ANIKA ENTRE LIBROS
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Entrevista a MIGUEL
ÁNGEL LEÓN ASUERO
para Anika Entre
Libros
Por Pilar López Bernués |
Miguel Ángel León Asuero,
además de colaborador y autor destacado en “Anika Entre Libros”, es abogado de un
importante grupo de empresas y colaborador del Vice-Consulado de Grecia en Sevilla.
Inició su carrera literaria con el thriller histórico
Las Congregadas del Vaso,
obra reseñada en esta misma web y que sirvió de base para una primera entrevista.
En esta su segunda novela el autor nos deleita con un libro diferente y un género
distinto:
Ladrón de espadas.
...No vivimos en un mundo justo, y por eso necesitamos
de la Justicia. El problema está en que han de aplicarla personas…
ENTREVISTA
Miguel
Ángel... Antes de empezar la entrevista y comentar tu segunda obra déjame decirte
que la he leído de un tirón y me ha encantado. ¡Mi más sincera felicitación! No
he leído todavía la primera novela (Las Congregadas del Vaso) pero
sí he repasado la reseña que hay en la web y he podido ver que las opiniones de
los lectores son muy positivas.
Ladrón de espadas,
sin embargo, parece muy diferente a ese thriller histórico con que te iniciaste...
¿Hay un género literario que te atraiga más que otro o simplemente escribes en función
de lo que deseas según el momento?
M. A. León Asuero:
Muchas gracias por esa felicitación, que valoro aún más viniendo de una escritora
consagrada.
Efectivamente,
Ladrón de espadas es una novela
muy diferente a
Las Congregadas del Vaso, tanto
en género, como en contenido y estilo. Eso se debe, fundamentalmente a mi situación
vital en el momento de escribir cada una de esas obras.
Cuando escribí
Las Congregadas del Vaso, atravesaba
un profundo bache en mi vida, pero cuando me puse con
Ladrón de espadas la cosa había
cambiado mucho, y eso se nota en la forma de escribir.
De momento considero que es pronto para encasillarme en un género o en un estilo
concretos, y he preferido variar de registro.
¿Cómo surgió la novela que nos ocupa?
M. A. León Asuero:
Bueno, yo quería escribir una historia que girara en torno a una serie de valores
fundamentales que por desgracia se van perdiendo (honor, lealtad, etc.), y creé
los
personajes que se me antojaron apropiados,
todos muy distintos y a la vez muy peculiares. Tenía claro que la historia iría
sobre un ladrón de guante blanco descarado y divertido, y que toda la novela tendría
un estilo desenfadado sin por ello dejar de tocar aspectos profundos e importantes.
Lo que no tenía claro era qué tipo de cosas robaría ese ladrón, y barajé varias
posibilidades (joyas, obras de arte, fórmulas químicas, prototipos industriales,
etc.), hasta que un día, presenciando una procesión que, con la espada del Rey Fernando
III el Santo, se celebra todos los años en la Catedral de Sevilla, se me ocurrió
que ese descarado ladrón podría dedicarse a robar espadas históricas…
La primera imagen que ha aparecido en mi mente al leer
Ladrón de espadas
ha sido la del mítico Robin Hood, ese héroe del folclore medieval inglés...
M. A. León Asuero:
La verdad es que el protagonista de la novela, que firma todos sus robos como “O”,
tiene algo de Robin Hood, aunque no es eso lo fundamental. Lo importante no es sólo
lo que roba y para qué, sino la forma en que va implicando a otras personas en sus
robos y devoluciones, cambiándoles la vida y dándoles ese toque de ilusión y esperanza
que todos necesitamos. Digamos que sus fechorías dejan de serlo para convertirse
en excusas que arreglan la vida de todos los que se cruzan en su camino, y no sólo
en el aspecto económico.
El protagonista, pese a actuar al margen de la Ley, resulta muy atractivo. Yo diría,
sin temor a equivocarme, que el 99,9 % de los lectores se identificarán con él...
¿Crees que, en el fondo, todos anhelamos hacer frente a lo establecido, a la sumisión
hacia los que mandan y deciden, y que tenemos un sentido de la justicia muy personal
y ajeno a veces a lo estipulado?
