ENTREVISTA
¿Cómo
se gesta la novela?
Chufo Lloréns:
Cuando acabas una novela, te quedas vacío durante un tiempo. Yo, que no soy nadie
para aconsejar nada a nadie, aconsejaría que si no tienes nada en la cabeza que
te interese, comenzar a escribir por escribir, no lo hagas nunca, porque no sale.
Si hay un tema que te parezca sugerente, es cuando empiezas a documentarte. Si el
tema da de sí para una novela y hay documentación, adelante. Pero si no hay, lo
mejor es cambiar de tema. Yo encontré el mío, que se enmarca dentro de la novela
histórica, porque en tanto investigo y la busco, disfruto como nadie. En esta ocasión
me parece que encontré el tema porque me apasiona la letra pequeña del siglo. Cuando
encontré la época y el escenario, tuve la suerte de coincidir con un catedrático
medievalista,
José Enrique Ruiz Domènec, y él me dio el protagonista: el alter
ego de un personaje que existió.

Y eligió el siglo XI…
Chufo Lloréns:
El siglo XI catalán es lo más atractivo a nivel de pequeña historia, no de grandezas.
Aquí no hay conquistas, ni
almogávares; sino la historia de los
celos de dos mujeres, la historia de una Barcelona pujante, de un Call
judío y de un personaje real: Martí Barbany es el alter ego de Ricard Guillem.
¿Hasta qué punto ha respetado el personaje histórico de Ricard Guillem?
Chufo Lloréns:
Yo leí el libro de José Enrique Ruiz Domènec (El
somni de Barcelona) y he estudiado a fondo la vida de Ricard
Guillem. He aprovechado el personaje real para crear a Marti Barbany, pero a partir
de ahí he fabulado y he incluido cosas que son invención mía. Pero el esqueleto
del
personaje, su estructura, sí existió.
A usted siempre le ha preocupado
el rigor histórico especialmente…
Chufo Lloréns:
El rigor histórico para novela es relativo. Yo huyo de lo que no se ciñe en lo grueso
a la verdad. Yo puedo decir que
Hernán Cortés tuvo amores con una cuarterona
cubana, que era criada de la mujer de Mendoza. No existió, pero pudo ser. Lo que
no puedo decir es que Hernán Cortés descubrió
Australia.
La novela, en sus
trazos gruesos, responde a la realidad de los hechos: la lucha de Ermesenda de Carcasona
y Almodis de la Marca fue sangrienta y fue verdad, el hecho de que una se fuera
a ver al Papa para perjudicar a la otra fue verdad, el Call judío es el
que era, Barcelona es como era…
Pero también hay datos
novelados: por ejemplo, para que un lector del siglo XXI entienda cómo se hacía
rico un hombre del siglo XI, recurro a la fabulación y hablo del petróleo. Así muestro
la forma de enriquecerse de un hombre, usando el truco del petróleo, que anteriormente
podría ser el fuego griego. Añado otros elementos de riqueza que fueron verdad,
como las viñas en Magoria, los molinos de agua…
¿A qué se refiere cuando dice que fabula para que un lector del siglo XXI entienda
cómo se hacía rico un hombre del siglo XI?
Chufo Lloréns:
Por ejemplo, si digo que un personaje se hizo muy rico gracias a que las viñas le
fueron bien, seguramente los lectores no lo entenderían del todo. Pero al hablar
del petróleo –un elemento tan importante en la vida moderna-, los lectores pueden
hacerse una idea más cercana de la riqueza de Martí Barbany. Es un truco narrativo.
Pero no pretendo inducir al lector a engaño, estamos ante una novela, no es una
biografía. Respeto los trazos gruesos, pero sin olvidar que es ficción.
¿No cree usted que otras novelas que sí inducen a engaño o que se sacan ases de
la manga están perjudicando al género puramente histórico?
Chufo Lloréns:
Evidentemente. Los que falsean la historia y no son honestos con los que la aman
no se molestan en estudiarla, sólo les importa sacar una novela cada año. Pero a
partir de ahí el lector va donde quiere ir.
Hay una diferencia
notable entre un escritor que se ha documentado, que ha estudiado la historia, que
es honesto y el que sólo está en esto porque vende. El público al final acaba sabiendo
donde ir, porque sabe reconocer el trabajo. Pero hay que reconocer que la novela
histórica está pasando por un boom y eso se debe a la mucha gente que ahora
se dedica a este género.
¿Señal de su compromiso con el rigor histórico es el hecho de que al final incluya
una bibliografía del material consultado?
Chufo Lloréns:
Esa bibliografía no significa que la haya usado toda. Los títulos que están incluidos
son porque he pasado la vista por sus páginas. Algunos no me han servido para nada,
pero fueron consultados. Pero hay otros libros de los que no esperaba nada y, de
repente, encontraba algún detalle que me parecía pertinente para la novela. Es decir,
ese es el material que yo he utilizado para documentarme, pero no todo ha sido utilizado.
¿Cuánto duró la documentación?
Chufo Lloréns:
Un año y medio. Cuando tuve varios archivos de audio grabados, cuando los corchos
de las paredes de mi despacho ya estaban llenos, cuando ya sabía quién iba a ser
el protagonista y el antagonista y cuando ya tenía clara la estructura fue cuando
me puse a escribir.
Yo necesito tener la estructura fundamental de la novela en la cabeza y la documentación
bien asumida. No puedo detenerme a cada paso a consultar bibliografía, tengo que
tenerla clara cuando empiezo a escribir.
¿Entonces cuando se pone a escribir ya sabe cómo va a acabar la novela?
Chufo Lloréns:
Yo no voy de un principio a un final, sino que me muevo de un principio a un punto
por donde la novela debe pasar, lo que yo llamo las estaciones intermedias. Es decir,
no puedo pretender ir de
Barcelona a Madrid sin pensar que tengo
que pasar antes por Zaragoza (ríe). Cuando llego a cada estación intermedia, pienso
en la siguiente. El final no lo tengo cerrado ya desde el principio, prefiero ir
a tramos cortos. Luego el final viene solo, yo subo la montaña y mis personajes
la bajan. Si fuerzo a un personaje a un final que no es, la novela falla.
Sí hay que tener claro que la primera parte de la novela nos debe enganchar, la
parte media debe intrigar y el final debe ser coherente a la vez de sorprendente.
Y luego que el mecanismo del
best seller funcione, por ejemplo
que haya un malo malísimo que le ponga las cosas difíciles al protagonista o hacer
que el lector dude de lo que va a pasar cuando queden diez páginas.

