La novela empieza con sumo detallismo y con un absurdo casi kafkiano: una
mosca que revolotea por el despacho y el fotógrafo no puede concentrarse
en una conversación. ¿Anticipa esto lo que va a ser la obra,
aunque sólo sea en la personalidad del protagonista?
Eloy M. Cebrián:
Ésa era al menos mi intención
cuando decidí que el libro arrancara de ese modo. Los comienzos
en una novela son fundamentales y mi intención era mostrarle al
lector el entorno del protagonista a través del vuelo de un insecto.
Esa tienda de fotografía desordenada y llena de mugre es una prolongación
de la persona del fotógrafo. El hecho de que el vuelo de una mosca
(el proverbial vuelo de una mosca) baste para distraerlo también
da algunas pistas sobre los difíciles vínculos que este personaje
mantiene con la realidad.
He podido comprobar que utilizas un lenguaje muy trabajado. Sabes reflejar
dialectos, registros, etc… según los personajes que hablen en cada
momento. En ocasiones incluso plasmas hablas populares tal como son: con
su fonética más que con su ortografía. Personalmente
me parece un acierto porque vas más allá de la simple escritura
para reflejar lo que es la realidad sociolingüística y geolingüística
de los personajes. ¿Pretendías reflejar todo esto o simplemente
te salió así, sin más?
Eloy M. Cebrián:
Un escritor necesita tener buen oído.
Los diálogos son esenciales en narrativa, y en numerosas ocasiones
es preferible dejar que los personajes hablen, que sean ellos los que se
caractericen a través de sus propias palabras. ¿Qué
son los personajes de una novela sino unos cuantos cientos o miles de palabras?
Por ese motivo considero importante reflejar dialectos, jergas, estilos
de habla, etcétera. Además, me resulta muy divertido hacerlo.
Incluso recurro al asesoramiento de expertos. Para plasmar el habla de
los argentinos, por ejemplo, le pedí a una amiga porteña
que "argentinizara" algunos diálogos, cargado las tintas lo más
posible. La novela tiene un tono predominante de farsa, de modo que estos
estilos orales se exageran siempre de forma considerable.
En la novela he visto dos temas muy recurrentes: el sexo y la religión.
De hecho, pocas veces se cita uno sin tener en cuenta el otro. Utilizas
mucho la ironía o el sarcasmo con estos dos temas. Por ejemplo,
el inspector que quiere ser sacerdote pero que debido a una relación
sexual con una cocinera, debe desistir; un religioso que es exhibicionista...
¿Por qué esta recurrencia? ¿Has querido dar a entender
algo?
Eloy M. Cebrián:
Mucho me temo que para la gente de
mi generación, la de los últimos años del
franquismo,
esos temas son esenciales y van siempre de la mano. Muchos, especialmente
los que vivíamos en pequeñas poblaciones, fuimos educados
en la beatería y la hipocresía. Íbamos a misa los
domingos con nuestra familia porque todo el mundo lo hacía y era
inconcebible comportarse de otro modo. Rezábamos el rosario en el
colegio (público o privado, daba igual), y todavía llegamos
a tiempo de cantar el Cara al Sol.
Naturalmente, la otra cara de la
moneda era la represión sexual. Dicen que cuando uno escribe, bien
de forma deliberada o inconscientemente, siempre escribe sobre sí
mismo. ¿Qué le vamos a hacer? Son mis demonios particulares
y resistirse es inútil. Mejor sacarles partido como materia prima
para mis novelas.
¿Puedes hablarnos de la personalidad del fotógrafo? Personalmente
me parece un tipo bastante inestable (sentimentalmente, socialmente, profesionalmente…),
ya que se siente solo, tiene tendencia a orinarse, recurre a líneas eróticas…
Eloy M. Cebrián:
El fotógrafo es un pobre hombre
que ha enfermado del mal más terrible de nuestro tiempo, que no
es el sida, sino la soledad. Por ese motivo se apoya en el inspector Facundo
Moya, que es lo más parecido a un amigo que tiene. En el fondo el
inspector es lo que a él le gustaría ser: un individuo que
pisa fuerte, un tipo sólido, de una pieza. Al principio había
pensado presentarlo como un indeseable, pero conforme la novela avanzaba
el personaje del inspector iba creciendo sin que yo pudiera hacer nada
para evitarlo. Finalmente ha resultado ser el único héroe
del libro. Él no tiene contradicciones. El fotógrafo, sin
embargo, es un catálogo de contradicciones. En ese sentido el prototipo
que representa es mucho más realista que el del inspector. Creo
que todos conocemos a alguien como él.