M. A. León Asuero:
Yo creo que sí, que todos tenemos en nuestro interior un héroe que sabe lo que realmente
está bien y lo que realmente necesita la humanidad para considerarse como tal. Pero
también creo que ese héroe sabe a ciencia cierta que siempre permanecerá escondido
en algún rincón del alma, sin posibilidades de ver la luz nunca…
Ladrón de espadas
es la oportunidad que yo he dado al “O” que pueda esconderse en mi corazón, una
oportunidad que he querido brindar a todo aquel que lea la novela y desee identificarse
con el protagonista. Eso sí, también hay otros personajes, con los que el lector
podrá identificarse según su propia situación vital. Creo que todos son interesantes
y curiosos.
En la novela pones algunas cosas de manifiesto. Una de ellas es la injusticia e
inutilidad de la sangre derramada en conflictos bélicos...
M. A. León Asuero:
Efectivamente. Es un tema que siempre me ha preocupado. Siempre he visto las guerras
como una excusa de dirigentes políticos para mover masas y hacer caja. Creo que
los conflictos, por muy complicados que sean, siempre se pueden solucionar de forma
distinta a la masacre, y que nadie que imponga su criterio por la fuerza bruta y
a costa del sufrimiento de otros puede llamarse “vencedor”. Esa es también la forma
de pensar del protagonista de la novela, y por eso ha buscado una forma de protestar
y poner en evidencia la crueldad de las guerras: Roba las espadas con que se libraron
las más famosas batallas, pide rescate por ellas y luego las devuelve, todo ello
en medio de un ambiente de denuncia y rebeldía. Y con algo de espectáculo, claro…
También tocas el tema de la hipocresía, o el “orgullo” ante determinados objetos
(espadas en este caso) que reciben honores en función de la sangre derramada en
batallas que libraron los “mandaos” mientras los que mandaban no exponían un dedo...
M. A. León Asuero:
Pues sí. Soy de los que piensan que cuando dos personas tienen un problema, tienen
que resolverlo entre ellos, y no interponiendo a otras personas, y menos haciendo
que los intermediarios se jueguen el tipo y hasta la vida para defender los intereses
de otro.
Es un negocio redondo eso de crear un conflicto muy lejos de uno, mandar allí a
otros para que defiendan una causa que no les atañe y encima forrarse con la venta
de las armas que allí se van a emplear, con el botín que se pueda saquear o con
la “reconstrucción” de lo destrozado durante el combate.
Desgraciadamente, quienes pagan las consecuencias de las guerras son quienes no
las buscaron…

Veo en la novela un claro amor a la libertad y amor a vivir la vida "a tope"...
M. A. León Asuero:
Como ya he comentado,
Ladrón de espadas
está escrita en un momento muy especial de mi vida, en el que he vuelto a encontrar
alicientes así como cosas y personas que le dan sentido a todo. Eso se nota en la
forma de escribir y en el trasfondo de la novela. Eso sí, ese “vivir a tope” tiene
un límite: el derecho a vivir exactamente igual que tienen los demás. Para estar
bien, no es necesario arruinar la vida de nadie.
¿Crees que la rutina diaria y la vida sin alicientes son un cáncer para nosotros
mismos?
M. A. León Asuero:
Por supuesto, vivir sin ilusiones no es vivir, sino habitar, y si me apura, puede
ser hasta vegetar. La vida es, como se dice al principio de la novela, un tango
que hay que bailar mientras dura. Pero no sólo se trata de bailar.
Un tango se baila con alguien, y eso es muy importante. Y cuando tienes personas
alrededor con las que bailar el tango, todo cobra sentido.
Sin ilusiones, seríamos como los caballos que tiran de un carro sin saber adónde
van, ni para qué tiran, y no veríamos tantas cosas buenas que nos ocultarían las
orejeras…
Me ha llamado especialmente la atención que hayas usado algún que otro mensaje preparado
para ser descifrado. ¿Sientes interés por los criptogramas o sólo son un aliciente
de cara al lector y un añadido a la trama?