¿Cuando escribía, pensaba en un público lector determinado?
Chufo Lloréns:
No, no me preocupaba. Lo digo con toda honestidad, a mí me basta con que un lector
me venga y me diga que ha disfrutado leyendo mi novela. Llegada a cierta altura
de la vida, uno ya no escribe por dinero, sino por placer. Yo no soy especialmente
ambicioso, cuando me retire de mi mundo del espectáculo, para tortilla de patatas
y pan con tomate, me llegará (ríe). No por vender más, dejaré de escribir lo que
me gusta.
Es usted un novelista con las ideas claras…
Chufo Lloréns:
Yo prefiero considerarme como un narrador, no como novelista. Lo que pasa que la
novela me permite llegar a más público y traspasar el tiempo. Es decir, si alguien
algún día lee esta novela, después de que yo no esté, habrá valido la pena el esfuerzo
de escribirla. Pero insisto, nunca condiciono mi forma de escribir por llegar a
más o menos público.
No obstante, está llegando a un público muy amplio…
Chufo Lloréns:
Me sorprendió cuando la editorial me dijo que la novela estaba vendida a cinco países
prácticamente antes de salir al público. Pensé que era afortunado, pero no me cambiaron
en nada, seguiré escribiendo lo que me gusta.
Además, que una novela sea éxito de ventas no significa que sea buena.
Chufo Lloréns:
No a todo el mundo le gusta lo mismo. Estoy de acuerdo contigo en que hay novelas
que han triunfado y son un desastre.
El código da Vinci, por ejemplo,
lo tuve que cerrar cuando dijo el autor que el tren llegaba a Andorra. Si este señor
no es capaz de documentarse de que el tren no llega a Andorra, es que ya no vale
la pena seguir. Podrá decir el autor que hay buenos y malos dentro de la Iglesia,
que hay ladrones, pero, oiga, el tren no llega a Andorra.
El código da Vinci se ha erigido como el paradigma de la mala
literatura.
Chufo Lloréns:
Es que es así, en tres días los personajes no comen ni cenan, cuando la Scotland
Yard rodea el avión, salen por la puerta de atrás… Esto es el país del como;
es decir, siempre se comparan unas novelas con otras. La mía, dicen, es como
la de
Falcones. Pero no es cierto, yo planifiqué mi novela tres años antes.
Además, hablamos de siglos diferentes.
Curioso esto del país del como…
Chufo Lloréns:
En mis locales, cuando venía un artista y le preguntaba qué sabía hacer y me decían
que cantaban como Raphael, ya les decía que para eso ya estaba Raphael;
si me decían que contaban chistes como Gila, yo les aseguraba que para
eso ya estaba Gila. Es el país del como: si triunfa fulano con una cosa, yo también
hago lo mismo. Yo, en cambio, no soy capaz de escribir novelas de
templarios, de
ataques entre religiones o de
magia, porque ya están escritas. Escribo lo que me interese, no intento
repetir lo que hagan los demás.
¿No cree que parte de la culpa de que se comparen unas novelas con otras la tiene
las campañas de marketing de las editoriales? Es decir, como ha
triunfado esta novela, vamos a vender esta otra como si fuera más de lo
mismo…
Chufo Lloréns:
Yo respeto que una editorial utilice el mismo sistema de lanzamiento de varias novelas
de diferentes autores. Otra cosa es que influya en algo en lo que yo quiera escribir.
No toleraría que me ofrecieran escribir una novela igual o parecida a otra novela
de otro autor porque tuviera éxito. Respeto a las editoriales, pero mi novela no
tiene nada que ver con lo que se haya escrito anteriormente.
Manel Haro
y Chufo Lloréns

El título
Te daré la tierra
no es casual…
Chufo Lloréns:
El título en un principio era Tibidabo, te daré la tierra, pero me dijeron
que Tibidabo era demasiado localista. Así que lo dejaron en
Te daré la tierra y aludía a la
belleza de esta tierra, Barcelona.
Le veo satisfecho con su novela.
Chufo Lloréns:
Claro que sí, todo me funciona. Soy el colmo de la felicidad, hago lo que me gusta,
me pagan y no tengo jefes (ríe). Yo siempre escribiré lo que me guste escribir.
No hay nada mejor como trabajar en lo que uno le gusta. Y me hace mucha ilusión
pensar que la gente me leerá incluso cuando yo ya no esté en este mundo. Es una
forma de traspasar el tiempo.
Una forma de perpetuarse.
Chufo Lloréns:
Claro (ríe).
Manel Haro ©
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