencia. Le doté de una voz adecuada
a los años y al tiempo que le tocó vivir. Puse su persona al servicio del cartaginés,
y lo hice bajo la costumbre de la institución íbera de la “devotio”. Un código de
lealtad único en aquel tiempo. El guerrero quedaba ligado de por vida a su “jefe”
con el propósito de no sobrevivirle y, por lo tanto, con la misión de defenderle
hasta la muerte. Vínculo que lleva aparejado el sentido del honor.
Una
vez hecho esto, le situé en un lugar apartado desde donde pudiera contar sin influencias
externas. Imaginé una atmósfera que pudiera reflejar un sentimiento agridulce y
sombrío.
Y luego,
cuando todo estaba a punto, bauticé al personaje con el nombre del héroe de la primera
historia gráfica que leí de pequeño. Sólo tuve que quitarle la primera
letra. Ese fue mi pequeño homenaje al cuento, a aquella historia gráfica que leía
de pequeño, como tantos, y a la que tantos lectores le debemos un tiempo maravilloso,
el gusto por el afán de aventuras, y el placer por la lectura.
En los “Agradecimientos” mencionas el apoyo a su proyecto de
Gisbert Haefs. ¿Es Abato en la novela
de Rufino Fernández un alter ego del Antígono de la del escritor alemán?
Rufino Fernández:
No lo es. Muchas novelas históricas están contadas desde la voz de un personaje
testigo o protagonista, de edad avanzada. Esa puede ser la única coincidencia. Un
narrador con la edad suficiente como para relatar acontecimientos que interesaran
al lector. Pero ahí termina la coincidencia. Abato es Abato. No podría relatar lo
que relata, desde otra piel.
El
agradecimiento a Gisbert Haefs se debe a que le conocí cuando
yo ya había iniciado la novela y le conté lo que tenía pensado hacer y me dijo que
le parecía un buen proyecto. Luego fue una de las primeras personas que leyó el
manuscrito una vez terminado. Si escribiera aquí la respuesta que recibí de su parte,
parecería yo un autor falto de modestia. Le gustó, y me lo hizo saber comentando
pormenores que mostraban una lectura completa del manuscrito. No solo eso. Más tarde
se ofreció a suscribir su opinión en la portada del libro. Hasta ahí llega su generosidad
para conmigo y el libro, así que tiene mi agradecimiento. Él lo sabe, porque mantenemos
el contacto.
¿Por qué elegiste alternar la primera y tercera persona en el narrador?
Rufino Fernández:
Fue una sugerencia de mi editor, Carlos Pujol. Me hizo notar la fuerza que tendría
la voz, si Abato contaba las
reflexiones y acontecimientos más cercanos
en el tiempo, en primera persona, y su propia memoria se convertía en narrador en
tercera. Esa tercera podía contar los acontecimientos más lejanos, como una cámara
que lo registra todo pero que duda, en ocasiones, de lo que vio o sintió el protagonista
debido a los años transcurridos. Probé una y otra vez hasta que quedé satisfecho
del resultado. Creo que ayuda a dar profundidad al personaje sin que su voz persistente
se le haga pesada al lector.
¿No crees que la originalidad del planteamiento de las dos voces narrativas, puede
representar un problema para el lector? Tengo la impresión que los párrafos escritos
en primera persona cortan el desarrollo de algunos acontecimientos con las reflexiones
del mercenario y, pese a lo sugerentes que son en la mayoría de los casos, pueden
entorpecer la lectura. Más aún si tenemos en cuenta que muchas de esas reflexiones
giran en torno a los mismos temas y pensamientos.
Rufino Fernández:
La idea de alternar las dos voces pretende facilitar la lectura. Es un recurso para
poder contar dos tiempos narrativos (presente y pasado lejano), pero, además, sirve
para dar descanso al lector de vez en cuando, de los acontecimientos de acción que
cuenta esa voz narrativa en tercera. Lo que cuenta es en la mayoría de ocasiones
escenas de acción, de batalla, de cuerpo a cuerpo, y si toda la novela mantuviera
esa tensión, es posible que
el lector sintiera el agotamiento de
la gente en campaña. Esa es la razón, que deje respirar al lector. Incluso me conviene
que mantenga el interés por los sucesos que esa tercera persona, esa parte de la
memoria del viejo, cuenta.