M. A. León Asuero:
Eso es de todo un poco. Por un lado, realza el descaro del protagonista, que lejos
de dedicarse sólo a robar, se entretiene poniendo en jaque al sistema establecido
(insisto en que sin dañar a nadie), y por otro mantiene en vilo al lector, que también
participará intentando descifrar esos mensajes que el ladrón va dejando por todas
partes.
Aparte, a mí me resultó muy divertido idearlos, y espero que los lectores disfruten
desvelándolos.
Rebeca Lumen, la protagonista femenina, está claro que necesita huir de un pozo
profundo. Pero ¿por qué se fija el ladrón de espadas en ella? Se nos describe guapa,
pero no una mujer espectacular de las que quita el sentido, y si bien al principio
el interés del héroe está en ayudarla, luego se convierte en algo más... ¿Intentabas
decirnos algo a los lectores o, simplemente, surgió la historia?
M. A. León Asuero:
Quizá podamos hacer un símil entre la historia que se cuenta y la forma en que las
personas se conocen y relacionan. Lo primero en que se fija el protagonista es en
la persona que tiene delante: una mujer atractiva que, independientemente de eso,
está claro que tiene problemas. Y es ahí donde se le disparan las alarmas a “O”,
porque no puede evitar implicarse en los problemas de los demás y ayudarles a salir
de ellos.
A partir de ahí, todo transcurre dentro de una normalidad “anormal”, porque poco
a poco, a medida que contactan durante la aventura (sin que lo hagan personal y
directamente), va surgiendo un “algo especial” por el hecho de contarse sus cosas,
hablar, compartir situaciones, etc.
Rebeca Lúmen tiene un atractivo muy especial que creo que
el lector percibirá desde el primer
momento, al igual que cada uno de los restantes personajes tienen sus características
especiales.
Hablando de Rebeca (y para no desvelar el tema te haré la pregunta tipo “ligth”):
El arte de seducción del protagonista y hasta la manera de implicar a esa persona,
sin que ella quiera, en algo que desconoce me ha parecido francamente ingenioso;
pero me falta un eslabón... No imagino a una mujer madura, solitaria, amargada y
deprimida viajando a ciegas, por mucho que eso sea justamente el remedio que necesita.
Y no me lo imagino porque, máximo hoy en día, habita en nosotros una total y absoluta
desconfianza. A mí, personalmente, me ha faltado alguna foto de “él” que la enamorara,
un deseo oculto e intenso de conocer Londres (por ejemplo) o una confidencia con
alguna amiga más abierta... No sé, es el único punto de la novela que me ha dejado
así, como si faltara “el eslabón perdido”...
M. A. León Asuero:
Esa pregunta no me la habían hecho hasta ahora…
Ciertamente, podría ser impensable el que una persona en sus cabales, por muy deprimida
que pueda estar, llegue a confiar plenamente en un desconocido hasta el punto que
llega a hacerlo Rebeca Lúmen, pero ahí radica una de las “virtudes” del ladrón de
espadas. Él no es un seductor, no tiene fines retorcidos, y aunque actúa desde la
sombra es una persona transparente, hasta el punto de ganarse la confianza de Rebeca
Lúmen en poco tiempo y pese a su natural resistencia.
No vamos a desvelar aquí si esa confianza es acertada o no, ni las aventuras que
tanto ellos dos como el resto de los personajes van a vivir a partir de esa situación,
pero lo que sí está claro es que entre los valores de los que hemos hablado al principio
de la entrevista, podemos contar a la CONFIANZA (con mayúsculas).
Hoy día, el poder confiar plenamente en alguien de quien sabes que no te va a fallar
en ningún momento, le cueste lo que le cueste, y sin que pida ni espere nada a cambio,
es un puro lujo que pocas personas pueden presumir de gozar. Y mucho menos personas
pueden presumir de inspirar esa confianza.
“O” será un ladrón, pero es un tipo en quien se puede confiar…
La novela nos permite a los lectores refrescar la memoria histórica y asistir en
primera fila a algunos de esos conflictos que estudiamos en el cole y que yo, por
lo menos, tenía olvidados. ¿Sientes interés especial por esa asignatura, la Historia,
o sólo te has documentado para el libro?