Querría comentar que no das demasiados detalles sobre el protagonista,
mayormente te limitas a llamarlo "fotógrafo". De sus rasgos físicos
sólo dices algunos datos en tres o cuatro ocasiones (las he contado)
y su nombre lo sabemos casi al final de la novela (si mal no recuerdo).
Parece que le hayas querido dar un vacío de personalidad y que nosotros,
los lectores, tengamos que retratarlo según nuestra percepción.
¿Es así?
Eloy M. Cebrián:
Pues, ahora que lo dices... Está
muy bien que el lector tenga que poner de su parte. Al fin y al cabo, ningún
libro está completo hasta que alguien lo lee. Y probablemente cada
lectura crea un libro distinto. Me parece necesario que en una novela no
se sirva todo en bandeja, masticado y digerido. Lo evidente no es ni interesante
ni artístico. Es preferible dejar cabos sueltos, espacios de ambigüedad
que el lector complete con su sensibilidad, su experiencia y su forma de
ver el mundo.
¿En qué te has inspirado para escribir esta novela?
Eloy M. Cebrián:
En la vida y en los libros. Por cierto,
el fotógrafo existe. Hace unos días fui a regalarle la novela
y, de paso, a explicarle por activa y por pasiva que el personaje del libro
no es él, aunque me haya inspirado en él para crearlo. Espero
que esto no me cueste una querella.
Yo le he encontrado mucho parecido a la saga de
Eduardo Mendoza "El misterio
de la cripta embrujada", "El laberinto de las aceitunas"… Un tipo inestable
que se mete a investigar, una mujer que conoce (prostituta) le ayuda, la
cripta, la clave de humor… ¿Es casualidad o influencia?
Eloy M. Cebrián:
Es claramente influencia, y es de
justicia admitirlo así.
Eduardo Mendoza es uno de mis maestros y
lo admiro profundamente. La novela tiene mucho de su humor y de su visión
satírica y un poco delirante de la vida. También tiene mucho
de otros autores. Si te fijas, en esta novela hay una cierta mezcla de
géneros. En apariencia es una novela policíaca, pero también
es un libro de humor, una novela psicológica, incluso, a ratos,
una novela gótica o de terror. Hace mucho tiempo que desaparecieron
los géneros puros, si es que alguna vez han existido.
Una pregunta obligada. Parece que le debes mucho a Borges. En tu novela
aparece mencionado y en más de una ocasión dices que es uno
de tus maestros. ¿Borges
te ha aportado más como escritor,
como lector…?
Eloy M. Cebrián:
No sé si María Kodama
se sentiría muy feliz por la forma en que
Borges aparece en mi novela.
Pero tienes razón en que es uno de mis "padres literarios". Para
mí, más que un escritor favorito, Borges representa una profesión
de fe. Es el escritor total, el escritor que recibe todas las tradiciones
y las renueva. Sin la menor duda,
Borges me ha aportado algunas de las
horas de lectura más felices que recuerdo.
La novela es ganadora del Premio
Francisco Umbral. ¿Te ha ayudado
el premio para publicarla o se hubiera publicado sin el galardón?
Eloy M. Cebrián:
Para un autor desconocido y prácticamente
novel, publicar en una editorial comercial es una empresa muy difícil,
y los premios literarios uno de los pocos medios realistas para alcanzar
ese propósito. No tiene sentido, al menos para mí, presentarse
a un premio de novela que no incluya la publicación de libro. Pero
ni siquiera así las resultan fáciles.
Con premio y todo, mi novela ha tardado
dos años en aparecer. Durante todo este tiempo he estado recibiendo
largas de la editorial que originalmente tendría que haberla publicada.
Al final la organización me ofreció la alternativa de hacerlo
en Zócalo, una editorial zaragozana mucho más modesta. Aquí,
sin embargo, todo han sido facilidades y gentileza. Mi gratitud para Fernando
Jiménez, el dueño de Zócalo, por su entusiasmo y su
trato irreprochable. Con más editores como él, a lo mejor
el mundo editorial sería menos hostil para los nuevos autores. En
la cadena editorial el autor es siempre el eslabón más débil.