Por
otro lado, en el desarrollo de la novela debo medir las descripciones y las imágenes
poéticas, que podrían servir para hacer lo mismo: hacer que el lector descanse de
tanta acción. No quise abusar del recurso. Preferí hacerlo dejando ver, de vez en
cuando, las reflexiones del viejo mercenario.
Esto me da pie a responder a la segunda parte de tu pregunta. La memoria de ese
viejo parece errática. Incluso cuando interviene la voz en tercera en algunas ocasiones
cuenta sucesos de los que no está muy seguro (en ocasiones dice "parece"). Pero
te decía que la memoria del viejo Abato va hacia atrás y adelante en los episodios
que rememora. Parece errática, e insiste en algunos elementos que parecen haberse
convertido en obsesión (el lobo,
la muerte,
los dioses). Pero es que es
la memoria de un viejo, no la de una persona joven. La del viejo se llena de imágenes
y recuerdos que persisten sobre los demás. Además, Abato se siente más anciano desde
que cree que vive un mundo que ya no es el suyo. El entorno que le rodea es despoblado
y muy pocos elementos vienen a cambiar su modo de vida. Ese lobo participa de su
reducido mundo, no solo físico, el de su memoria también se achica y da la impresión
que ese espacio, cada vez más reducido, se llena más y más con sus otras obsesiones:
los dioses, la muerte...
Junto a Alejandro Magno y
Julio César,
Aníbal es considerado uno de
los mayores estrategas de la Antigüedad. ¿Qué le diferencia o le distingue de los
otros dos?
Rufino Fernández:
Opino que hay más elementos que les une, que aspectos que les diferencien. Los tres
tuvieron una visión amplia del mundo conocido. Los tres tuvieron que desarrollar
su estrategia enfrentados a los políticos y asesores de sus propios estados. Los
tres adquieren poder a la muerte de sus respectivos padres. Los tres dejaron una
obra inacabada. Y desde luego… lo que les une por encima de todo lo demás… su gran
capacidad estratégica.
¿Qué
les diferencia? Sus vidas. Sus planes personales, sus territorios…
En la novela hay muchas frases de una fuerza y una belleza tremendas. Quisiera resaltar
dos de ellas, la primera justo al inicio: “Pero por aquel entonces no podía saber
que el amor duele más que la muerte y que la lealtad se convierte en razón de vida”
y la otra: “Pero el mundo no es tan grande como uno quisiera cuando pretende perderse
de la vida”. ¿Es sólo Abato quien habla o lo hace también una parte del
autor?
Rufino Fernández:
El autor pone en boca de los personajes aquellos pensamientos que cree que pueden
ser propios del personaje. Según siente, según vive, según cree…

El episodio de la pérdida del ojo de Aníbal es brutal. ¿Realmente se vació él mismo
la cuenca del derecho cuando perdió la vista?
Rufino Fernández:
Era un tiempo de hombres duros y acciones fuertes que marcaban la diferencia entre
pusilánimes y valientes. Si recuerdas el pasaje del enfrentamiento entre los dos
romanos que deben luchar por su vida poco antes de bajar de los Alpes, verás que
no les es ajena la muestra del valor supremo en momentos críticos. Y ese episodio
está contado por una fuente clásica romana.
Abato se granjeó pronto, y casi con un solo episodio, la confianza de Aníbal, que
lo incluyó en su mando. ¿Realmente resultaba tan fácil acceder a un puesto de tanta
importancia?
Rufino Fernández:
Una de las cosas que dijo
Gisbert cuando le conté mi idea, fue
que era verosímil, ya que sabemos que Aníbal llevaba
íberos en su mando. Gente de confianza.
Y así es. Colocar a Abato en ese puesto de confianza no es sólo licencia de autor.