M. A. León Asuero:
La Historia me apasiona. Creo que todos tenemos mucho que aprender de los errores
y los aciertos de quienes nos precedieron en este mundo. La Historia, lejos de ser
aburrida, es muy divertida, sobre todo si a miramos con ojos curiosos y nos atrevemos
a interpretarla, en lugar de simplemente asumirla y aprenderla.
Un buen libro de Historia es como un abuelo que cuenta batallitas que abarcan muchas
vidas y muchas generaciones, muchos anhelos, muchos sinsabores, muchos éxitos y
muchos fracasos. Y también, por desgracia, muchas guerras, mucho sufrimiento y muchas
injusticias. De todo eso tenemos que aprender.
Aparte de eso, está mi curiosidad innata… ¿Por qué la Casa Blanca donde habita el
Presidente de los Estados Unidos de América es precisamente blanca? ¿Cómo era una
batalla naval a finales del siglo XVIII? ¿Quiénes eran los ayudantes del Rey “Santo”
que reconquistó casi toda Andalucía? ¿Cuántas personas perdieron la vida en el
Desembarco de Normandía? ¿Qué es una
Carronada? ¿Por qué no se cuentan las derrotas que Nelson sufrió frente a la Armada
Española? ¿Cómo viajó su cadáver hasta Las Islas Británicas tras morir en la batalla
de Trafalgar? (Por cierto, no creo que morir en una batalla equivalga a ganarla…)
Todas esas, y muchas cosas más, se cuentan en
Ladrón de espadas.
Antes has comentado que existe en Sevilla esa procesión capitaneada por el alcalde
con la espada de Fernando III ¿En qué consiste?
M. A. León Asuero:
Pues sí, existe. El 23 de Noviembre de cada año, día de San Clemente, se celebra
en la Catedral de Sevilla la conocida como “Procesión de la Espada”, en la que,
para conmemorar la conquista de Sevilla por el Rey Fernando III “El Santo”, el Alcalde
de la ciudad procesiona por las naves catedralicias ostentando la espada del Santo
Rey a modo de cruz, mientras que el concejal más joven de la corporación municipal
le acompaña portando el “Pendón de San Fernando”. Es todo un rito ancestral digno
de ver y muy curioso que, como digo, me dió la idea definitiva para la novela
Ladrón de espadas.

Sevilla es una ciudad muy curiosa en todos los aspectos…
También en la obra aparece el barrio de las 3000 viviendas... ¿Reivindicación?
M. A. León Asuero:
Por supuesto. “O”, el LADRÓN DE ESPADAS, no puede dejar pasar la oportunidad de
poner de manifiesto las realidades y miserias de la sociedad en que nos ha tocado
vivir…
Parece que tanto
Las Congregadas del Vaso
como
Ladrón de espadas
transcurren mayormente en tu Sevilla natal...
M. A. León Asuero:
Sí, y es algo intencionado. Algunas personas me han dicho que ambas novelas son
localistas, pero yo no estoy de acuerdo, y siempre pongo los mismos ejemplos. Yo
no me considero digno de comparación con nadie, pues soy relativamente nuevo en
el oficio de escribir (mejor dicho, en el de ser publicado), pero tengo muy claro
que otras novelas que transcurren en ciudades concretas no son localistas. ¿Una
novela que transcurra en el Londres Victoriano y describa el ambiente es localista?
¿Y otra que transcurra en París, en Turín, en Valencia o en Oviedo? ¿Cuándo es localista
una novela? ¿Cuándo quien la escribe ha nacido o vive en ella? ¿Si yo nazco en Sevilla
pero escribo una novela que transcurra en la isla de Creta ya no es localista? ¿Es
localista el Evangelio de San Juan?
Ambas novelas, como bien dices, transcurren principalmente en Sevilla (aunque en
Las Congregadas del Vaso,
que próximamente será reeditada por la editorial ALADENA, también tiene capítulos
que suceden en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y
Ladrón de espadas
los tiene que transcurren en Londres, parís, San Petersburgo, etc.), y eso es porque
conozco bien la ciudad y puedo contar muchas cosas de ella, pero eso no significa
que sean novelas para ser leídas exclusivamente por Sevillanos…
De todas formas, puedo adelantar que mi tercera novela transcurrirá en muchas partes
del mundo.