Eloy, ¿cuál es tu lector ideal para esta novela? Dijiste
que era una novela para adultos, pero que podían leer los adolescentes
de quince o dieciséis años. ¿Hay una edad para esta
novela? ¿Por qué?
Eloy M. Cebrián:
Yo siempre la concebí como
una novela para adultos. Sin embargo, cada vez creo menos en esas diferencias
tajantes que establecen las editoriales entre libros juveniles y libros
para adultos. Mis alumnos del instituto están leyendo el libro y
se lo están pasando en grande. Como es lógico, los pasajes
que más les divierten son los más escabrosos. Exactamente
lo mismo que a mí a su edad. Incluso diría que les resulto
más simpático desde que me conocen en mi faceta de autor
gamberro e irreverente. No hay edades adecuadas ni lectores específicos
para este libro. Cualquier persona que la disfrute es el lector ideal de
esta novela.
Después de haberla leído, debo confesarte que me ha encantado
(ya era hora que te lo dijera a estas alturas de entrevista). Mezclas
el suspense con el humor. Si yo fuera un todopoderoso editor, prometo que
compraría los derechos y daría publicidad a esta novela porque
sin duda, sería un exitazo. ¿Qué acogida esperas que
tenga?
Eloy M. Cebrián:
Pues creo que en el planteamiento
de la pregunta está contenida la respuesta. Si la novela tuviera
la promoción y distribución que podría proporcionarle
una editorial poderosa, llegaría sin duda a mucha más gente.
Pero la realidad es muy distinta. En fin, como casi siempre ocurre, estamos
en manos del azar.
Una curiosidad, el diseño de la portada es tuyo. ¿Escritor,
profesor e ilustrador?
Eloy M. Cebrián:
No. Profesor en primer lugar y escritor
en los ratos que me dejan mi trabajo y mis obligaciones. Lo que ocurre
es que edito una pequeña revista literaria y me divierte mucho la
parte técnica del asunto. La portada del libro no es más
que el resultado de jugar un rato con el Photoshop. Cualquiera puede hacerlo.
La ilustración es una cosa mucho más seria.
Una pregunta más general sobre literatura. Teniendo en cuenta las
aberraciones que publican las editoriales (libros de famosos de la prensa
rosa…), ¿crees que los escritores jóvenes pueden entrar en
el mundillo literario y publicar?
Eloy M. Cebrián:
Es ciertamente difícil, pero
eso no debe desanimar a nadie. Hace unos años yo lo veía
casi imposible y de pronto me he encontrado con cuatro novelas publicadas
y otra en camino. Tampoco es preciso obsesionarse con la publicación,
que además puede materializarse de muchas formas, algunas más
factibles que otras.
Las revistas literarias, por ejemplo,
suponen una alternativa estupenda para un escritor que empieza. Los certámenes
literarios también. Al menos los más modestos, los de verdad,
los que no han degenerado en meras campañas promocionales, con un
ganador pactado de antemano y varios cientos de despistados haciendo de
comparsas.
Te hago este pregunta porque me parece que eres un muy buen escritor pero
no tienes la publicidad suficiente o quizá la fama necesaria para
llegar a más lectores. ¿En qué se ha convertido la
literatura de los últimos años?
Eloy M. Cebrián:
En una industria. Pero no dramaticemos.
También se publican buenos libros. Si creciera el número
de buenos lectores, también lo haría, de forma proporcional,
el número de títulos de calidad. Mientras la gente flipe
con "El código Da Vinci" o compre el libro del juez Garzón,
me parece que no hay nada que hacer.
Yo espero de ti que seas un escritor en pleno proceso de efervescencia
y llegues donde te mereces, porque realmente has escrito una novela absolutamente
estupenda. Te deseo toda la suerte del mundo.
Eloy M. Cebrián:
Gracias Manel. Que Dios te oiga.
Mientras tanto, seguiremos en el tajo.
Manel
Haro © www.ciberanika.com

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1ª
Entrevista en Anika Entre Libros a Eloy M. Cebrián
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Participante de "Comenta-Cuentos" en Anika
Entre Libros
Web Oficial de Eloy M. Cebrián