Hacía años que Aníbal vivía en Iberia. Había luchado en la Turdetania contra caudillos
íberos y también había enrolado en su ejército a jefes y cabecillas de tribus que
buscaban una salida ventajosa a su situación.
De
hecho… Aníbal y los cartagineses aprendieron muchas cosas de aquellos pueblos del
sur, beligerantes ante la ocupación púnica. No solo el uso de la falcata,
la famosa espada íbera, sino aspectos de la propia estrategia en la contienda: por
ejemplo la guerrilla. Así que Aníbal conocía bastante de las habilidades de aquella
gente y quiso utilizarlas en su provecho. Buscó el consejo de cabezas íberas, igual
que buscó los brazos diestros de los íberos enrolados en sus tropas auxiliares.
En la batalla en Capua, nos presentas a un Publio Cornelio Escipión un tanto inepto.
Arriesgó inútilmente la vida de sus hombres y pasó casi un año sin poder luchar
debido a sus propias heridas ¿Es el mismo que más tarde sería conocido por “El Africano”?
Rufino Fernández:
No. No es él. Pero no fue él solo el que no supo enfrentarse al púnico. Hubo otros
muchos generales ineptos. Éste era padre del que sería conocido mucho más adelante
como “el africano”.
La pérdida de Siracusa y la muerte de Arquímedes, Abato las achaca a la traición
de un tal Rucio Supino, que provocó la apertura de las puertas de la ciudad para
que entrasen las centurias romanas. Si no me equivoco, el tal Rucio es un
personaje de ficción. ¿Cómo se mezclan
la realidad y la ficción en
La sombra del mercenario?
¿Qué más personajes o situaciones imaginarias ha creado el autor para apoyar la
trama?
Rufino Fernández:
La mayoría de personajes pertenecen a la historia real, asimismo las situaciones.
Rucio es uno de los escasos personajes ficticios, pero en cambio lo que sucede con
la entrada en Siracusa pertenece al campo de la verdad histórica. O sea, sigo la
máxima de Lukács, cuando dice algo así como que la novela histórica tiene como propósito
principal ofrecer una visión verosímil… y que han de utilizarse hechos verídicos
aunque los personajes principales sean inventados.
Desde
el punto de vista de novela, desde luego que mi intención es que el relato proporcione
el mayor placer al lector. No olvidemos que es novela histórica. O sea, ficción
histórica.
Me han llamado la atención los ritos funerarios. En al menos tres ocasiones se habla
de guerreros bailando y luchando
sobre las tumbas de los fallecidos.
¿Podrías explicarnos con más detalle en qué consistían ese tipo de inhumaciones?
Rufino Fernández:
El ritual funerario más propagado era el de la cremación. Y la mayor muestra de
respeto al difunto era ofrecer sacrificios en su honor y agasajar al muerto con
la lucha de parejas sobre su tumba o mientras su cadáver ardía en la pira funeraria.
Es
muy conocido el ritual tras la muerte de Viriato. Lo citan Apiano y Diodoro: aseguran
que su cuerpo ardió en la pira y se inmolaron muchas víctimas. Y que los soldados,
formados en orden de batalla, corrían alrededor entrechocando sus armas y cantando
las glorias del caudillo. Estuvieron así hasta que las llamas se apagaron. Luego,
recogieron las cenizas del héroe, y las depositaron en una vasija de cerámica, en
un pequeño hueco, junto a sus armas, y levantaron alrededor un túmulo de piedras.
Cuentan las fuentes que sobre este túmulo lucharon muchas parejas en sacrificio
por
el caído.
Tal vez uno de los episodios más llamativos sea el enfrentamiento de un Abato ya
retirado con un oso. Cuando el mercenario consigue matar al animal y resulta herido,
hace algo que puede parecernos realmente repulsivo…
Rufino Fernández:
Es cuestión de supervivencia. La tripa del oso aún está caliente. Por otro lado,
la nariz de Abato ha convivido en múltiples ocasiones con el olor de las vísceras
humanas desparramadas por los suelos. Hace mucho que dejó de sentir asco. Así que
tiene claro lo que hay que hacer… y lo hace.