Miguel Ángel... ¿Es ésta, tu segunda novela, una parodia, burla o crítica de la
sociedad actual?
M. A. León Asuero:
Más bien una crítica. Se están perdiendo a pasos agigantados valores tan importantes
como el honor, la lealtad, la confianza, la honra, y cada día van teniendo menos
valor la palabra, el compromiso y las promesas. Son esos los valores que intento
ensalzar en mi novela, mientras cuento una historia de personajes que entrelazan
sus vidas.
Creo que esta novela puede estar muy recomendada para todo tipo de lectores y, entre
ellos, los adolescentes y los jóvenes, quienes han nacido ya en este punto de la
historia en que tales valores están en vías de extinción y necesitan la misma protección
que el Lince Ibérico o el Oso Panda. De hecho, me consta que en algunos colegios
e institutos
Ladrón de espadas
es un libro de lectura recomendada.
¿Cómo definirías tú a tu personaje principal, el ladrón de espadas?
M. A. León Asuero:
Eso es complicado, pero lo intentaré. “O” es un tipo consecuente y comprometido,
que tiene sentido común al tiempo que las agallas suficientes como para denunciar
las injusticias que ya son habituales en este mundo y ajusticiar a la sociedad robándole
los símbolos en que fundamenta sus victorias (las espadas históricas) para, tras
cobrar rescate, devolverlos clavándoselos en el trasero a quienes se aprovechan
de tanto contradios. Es un hombre de palabra, transparente, leal, amigo de sus amigos,
pero sin olvidar también que es eso: un hombre.

¿Nos podrías hacer un “flash” rápido de los otros personajes para que los lectores
se sitúen? Porque todos tienen algo especial que los destaca...
M. A. León Asuero:
Por supuesto. Ya hemos hablado de “O”, el LADRÓN DE ESPADAS, así que comentaré brevemente
algo de los demás…
REBECA LÚMEN (la Lúmen) es una mujer que atraviesa por un mal momento, sumida en
una absoluta depresión y que no encuentra la luz al final del túnel. Necesita una
ilusión en la vida, y se encuentra de frente con la aventura que le ofrece “O”…
Su colaboración no es imprescindible, pero sí necesaria, y le da a la novela un
cierto contrapunto de sensatez (a ratos).
JACK PINT (alias Cherlosholmes y Jackisito), es el policía británico encargado del
caso del robo de la espada que Nelson regaló a su lugarteniente Cockburn poco antes
de la batalla de Trafalgar. Es un hombre gris sumido en una nube de neblina y necesitado
de un empujón hacia la vida.
YAROSLAV MIJAILOVITCH (el ruso), es un mafioso resentido y sanguinario llegado del
Este para perseguir por su cuenta al LADRÓN DE ESPADAS y saldar con él determinadas
cuentas pendientes. Altivo, amargado y vengativo, no duda en usar cualquier medio
con tal de hacer daño a quien considera su enemigo.
DAWUILIDAGU DJIMBA BANTIULELE (David, para los amigos), es un negrito inmigrante
y sin papeles que se gana la vida vendiendo revistas y pañuelos de papel en un semáforo,
al tiempo que ejerce desde la distancia como Jefe de una tribu Balanza senegalesa
y también como amigo de verdad del
Ladrón de espadas.
Desenfadado y vitalista, da la cara cuando hay que darla y echa los restos en el
momento preciso. Un gran conocedor de las plantas y sus utilidades terapéuticas…
(David existe de veras, y cada día lo veo en su semáforo cuando voy camino del trabajo).
APARECIDA VARGAS (la Vargas), es la policía sevillana (trianera, para más señas)
que lleva el caso del robo de la Espada del Rey Fernando III “El Santo” en la Catedral
de Sevilla. Es una mujer vitalista y alegre tanto en su vida privada como en la
profesional, donde a pesar de su aspecto de folclórica destaca por encima de lo
imaginable.
Todos estos personajes, juntos y agitados, acaban generando una mezcla explosiva
que tendrá al lector deseando leer el siguiente capítulo…
También el tema de los
inmigrantes que viven de lo que pillan
en los semáforos y de las penurias que sufren sus familias en el continente africano
lo sacas a colación. ¿Qué opinas del tema? ¿Debemos dejar que entren todos los que
puedan, sin papeles, o regular esa inmigración?
M. A. León Asuero:
A mi modo de ver, todo lo que se hace sin control se acaba descontrolando del todo
y se vuelve perjudicial. Creo que una regulación cabal y una justicia social que
reinen en todo el mundo evitarían tantas barbaridades como vemos a diario en las
noticias (y ni quiero pensar en las que no llegamos a ver).
La forma de ayudar a las personas que huyen del infierno para venir a lo que piensan
que es el paraíso (pero que luego comprueban que no lo es) no es dándoles aquí una
acogida artificial y “por caridad”. La forma de ayudarles es dándoles medios apropiados
en su lugar de origen, para que no tengan que salir huyendo a la desesperada.
Los avances sociales y técnicos de nuestro “Primer Mundo”, la mayoría de las veces
suponen más miseria para los del “Tercero”. Pocas personas se preocupan por saber
en qué medida la producción de Biodiésel para que nuestros modernos vehículos priva
a regiones enteras de América del Sur o África de las cosechas de maíz que les sirven
de sustento. Y lo mismo ocurre con las diferencias sociales y económicas en países
donde unos pocos se han adueñado de las riquezas naturales, sometiendo a los demás.
Insisto: Si los países desarrollados ayudaran a los menos favorecidos en origen,
se evitaría el drama de la emigración masiva y a la desesperada, que no hace sino
crear grandes problemas de todo tipo (sanitarios, sociales, laborales, legales,
personales, familiares, etc.) tanto a la sociedad de origen como a la de destino.
¿Y qué decir de los que delinquen (inmigrantes) en bandas organizadas? ¿Los repatriamos
a su país o los mantenemos y alimentamos en cárceles nuestras?
M. A. León Asuero:
Nos vamos metiendo en temas que trascienden la literatura, pero… ¿Quién dijo miedo?
Mi opinión es que cuando uno va a un lugar que no es el suyo, debe respetar las
normas del lugar que le recibe. Y si las infringe, habrá de acatar las consecuencias
y cumplir las sanciones que se les impongan, que habrá de cumplir donde infringió
la ley. Distinto es que en países donde las normativas sean recíprocas y similares
se les permita ir a cumplir la pena a su zona de origen, y ello atendiendo a razones
de tipo humanitario (más que nada para la familia del preso). Ahora bien, si la
infracción sólo está penada en el país de destino, es ahí donde habrá de cumplirse
la condena, pues en caso contrario, el delincuente se iría de “rositas” si se le
deja cumplirla en su propio país, ya que no habría garantías de tal cumplimiento.
Por ejemplo, hay países donde la ablación femenina no está penada. Si un natural
de esos países viaja a España y practica la ablación femenina a una mujer en nuestro
país, lo suyo sería que cumpliera condena aquí, pues si se le mandara a su país,
lo más probable es que no la cumpliera y el delito quedara impune. A la inversa,
habría que plantearse qué debería ocurrir con quienes para burlar la ley de su país,
se marcha a otro para cometer allí lo que en él se permite y luego retornar al de
origen… Es complicado, como la propia Humanidad.
Por supuesto, un delito aislado no es lo mismo que el crimen organizado, y en cuanto
a este último, hay que ser tajante: mano dura en origen y en destino. Las penas
privativas de libertad tienen, junto a la supuesta (y fallida) función reinsertadora,
una función protectora del resto de la sociedad respecto del criminal, que debe
ser aislado. El coste de la manutención del delincuente, sea cual sea su origen,
es un mal menor respecto del derecho de protección de la sociedad frente al delincuente.
Aunque también se podría repercutir dicho coste al país de origen o al propio recluso…
Complicado, muy complicado…
¡Pero yo he venido aquí a hablar de mi libro!
¡Por supuesto, Miguel Ángel! Pero, como eres abogado, no puedo abstenerme de hacerte
una pregunta... ¿Existe algo más injusto que la Justicia? Yo, desde que tengo uso
de razón, lo veo así. Por delitos semejantes no todos los imputados reciben el mismo
premio-castigo, porque ahí entran los abogados-fiscales-jueces en un juego en el
que gana el que se lo monta mejor o negocia mejor. Vemos que gente que ha robado
miles de millones sale de “rositas” o, todo lo más, pasa un par de años a la sombra
mientras pobres desgraciados que ya están reinsertados han de ir a la cárcel por
delitos cometidos años antes y ¡para comer! ¿Cómo lo ves?