¿A qué se debía el respeto que parecía mostrar Aníbal hacia el cónsul Fabio y que
no prodigó a otros romanos?
Rufino Fernández:
Parece que Fabio da muestras evidentes de inteligencia a lo largo del relato. No
quiero desvelar aquí sus estratagemas y las ideas que hace que incluso el propio
Senado dude de su capacidad. Por lo novedoso de éstas. También está la entrevista
que mantienen ambos. Los dos generales se miden en la oratoria. No es fácil decir
que es lo que inspira el respeto del cartaginés por el romano, pero quizá fue el
tesón con que llevó a cabo un plan establecido por encima de las presiones políticas
de su propia gente. Eso y darse cuenta de adonde podía llegar el peligroso Minucio.
La historia de Belio, el gladiador, supongo fue la historia de muchos íberos en
aquellos tiempos. ¿Sentían especial predilección los romanos por los luchadores
de esta parte del Imperio?
Rufino Fernández:
Los íberos eran muy respetados como combatientes. Eran famosos por su destreza en
el cuerpo a cuerpo. Manejaban la falcata con gran habilidad. Tenían gran
capacidad de adaptación al terreno en el que luchaban. Así que fueron enrolados
en todos los ejércitos de aquella época. Encontramos íberos en el bando romano,
el cartaginés, el macedonio, el siracusano, etc… Por ejemplo, en uno de los mapas
que acompaña el libro puede verse que había mercenarios íberos en
Sicilia, por la distribución que se
aprecia en el mapa comprendemos que luchaban en diferentes bandos.
En cuanto a los gladiadores íberos o hispanos… hubo una buena cantidad de ellos.
Lo sabemos gracias a los epitafios leídos a través del estudio de la epigrafía.
Recuerdo la cita de una lápida en Córdoba que nombra a un “mirmillón” hispano vencedor
en varios combates y que fue liberado tras alcanzar una palma y una corona.
Otra de las grandes cualidades que buscaban en el íbero era su código de lealtad
una vez puesto al servicio de su nuevo señor. Ya he explicado antes el ejercicio
de la “devotio”. Ese juramento de lealtad. En la relación de Abato con Aníbal debemos
ver esta institución íbera. Vínculo que lleva al honor y el sentido del honor. Lealtad
por encima de todo. Bueno… en el caso de Abato… de casi todo… pero dejemos al lector
que descubra...
Uno de los aspectos más llamativos de la novela es la cantidad de muertos de uno
y otro bando que terminaban en el suelo tras las batallas. De setenta mil infantes
y cinco mil jinetes comentas en Cannas, y eso en un solo enfrentamiento. ¿Qué sucedía
con todos esos cadáveres que quedaban tras la contienda?
Rufino Fernández:
Si había tregua los bandos retiraban a sus muertos y les ofrecían el rito de la
pira funeraria, si no daba lugar… los cadáveres formaban parte del festín para las
alimañas y las aves carroñeras.
Según la novela, Aníbal no entró en Roma por algo que tiene que ver con un tal Asclapio.
¿Se conoce por qué el cartaginés no entró en la ciudad, estando como estaba a sus
puertas?
Rufino Fernández:
Sobre este tema han corrido, y corren, ríos de tinta. “Aníbal ad portas”
es la frase famosa que describe esta situación. Se han hecho muchas cábalas. Historiadores
más o menos contemporáneos de los hechos trataron de hallar una explicación. Historiadores
actuales han tratado de hacer lo mismo. Unos y otros imaginando y suponiendo. Pues
bien, llego yo y doy respuesta al asunto. Una respuesta posible. La mía desde luego.
Pero de eso se trata ¿no?
El inicio y el final de la novela se centran en el único personaje femenino relevante
de la novela: Imilce. ¿Qué hay de verdad en lo que cuentas?