M. A. León Asuero:
En gran medida estoy de acuerdo contigo. La Justicia Humana desgraciadamente es,
antes que Justicia, Humana, y por tanto es absolutamente imperfecta. Por más que
intentemos evitarlo, siempre hay errores y fallos en el sistema (aparte de en las
personas, claro).
De todos modos, me atrevo a decir que la inmensa mayoría de los casos se resuelven
de forma justa (tanto a nivel estrictamente legal como a nivel de justicia social),
pero lo que pasa es que lo que destaca, deslumbra, asombra y sale en las noticias
es lo extraordinario.
Estamos acostumbrados a leer en los periódicos o ver en los telediarios a maltratadores,
violadores, corruptos, incendiarios, personas que abandonan a sus hijos, etc. También,
y sin que puedan compararse con los anteriores, por supuesto, vemos en las noticias
a quienes les toca la Lotería Primitiva o triunfan en un “reality show” y se forran.
Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas somos normales, respetamos las normas
y al prójimo, queremos a nuestros hijos, nos ganamos el pan con nuestro trabajo
(y, los que somos escritores, luchamos por que las editoriales nos publiquen y por
tener un número razonable de lectores).
No vivimos en un mundo justo, y por eso necesitamos de la Justicia. El problema
está en que han de aplicarla personas…
En este país nuestro hablamos mucho de reinsertar a los delincuentes (me parece
muy bien siempre que sean reinsertables) pero... ¿quién se ocupa de las víctimas?
Especialmente en delitos de sangre ¿quién reinserta al muerto? ¿Por qué la familia
ha de vivir una “cadena perpetua de por vida” y los asesinos consiguen favores penitenciarios
que los dejan en la calle (y sin reinsertar) en pocos años? Son, además, un peligro
para la sociedad... ¿No estamos los ciudadanos de a pie infinitamente más desprotegidos
que los delincuentes? ¿No lo están las mujeres maltratadas, que no pueden salir
de casa mientras sus verdugos campan a su aire? Algo cojea... ¿Qué opinas?
M. A. León Asuero:
Que tienes mucha razón. La reinserción siempre es deseable, pero casi imposible
de conseguir. El delincuente que consigue reinsertarse con nuestro actual sistema
(y no sólo en España, sino en el resto del mundo), merece un premio.
Desgraciadamente, hay veces que los derechos del delincuente tienen una protección
muy superior que los de sus víctimas, sobre todo si el delincuente es menor de edad.
Y no quiero decir que el delincuente deba ser privado de todos los derechos que
le puedan corresponder como persona, pero está claro que no puede ser tratado ni
igual ni mejor de la víctima, y además debe ser separado de la sociedad mientras
no sea merecedor de volver a ella.
El problema es que hay que plasmar las penas en normas, y que tales penas no pueden
dejarse al arbitrio de nadie (no podemos condenar a un ladrón a estar en la cárcel
“hasta que se reinserte”), y por tanto hay que preestablecer un tiempo de condena
en el que el legislador supone que el ladrón se habrá de reinsertar.
Y si nos vamos a otros aspectos de la Justicia que no tienen nada que ver con el
Derecho Penal, nos encontramos también con injusticias descomunales. Y ya que me
brindas esta tribuna, no puedo evitar tocar un tema que me afecta mucho: ¿Por qué
un padre separado o divorciado tiene que conformarse con ver a sus hijos los fines
de semana alternos, lo que supone cuatro días al mes? ¿Es justo eso para el padre
y para los hijos? ¿Por qué en la mayoría de los casos de separación y divorcio es
más importante el régimen económico (pensiones de alimentos y compensatorias), que
el de visitas a los hijos? ¿Y el acceso a la vivienda?