Rufino Fernández:
Bien... no vamos a desvelar demasiado de lo que acontece con este personaje. Prefiero
que lo descubra el lector, pero puedo recordarte que no es el único personaje femenino
que aparece y por lo que respecta a la palabra “relevante” tampoco estaría muy de
acuerdo. Tengo una amiga que opina que de las dos féminas con papel importante que
aparecen… una es inteligente y la otra tramposa, solo que duda de quien es quien
y se pregunta si Abato lo sabe.
Una curiosidad: Aníbal y Escipión el Africano murieron el mismo año. En la novela
apuntas el modo en que perdió la vida el cartaginés. ¿Podrías ahora ampliar un poco
esa información y contarnos cómo y por qué se suicidó?
Rufino Fernández:
Es sabido que Aníbal no quiso dar oportunidades a los romanos.
También es sabido que Roma no se contentó con destruir Cartago y arrasarla hasta
los cimientos. Quiso llegar hasta Aníbal para zanjar sus cuitas con el mundo cartaginés.
Es evidente que Aníbal no les quiso dar esa satisfacción y prefirió desaparecer
antes que la mano enemiga lo hiciera por él. Se dice que
instantes antes de morir dijo algo así
como que era tiempo de liberar a Roma de sus inquietudes, ya que no tenían la paciencia
de aguardar la muerte de un anciano. Escipión moriría enfermo en su finca, poco
más tarde.
Deduzco que escribir novela histórica representa un ingente trabajo previo de documentación.
¿Piensas continuar en el género?
Rufino Fernández:
Así es, y el que lea la novela lo verá. Pero he procurado que no se note tanto como
para tapar la historia y el modo de contarla. He antepuesto el relato, la visibilidad.
Quiero que el lector entre en la novela, que se introduzca en la historia. Yo a
cambio estoy dispuesto a contársela sin apabullarlo con información. Prefiero que
se encuentre junto a los personajes, que huela la humedad de una tarde en la montaña,
que note en su garganta la sequedad del desierto, que se recree en los paisajes
y que escuche el fragor de la batalla. Que sienta la fuerza del cuerpo a cuerpo
y doble su cintura para esquivar el cuchillo de algún galo con mala leche. Quiero
que vea lo que yo le muestre y, a cambio de tanto esfuerzo, estoy dispuesto a recompensarle.
Y lo haré dejándole que descanse con las reflexiones del viejo guerrero, esa voz
gastada que le dejaré oír de vez en cuando.
¿Algún proyecto en perspectiva del que puedas adelantarnos algo?
Rufino Fernández:
Lo siguiente está en manos de mi agente, Sandra Bruna, es otra novela histórica.
Pero ésta se desarrolla entre los siglos IV y V de nuestra era, en el
Imperio Romano, justo cuando se desmorona
por los ataques fronterizos de los bárbaros y por la expansión del cristianismo
dentro del propio imperio. Puedo decir que seguiremos la vida de una mujer, y que
un grupo pagano tendrá un papel relevante en la historia. Incluso veremos que un
cuerpo de élite, con un encargo de vital importancia para el futuro del culto pagano,
se introducirá entre las corrientes cristianas y tratará de subvertir la situación.
Y seguiremos a la mujer en un viaje que nos llevará hacia un lugar sorprendente.
Muchas gracias por tu tiempo, por una novela muy recomendable y por la oportunidad
de esta entrevista, y mucha suerte en tus próximas publicaciones. Si quieres añadir
algo más...
Rufino Fernández:
Gracias a ti y a tu interés por el libro. Sólo recomendar a quien desee ver el
video-trailer de promoción de la novela, que lo haga entrando
en
www.youtube.com y buscando por “la sombra del mercenario”. * Vale
la pena porque no es un trailer típico a base de refrito de imágenes. Todo lo que
aparece en él es original, ¡ah! y está hecho por mis hijos.
* Nota de Anika: No es necesario que lo busquéis, he puesto el
enlace directo al trailer.
Pilar Alonso ©
www.ciberanika.com
Fotografía © Aitor Fernández
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