Insisto en lo dicho más arriba: La Justicia Humana, por humana, es imperfecta…
¿Y la escalada de violencia que vemos a nivel adolescente? ¿Es un menor incapaz
de discernir entre un crímen y una gamberrada? A mí me parece que no, que sabe perfectamente
qué está haciendo, pero que goza de impunidad y hasta puede sentirse “héroe” colgando
vídeos en Internet... ¿Qué opinas tú?
M. A. León Asuero:
Pues lo mismo. En estos días hemos visto noticias sobre pandillas de menores violando
niñas de su edad, alguna de ellas con minusvalía psíquica. En los telediarios se
ha hablado de esas niñas, de sus desgracias, han salido imágenes de ellas, y hasta
sus nombres en algún caso. Hemos visto las puertas de sus casas y de sus colegios,
etc.
Sin embargo, no hemos oído los nombres de los violadores, y si han salido en televisión
ha sido con la imagen alterada para que no se les vieran las caras.
Hemos llegado a un punto en el que el menor delincuente tiene más protección
que su víctima, y eso no es justo.
En fin, Miguel Ángel, disculpa mi “lapsus” aprovechando tu profesión y muchas gracias
por responder esas preguntas extra-literarias... (no siempre se tiene a un abogado
enfrente, yo soy muy cabezota y creo además que el hilo de la trama de
Ladrón de espadas
permite plantearlas). Volviendo a tus libros: ¿Para cuándo la tercera novela? He
leído en la entrevista anterior que te estabas documentando para ella además de
preparar algo con otros autores, algo que tu mismo calificas de incalificable y
que te tiene embrujado... ¿Nos puedes adelantar alguna pista?
M. A. León Asuero:
Pues, aunque con la promoción de
Ladrón de espadas
tengo la tercera novela un tanto parada, estoy en ello. Será una novela muy distinta
tanto en forma como en fondo y estilo a la anterior y, para, como dice la canción,
“acallar los rumores de aquella esquina”, ninguno de los capítulos transcurrirá
en Sevilla y tendrá como escenario distintos lugares del planeta…
Es una novela que necesita mucha documentación, por tratar temas de tipo religioso
e histórico, así como por ubicar sus capítulos en diversos lugares (algunos muy
lejanos y en los que no he estado nunca).
Aparte de ese proyecto, que espero retomar en breve, tengo dos más: una novela escrita
a cuatro bandas por cuatro personas (algunas de ellas no se conocían entre sí hasta
hace poco) y que por ese mismo motivo está resultando totalmente surrealista aunque
marcha muy lentamente y una colección de cuentos infantiles para niños de cero a
tres años, por encargo de una red de Escuelas Infantiles en Franquicia, cuyo primer
volumen podría ver la luz después del verano, de cara al próximo curso, dado que
los cuentos están adaptados al currículo educativo de esas edades.

Como ves, son proyectos muy diferentes.
Bueno, por mi parte ya está, pero ¿te gustaría añadir algo que a mí se me haya pasado
por alto comentar?
M. A. León Asuero:
Pues simplemente volver a recomendar
Ladrón de espadas
a todos aquellos lectores que quieran pasar un rato divertido aunque reflexionando
sobre aspectos serios e importantes, con personajes muy humanos y enganchantes con
los que vivirán aventuras impensables pero comprometidas.
Y si quieren hacerse una idea de la novela, pueden ver el Booktrailer en este enlace
de youtube: http://www.youtube.com. Este Booktrailer ha
supuesto un gran esfuerzo en cuanto a su realización se refiere, pues está completamente
hecho en animación por ordenador y cuenta con una banda sonora expresamente compuesta
e interpretada al efecto.
Miguel Ángel... ¡Muchísimas gracias por la entrevista y muchísimas gracias por el
buen rato que he pasado leyendo
Ladrón de espadas!
Tengo la completa seguridad de que el libro será un éxito porque se lo merece. Mi
más sincera enhorabuena.
M. A. León Asuero:
Muchas gracias por tus palabras y por tus buenos deseos, Pilar. Ha sido todo un
placer y un honor para mí el contestar a tus preguntas, sobre todo viniendo de una
escritora con mayúsculas y, además, para ANIKA ENTRE LIBROS.
Pilar López Bernués ©
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Entrevista por "Las congregadas del
Vaso" en Anika Entre Libros
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